Sin Sueños No Hay
Futuro
Por
Ricardo Sala-Núñez
Cuenta Jorge Valdano que un amigo del escritor
Eduardo Galeano estaba impartiendo una conferencia en una universidad
norteamericana. Terminada la exposición, un estudiante preguntó qué era la
utopía.
El amigo de Galeano lo explicó con una metáfora: 'La utopía es como
el horizonte, uno se acerca diez metros y él se aleja diez metros; avanzamos
otros cien metros y él se aleja otros cien metros; volvemos a caminar mil metros
y el horizonte siempre está a la misma distancia, ahora mil metros...
' El
estudiante, con el sentido pragmático que caracteriza a los norteamericanos y
que es tan bueno para algunas cosas, le dijo: '...Pero, entonces, la utopía no
sirve para nada' Y el amigo de Galeano cerró la metáfora: '¿Cómo no?, sirve para
caminar'.
Efectivamente,
sirve para caminar. Los sueños, las visiones, las fantasías, sirven para
caminar, ¿hacia donde? Si es rumbo al sueño mejor, pero si no lo es al menos nos
moveremos de nuestro sitio.
Nuestra visión deberá incluso contar con
eventualidades o descalabros, si llegan éstos serán también parte de nuestro
sueño, por lo tanto nos seguiremos moviendo hacia nuestra meta, hacia nuestra
visión específica con visión periférica.
Pensar sentado es difícil,
corriendo es todavía más difícil, pero no tanto cuando se tiene una visión por
compañera. Es difícil pensar y crear futuro sin una visión, sin una meta, sin un
destino justificado a través de los medios.
Cuando uno sube
a un taxi y el taxista pregunta, '¿a dónde lo llevo?' uno no puede simplemente
decir: 'no sé, usted conduzca y haber que pasa'.
Nadie encuentra
el éxito sin sentir la pasión de crear futuro. Se empieza con un viaje a la
imaginación, con fantasía pura, construyendo el sueño y el anhelo convertido en
motivación, emoción y satisfacción. De inicio se trata de un paraíso lejano.
A falta de visión imaginada, a falta de destino final, nos dejaremos llevar
por acontecimientos que ni siquiera se encontraban en nuestra mente y tal vez
sea muy factible que, si no estamos preparados, ese sueño desaparezca y
caigamos.
El líder ve el
final del camino, sabe perfectamente a donde va, evita que los acontecimientos
lo lleven, y al contrario, él mismo construye los acontecimientos y prefiere su
visión como transporte.
El líder visualiza el fin incluso antes de imaginar
los medios, sin embargo éstos siempre deben de ser justificados por sus
principios y valores humanos y éticos. Es un templo sin ladrillos aún, pero
completamente terminado.
El líder inicia su visión como el niño que sueña
con ser bombero o astronauta, y tendrá que ser muy valiente, ya que existirán
malhechores que se burlen de sus horizontes por lo que tendrá que enfrentar al
miedo de sentirse iluso.
El miedo no
habita en la casa del líder, si toca a la puerta, habrá que abrirle y despedirlo
lo más pronto posible. El niño fantasea y nadie lo tacha de soñador. Al adulto
sus fantasías le avergüenzan, como si soñar fuera una regresión infantil, y de
pronto y sin darnos cuenta, la vida nos va merendando hasta que nos pide que nos
rindamos ante ella.
El líder
requiere dosis altas de capacidad para soñar los detalles de su visión. Cuando
se visualizan los propios sueños y los vamos construyendo a placer, nos
encontramos en ese preciso momento construyéndonos a nosotros mismos.
Es
ahí donde inicia la magia.