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Cómo no nos dimos cuenta? Por: Liliana Hendel (ARTEMISA) Fecha
publicación: 30/07/2008
Tema: Derechos de la niñez
En estos días varias fueron las sensaciones que nos acompañaron,
ninguna de ellas fue grata. El impacto que produjo en la comunidad psi
el descubrimiento de la probable ''doble personalidad'' del Lic. Jorge
Corsi nos llevó a vivir en carne propia lo que viven muchas familias al
descubrir que conviven con el enemigo, que confiaron en el asesino, que
le entregaron lo más valioso que tenían al más peligroso.
Conocí a Jorge Corsi compartiendo un panel sobre el tema de Derechos
Humanos de las Mujeres en La Plata. Estaba sentado a mi derecha y me
hizo un chiste cuando yo señalé que estábamos en manos de un Consejo
Nacional de la Mujer cuya directora, lejos de ser una feminista, era una
mujer de la Iglesia que había iniciado su gestión poniendo una figura de
la Virgen en su escritorio.
No volví a verlo pero lo leí con la naturalidad con que se leen los
textos de las personas calificadas. Jorge Corsi era un referente
ineludible a la hora de pensar en las ''violencias''.
Lo mencioné enfáticamente en mis espacios de opinión en los medios,
cuando con dolor comprobamos que lo que temíamos de la nueva gestión en
el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires era verdad: el Macrismo
arrasaba con los logros alcanzados en materia de género. El Observatorio
de Violencia, que estaba haciendo un trabajo de excelencia con
organizaciones sociales y con estadísticas serias, se desarmó sin más
explicación que el chiquitaje propio de la política. Y fuimos Mariana
Carbajal, Luciana Peker y yo quienes levantamos la voz, sin que por eso
Macri perdiera el sueño. Claro que no lo hicimos por Corsi sino por las
ideas.
El monstruo es la persona, no las ideas que llevaba adelante en la
vida en la que era un respetable profesional. Aparentemente hay, hubo,
habría, otra vida, oscura, siniestra, donde como en los cuentos de
terror ''alguien mata para escribir mejor acerca de los asesinatos''.
Hablaba de la violencia que ejercía, señalaba las violencias que
ejecutaba, dañaba de noche allí donde decía que debía prevenirse el
delito, de día. Abuso, corrupción de menores, red de pedofilia y vaya a
saber qué otras cosas irán apareciendo. Ya sabemos que cuando se
enciende la luz en un cuarto oscuro no podemos dejar de mirar…y ver.
Las y los psicólogos que trabajaron, se formaron, convivieron
académicamente con él, no dejan de preguntarse ¿cómo no nos dimos
cuenta? ¿Cómo sostener que somos los expertos en un peritaje si no nos
damos cuenta que en la misma mesa hay un perverso pedófilo?¿Cómo
convencer a las personas que no somos tontos si así nos sentimos,
estafadxs, engañadxs, tontxs? ¿Cómo pelear un juicio donde hay que
demostrar que un fulano es lo que dice la víctima y no lo que sostiene
el victimario?
Porque no somos profesionales de tiempo completo. Así como el médico
no está mirando el iris ni tomándole el pulso a los amigos, ni el
arquitecto hace mediciones en la casa de la vecina a la que le fue a
pedir aceite, los profesionales de la salud mental ponemos en acto las
herramientas, los instrumentos de trabajo…cuando trabajamos.
Ser colega, compartir la tarea, encontrarse en los eventos académicos
es parte de la vida social de los profesionales, no nos estamos mirando
para pesquisar por donde anda el Inconsciente, por donde el deseo, qué
patología vuelve-envuelve al compañero/a.
Digo esto en un tono ligero, para aliviar la angustia, pero la verdad
es ésta. Al leer un expediente que requiere la opinión de un
profesional, ése profesional no tiene la misma actitud que cuando se
apoltrona en su sillón preferido a leer la novela que lo estaba
esperando.
La disociación profesional tiene que ver con eso y eso justamente es
lo que avala que no atendamos al propio hijo cuando se deprime, sino que
le demos un abrazo, un café con leche con su torta preferida y el
teléfono de otro/a terapeuta. Y por otro lado, lo descripto por el
propio Corsi y por tantísimos estudiosxs, lo inasible, mentiroso,
encubridor de este nefasto personaje que es el abusador. La peor de las
violencias en el más suave y tranquilo de los rostros. Cuanto más fácil
sería que los malos tengan como en las malas películas, caras de malos.
Nada mas contundente entonces que la denuncia de la víctima. Sostengo
mas que nunca que debe invertirse la carga de la prueba. Cuando un/a
niño/a denuncia, el denunciado es culpable hasta que demuestre lo
contrario.
Que Corsi sea un psicólogo reconocido, no modifica en un ápice la
idea. Grassi, Strorni y tantos hombres de la Iglesia, los maestros, y
por que no, los psicólogos, deberán demostrar que son inocentes si un
solo niño los señala y dice que ha sido abusado.
No le temo a la caza de brujas que APADESHI vaticina. Sé que los
niños no mienten…y los adultos sí. Tanto que pueden engañar incluso a
los que más saben.
Esta historia…recién empieza! Alguien pidió que se retiren sus libros
de las bibliotecas, otros pedirán que se revean todas las sentencias en
las que Corsi intervino, habrá quienes intenten desarticular, sin
inocencia, el cuerpo teórico que él ayudo a construir.
Estaremos de pie, sosteniendo lo que sosteníamos. No me arrepiento de
haberlo invitado a mi programa, sigo acordando con lo que escribió y
pensó. Si abusó de los chicos de la peor manera, todos y cada uno de
nosotros pagará las consecuencias por el descrédito en el que nos hunde
y que muchos sabrán aprovechar.
El Patriarcado es un monstruo que no descansa nunca. Y Corsi lo
sabía.
Liliana Hendel es psicóloga y periodista.
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