27 de Julio de 2008
Bailando por un sueño, venta de sexo por
rating
por Verónica Franco
Lic. en Cs. de la Comunicación
(UBA)
“No son unas películas de más calidad lo
que puede hacer cambiar el ‘gusto del público’, sino únicamente un cambio en sus
condiciones de vida.”
Bertolt Brecht
La imagen, la representación de los
hombres y los objetos, constituye un fenómeno social importante desde la
antigüedad hasta nuestra época, en que las nuevas tecnologías y los medios de
comunicación transmiten masivamente las imágenes. Desde una perspectiva
cultural, el objetivo del presente artículo es el de interpretar la
representación o la imagen propuesta por Bailando por un sueño (Video
Match, Canal 13) en relación a las mujeres, los hombres, y el sexo.
Como bien lo establece el antropólogo
Clifford Geertz [1], la cultura es una red de significados y su análisis es una
ciencia interpretativa en busca de significaciones. Así, las interpretaciones o
suposiciones no se realizan de manera antojadiza, sino más bien que se producen
a partir de las “huellas”, de los indicios que se encuentran en los discursos
(por ejemplo, en el programa Show Match).
El análisis de la problemática de la
forma de expresión del sexo, las relaciones humanas y los valores que se le
asocian, es fundamental en un programa que consiguió más de 38 puntos de rating
(1 punto equivale aproximadamente a 100.000 personas) con el baile del caño, de
alto contenido erótico, y cuyas imágenes y comentarios inundan la mayoría de los
programas de televisión, medios gráficos, radiales e Internet.
La imagen
La imagen es el eje sobre el cual se
erige la televisión. El medio construye imágenes, decide qué cosas aparecen en
pantalla, y cómo se presentan, adjudica sentidos y valoraciones sobre los
objetos y sujetos.
Entonces, ¿qué significaciones se le dan
a los cuerpos de los participantes de Bailando por un sueño? El show crea una
percepción social de la mujer, principalmente a través del sexo; los cuerpos de
las mujeres en el programa son cuerpos exuberantes, provocadores, casi desnudos
se exhiben con poses sexuales explícitas. Son productos, símbolos eróticos que
están a la venta para cualquier televidente que quiera consumirlo (visualmente)
en la pantalla. Son cuerpos de mujeres en competencia: quién es más voluptuosa y
sensual o quién muestra más.
El tratamiento que el programa realiza
sobre los cuerpos de las mujeres está basado en la explotación de la imagen
sexual. Todo gira en torno a lo sexual, desde la elección de los ritmos de
bailes o el escaso vestuario de las mujeres y algunos hombres.
La danza, la coreografía, la destreza o
cualquier otra virtud de la persona que no esté en directa vinculación con lo
erótico, queda en último lugar. Estas operaciones que se realizan para dar un
sentido, se observa en los planos de las cámaras que toman las aperturas de
piernas de las bailarinas, en los escotes, en los primeros planos de los
glúteos, en detrimento muchas veces de los bailarines que las acompañan o de un
plano general que dejaría apreciar la coreografía que desarrolla una pareja de
baile.
Inclusive en el plano de lo simbólico
(palabra), se sigue esta perspectiva sexual única: en el puntaje y los
comentarios del jurado, que califican a las bailarinas por si poseen o no una
actitud de “perra”, “sensual”, por la “cola perfecta” que tienen, en los
comentarios y relatos de los locutores o del propio conductor del
programa.
En relación a lo indicial (sonidos,
ruidos que indican o remarcan algo), se encuentran los “miau” de participantes y
jurados, que están juzgando a otro despectivamente como “gato”; también en los
gritos del conductor y compañía cuando alientan a las bailarinas que ejecutan
poses arriesgadas a nivel sensual, por ejemplo, con “tremendo”, “eso”,
etc.
Los hombres, lo masculino están
representados desde otro lado -asimismo se los trata de vincular siempre con lo
sexual-: a través del humor (el participante De Bellis que avanza en el certamen
por su comicidad), de la estigmatización y la burla hacia la gordura (el
concursante Tota Santillán), de la admiración que proviene de la lástima hacia
la discapacidad (el español Serafín), o por una inclinación sexual determinada
(caso del cantante Pablo Ruíz o del diseñador Jorge Ibáñez).
Al sexo se lo narra como producto,
mercancía, como algo vulgar. Y los cuerpos en exhibición se utilizan con
objetivos comerciales en las industrias de medios, y en el caso que estamos
analizando, suben el rating como ninguna otra cosa en la televisión (excepto la
televisación de fútbol o crisis políticas).
Cabe aclarar que la televisión ha tomado
el camino del género del entretenimiento para lograr el éxito comercial: sexo,
escándalo, polémica es la fórmula de los canales para divertir minuto a minuto a
los televidentes. Pero se debe resaltar que el contenido del medio televisivo
está estrechamente ligado a su forma de financiamiento publicitario, y es por
este motivo que el valor que promueve, el único que le interesa, es el éxito en
el rating.
Por esta razón, en la noche de ayer,
Canal 13 emitió un programa de Bailando por un sueño, fuera de los días que le
corresponden, ya que la emisora sostiene una lucha constante para ganar el
rating a su principal competidor, Telefé.
Conclusiones
La frase de Bertolt Brecht que abre esta
nota refiere sobre varias cuestiones. En primer lugar, está indicando que el
cine, en tanto industria cultural, si bien tiene el poder de establecer
significados, es sólo uno de los diferentes campos que posee la capacidad de
instituir sentido a nivel social.
De este modo, se puede concluir que los
medios de comunicación como el cine o la televisión posibilitan la lectura de
las representaciones en cada momento, ya que promueven imaginarios e
identidades.
Pero, si se entiende que el campo de la
cultura es un espacio de negociación, resistencia y de imposición de distintas
significaciones, también se debe considerar que, aunque los medios de
comunicación ocupen un lugar central en el campo cultural, no cierran la
producción de sentidos en la sociedad; en otras palabras, que la cultura no
tiene significados fijos o definitivos, ya que el sentido de un objeto, de la
imagen del sujeto o de una cosa está en permanente cambio.
[1] Geertz, C. (1987) [1973]: La
interpretación de las culturas, Barcelona: Gedisa.
http://www.san-pablo.com.ar/rol/?seccion=articulos&id=2081