Paz y Bien a tod@s:
Según el relato de Lucas, un fariseo llamado Simón está muy
interesado en invitar a Jesús a su mesa. Probablemente, quiere aprovechar la
comida para debatir algunas cuestiones con aquel galileo que está adquiriendo
fama de profeta entre la gente. Jesús acepta la invitación: a todos ha de
llegar la Buena Noticia
de Dios.
Durante el banquete sucede algo que Simón no ha previsto. Una
prostituta de la localidad interrumpe la sobremesa, se echa a los pies de Jesús
y rompe a llorar. No sabe cómo agradecerle el amor que muestra hacia quienes,
como ella, viven marcadas por el desprecio general. Ante la sorpresa de todos,
besa una y otra vez los pies de Jesús y los unge con un perfume precioso.
Simón contempla la escena horrorizado. ¡Una mujer pecadora tocando
a Jesús en su propia casa! No lo puede soportar: aquel hombre es un
inconsciente, no un profeta de Dios. A aquella mujer impura habría que apartar
rápidamente de Jesús.
Sin embargo, Jesús se deja tocar y querer por la mujer. Ella le
necesita más que nadie. Con ternura especial le ofrece el perdón de Dios, luego
le invita a descubrir dentro de su corazón una fe humilde que la está salvando.
Jesús sólo le desea que viva en paz: «Tus
pecados te son perdonados... Tu fe te ha salvado. Vete en paz».
Todos los evangelios destacan la acogida y comprensión de Jesús a
los sectores más excluidos por casi todos de la bendición de Dios: prostitutas,
recaudadores, leprosos... Su mensaje es escandaloso: los despreciados por los
hombres más religiosos tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios. La
razón es sólo una: son los más necesitados de acogida, dignidad y amor.
Algún día tendremos que revisar, a la luz de este comportamiento de
Jesús, cuál es nuestra actitud en las comunidades cristianas ante ciertos
colectivos como las mujeres que viven de la prostitución o los homosexuales y
lesbianas cuyos problemas, sufrimientos y luchas preferimos casi siempre
ignorar y silenciar en el seno de la
Iglesia como si para nosotros no existieran.
No son pocas las preguntas que nos podemos hacer: ¿dónde pueden
encontrar entre nosotros una acogida parecida a la de Jesús? ¿a quién le pueden
escuchar una palabra que les hable de Dios como hablaba él? ¿qué ayuda pueden
encontrar entre nosotros para vivir su condición sexual desde una actitud
responsable y creyente? ¿con quiénes pueden compartir su fe en Jesús con paz y
dignidad? ¿quién es capaz de intuir el amor insondable de Dios a los olvidados
por todas las religiones?. José Antonio Pagola
Eclesalia 9/06/2010
El Señor te bendiga y te guarde; te muestre su
faz y tenga misericordia de ti. Vuelva su rostro a ti y te dé la paz (Bendición de Fco. de Asís al hermano
León)
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LECDOM , es un servicio de la Fraternidad laica Paz y Bien que nace como
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