Paz y Bien a tod@s:
Para no salir malparado de una conversación con Jesús, un maestro
de la ley termina preguntándole: «Y ¿quién
es mi prójimo?». Es la pregunta de quien sólo se preocupa de cumplir
la ley. Le
interesa saber a quién debe amar y a quién puede excluir de su amor. No piensa
en los sufrimientos de la gente.
Jesús, que vive aliviando el sufrimiento de quienes encuentra en su
camino, rompiendo si hace falta la ley del sábado o las normas de pureza, le
responde con un relato que denuncia de manera provocativa todo legalismo
religioso que ignore el amor al necesitado.
En el camino que baja de Jerusalén a Jericó, un hombre ha sido
asaltado por unos bandidos. Agredido y despojado de todo, queda en la cuneta
medio muerto, abandonado a su suerte. No sabemos quién es. Sólo que es un «hombre». Podría ser cualquiera de
nosotros. Cualquier ser humano abatido por la violencia, la enfermedad, la
desgracia o la desesperanza.
«Por casualidad» aparece
por el camino un sacerdote. El texto indica que es por azar, como si nada
tuviera que ver allí un hombre dedicado al culto. Lo suyo no es bajar hasta los
heridos que están en las cunetas. Su lugar es el templo. Su ocupación, las
celebraciones sagradas. Cuando llega a la altura del herido, «lo ve, da un rodeo y pasa de largo».
Su falta de compasión no es sólo una reacción personal, pues
también un levita del templo que pasa junto al herido «hace lo mismo». Es más bien una actitud y
un peligro que acecha a quienes se dedican al mundo de lo sagrado: vivir lejos
del mundo real donde la gente lucha, trabaja y sufre.
Cuando la religión no está centrada en un Dios, Amigo de la vida y
Padre de los que sufren, el culto sagrado puede convertirse en una experiencia
que distancia de la vida profana, preserva del contacto directo con el
sufrimiento de las gentes y nos hace caminar sin reaccionar ante los heridos
que vemos en las cunetas. Según Jesús, no son los hombres del culto los que
mejor nos pueden indicar cómo hemos de tratar a los que sufren, sino las
personas que tienen corazón.
Por el camino llega un samaritano. No viene del templo. No
pertenece siquiera al pueblo elegido de Israel. Vive dedicado a algo tan poco
sagrado como su pequeño negocio de comerciante. Pero, cuando ve al herido, no
se pregunta si es prójimo o no. Se conmueve y hace por él todo lo que puede. Es
a éste a quien hemos de imitar. Así dice Jesús al legista: «Vete y haz tú lo mismo». ¿A quién
imitaremos al encontrarnos en nuestro camino con las víctimas más golpeadas por
la crisis económica de nuestros días?. José Antonio Pagola
Eclesalia 07/07/2010
El Señor te bendiga y te guarde; te muestre su
faz y tenga misericordia de ti. Vuelva su rostro a ti y te dé la paz (Bendición de Fco. de Asís al hermano
León)
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
_________________________________________________________
LECDOM , es un servicio de la Fraternidad laica Paz y Bien que nace como servicio
interno y que se extiende con el interés de acercar el evangelio a la vida
ordinaria para que viva en nosotros y en medio del mundo, como buena noticia
transformadora.
Este correo no es un spam; se ha enviado esta comunicación porque el receptor da
el visto bueno a recibirlo en su dirección de correo electrónico .
Envíanos las actividades
interesantes que organicéis en vuestra parroquia o comunidad y se lo
recordaremos a esta nuestra gran familia.
_____________________________________________________________________
P Antes de imprimir este e-mail
piensa bien si es necesario hacerlo