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Domingo 12 de
febrero de 2012
Ciclo B. Sexto
Domingo después de Epifanía
y Sexto del
Tiempo Ordinario
Evangelio: Marcos 1, 40-45
(Leccionario Común Revisado)
Primera Lectura: 2º Reyes 5, 1-14
Salmo Responsorial: Salmo 20
Segunda Lectura:
1º Corintios 9, 24-27
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EVANGELIO Marcos 1, 40-45
Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia.
Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires.
1990
Pueden
encontrar este texto en el sitio:
http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia |
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En aquel
tiempo se le acercó a Jesús
un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si
quieres, puedes purificarme".
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero,
queda purificado". Enseguida
la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole
severamente: “No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote
y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les
sirva de testimonio". Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a
todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía
entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en
lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes. Aclamemos el Evangelio del
Señor. |
TOCAR, CURAR,
ANUNCIAR
Para
todas quienes trabajamos en el contexto de la crisis del vih y del sida este es
un texto paradigmático. En él encontramos un modelo claro y sencillo para una
comprensión y relectura de las Escrituras, la tradición y el mismo Evangelio.
Encontramos una propuesta de acción pastoral e imagen de comunidad inclusiva con
todos los riesgos que significa esa nueva comprensión. Ley y Evangelio, muerte y
vida, lo puro e impuro, inclusión y exclusión aparecen en cada línea de este
relato y de esta acción de Jesús de Nazaret. Este es el modelo y paradigma que
se nos propone y el mandato a obedecer y vivir. Este es un claro texto de
conflicto entre la comprensión evangélica de la voluntad de Aquel que
encarnándose se ha hecho vulnerable a todos los estigmas y todas las
discriminaciones que enfrenta la comprensión institucional, pretendidamente
ortodoxa y legal de esa voluntad. El conflicto de colocar en el centro de la
mirada de Dios y su acción a la persona en lugar de colocar en ese centro ciega
obediencia a una pretendida Ley
canonizada en su letra pero ignorada en su espíritu.
Conocemos
muy bien la situación de las y los leprosos de acuerdo a lo establecido en el
Antiguo Testamento, en especial en el Libro de Levíticos. La mezcla de
enfermedad, castigo de Dios, pecado, códigos diversos de pureza y
estigmatización y exclusión. La misma confusión que existe actualmente entre un
diagnóstico médico transformado en diagnóstico moral bajo el cual viven las
personas con vih y sida, también vivían en el contexto cultural y religioso las
y los leprosos en tiempos de Jesús el de Nazaret.
La
escena se abre con un estigmatizado y litúrgicamente impuro, que junta fuerzas
para desafiar ley, códigos de pureza e instituciones excluyentes. El simple
gesto de acercarse ya es una terrible trasgresión a una forma de comprender las
Escrituras y las tradiciones impuesta por los seres humanos como uno de los
tantos ejercicios de poder opresor. Un excluido que toma en sus manos el destino
de su vida y asume acciones para cambiarlo es siempre visto por esos centros que
se sienten guardianes de todos los depósitos de la fe y de la hermenéutica de la
voluntad de Aquel que se hace servidor en medio de los desposeídos de identidad
y dignidad, siempre es y será una amenaza. Este excluido sabe muy bien que solo
nada puede y siente que Jesús de Nazaret tiene esa fuerza para ayudarlo en la
reconstrucción de su dignidad. Ese es el misterio profunda que simboliza toda
acción pastoral y de defensa de los derechos humanos de las personas con vih y
sida que emprenden las comunidades cristianas. Anunciamos que nadie está solo o
sola en la reconstrucción de los espacios de dignidad y de comunión.
El
comportamiento tan libre y espontáneo de Jesús que viene de Nazaret frente a
este trasgresor de una estrecha interpretación de la Ley es un modelo a imitar. En
nuestro diálogo y caminar junto a tantos grupos vulnerables al estigma y la
discriminación relacionados con la epidemia del sida, y vulnerables también a
nuestra condena, prejuicios y exclusiones nos hacen sentir que estamos llamados
a transgredir leyes, reglamentos, temores y tradiciones interpretativas si
queremos realmente imitar esta acción de reparación de dignidades y de inclusión
desafiante. La pastoral con personas que viven con vih y sida exige que asumamos
riesgos y en obediencia al modelo y mandato de Jesús de Nazaret nos atrevamos a
soñar y construir otro modelo de relacionamiento entre los seres humanos y otro
modelo de iglesia y sociedad.
El
diagnóstico de lepra al igual que el diagnóstico de vih coloca a las personas en
los márgenes de la sociedad y de la iglesia. El diagnóstico define a la persona,
como si un virus hubiera comido su identidad y dignidad. Solamente se visualiza
la enfermedad, el virus pasa a ser el núcleo de la persona y pierde su condición
de ser humano. Ese proceso facilita luego el excluir, marginar y considerarlo un
muerto civil, sin derechos ni dignidad. El diálogo que se establece entre este
anónimo excluido y Jesús de Nazaret se establece alrededor de lo que
consideramos puro e impuro. Esta persona pide que se le quite el rótulo de
impuro para ocupar nuevamente el lugar de dignidad que le corresponde en la
sociedad. El gesto de Jesús se adelanta a las palabras. La acción precede a la
proclamación. Gesto de escándalo y desafío a todas y todos aquellos que tienen,
al contemplar esta escena, la
Ley en sus cabezas y corazón. Jesús toca y al tocar incluye.
Toca e incorpora nuevamente a esta persona a la comunión de su cuerpo. Jesús
pone cuerpo en los desafíos como lo hará en el desafío máximo: la cruz.
La
voluntad de Dios es que todas y todos seamos limpiados de todo estigma que nos
excluye de la comunión de su cuerpo. Dios toca con su amor a todas las personas.
Nadie queda fuera de ese gesto que limpia a todos y todas de estigmas y
marginaciones. Este gesto de tocar es una forma dramática de hacer visible la
identificación de Jesús con los excluidos y excluidas. Es una identificación
física, corporal. No es solo doctrina. Es vida y comunión. La acción pastoral
emprendida por las comunidades cristianas también tiene que tener ese gesto como
modelo. Primero tocamos, ponemos nuestro cuerpo en forma silenciosa como signo
de la voluntad de comunión de Dios.
Extender
la mano es una forma plástica y visible del compromiso de solidaridad con todas
las personas que nuestras iglesias y sociedad han colocado en los márgenes de la
vida. A una trasgresión hecha por el estigmatizado, al atreverse a cruzar las
barreras religiosas, morales y culturales, Jesús de Nazaret responde con otra
trasgresión. Toca y asume el estigma. Toca y se hace uno con el excluido, hasta
tal forma que el mismo como consecuencia de este gesto “no podía ya entrar manifiestamente en ninguna
ciudad”. Su
identificación y solidaridad llega hasta ocupar el lugar del otro y de la otra.
Las
acciones pastorales, de promoción social y de defensa de los derechos de las
personas que viven con vih y sida también tienen el mismo objetivo y toman esta
escena como modelo y núcleo de su pensar y actuar. Esta presencia no es
meramente asistencial sino que es una forma visible de enfrentar normas que el
sistema de exclusión, tanto religioso como social, ha establecido. Es una acción
de liberación de esas normas mezquinas. Es una forma de testimoniar la
proximidad de Dios a todos aquellos y aquellas que sufren estigmatización,
opresión y exclusión. Es una forma visible de trastocar valores y criterios.
Aquello que estaba en los márgenes ocupa ahora el centro de la proclamación
evangélica. Y al hacernos uno con los excluidos y estigmatizados Jesús mismo
pasa a ocupar en su vida y en su cruz el lugar marginal. La cruz se elevará
justamente en los márgenes construidos por el sistema de injusticia social y
exclusión religiosa. Su pasión por los excluidos le lleva a dar su propia vida y
a entregarla en el mismo espacio físico donde todas y todos ellos han sido
ubicados por el imaginario popular. Esta es la gran esperanza que trae Jesús de
Nazaret: Dios camina en los márgenes de la historia y coloca en el centro a
quienes la sociedad y la iglesia excluyen. Esta es una buena nueva a anunciar y
vivir junto a todos los grupos vulnerables al vih y al sida. Esta acción
pastoral recobra así la fuerza escandalosa y revolucionaria del evangelio. Basta
ya de un evangelio light y comencemos a vivir un evangelio trasgresor de
tradiciones y prejuicios. Basta de fundamentar con argumentos religiosos la
estigmatización y la exclusión y comencemos a construir un espacio alternativo
donde los pueblos de todos los rincones del mundo y de todas las culturas
urbanas sienten que es su casa. Esta será una forma de exorcizar a la misma
iglesia de sus propios demonios.
Este
texto es como un preanuncio de la misma pasión de Jesús y es la pasión a la cual
está llamada la comunidad cristiana. La cruz de Cristo rompe el aislamiento y la
exclusión y restaura a todos y todas en una nueva forma de relacionarnos con
Dios y entre nosotros y nosotras. Jesús envía a esta persona a presentarse al
sacerdote que debía certificar su curación pero evidentemente el objetivo era
poner en contraste dos sistemas: el sistema legal e institucional que producía exclusión y
muerte frente al sistema evangélico
que al incluir curaba las exclusiones y daba una nueva vida.
El
entusiasmo de su nueva forma de inclusión hace que esta persona anónima, pero
que ya nunca más se define desde la enfermedad, ocupe el centro de la escena
anunciando ese nuevo sistema de relacionamiento entre Dios y entre las personas.
Su testimonio contagia vida, una vida valida para todos y todas. Esta es la gran
inversión que provoca la trasgresión de Jesús de Nazaret y que todos y todas
estamos llamados a imitar.
Para la
revisión de vida
¿Que
aspectos de mi vida han quedado por fuera de mi opción de fe? ¿En mis actitudes cotidianas de qué
manera excluyo y juzgo a las demás personas? ¿Qué retos plantea a mi vida personal el
seguimiento de Jesús y su proyecto?
Para la
reunión de grupo
¿De qué
manera las leyes judías y nuestra
comprensión de las Escrituras y de la tradición propician la exclusión y la
injusticia?
¿Qué
leyes, creencias o tradiciones excluyen y maltratan hoy a las personas que viven
con vih y con sida y a los grupos vulnerables a la epidemia?
¿De qué
manera en nuestra comunidad nos mostramos injustos y excluyentes?
¿En qué
gestos concretos podemos construir una comunidad más coherente con las
exigencias del Evangelio?
Para la
oración de los fieles
Por
todas las personas excluidas de nuestra sociedad, para que día a día sepan
defender su dignidad de hijos e hijas de Dios.
Por las
Iglesias cristianas, para que fieles a Jesús sepamos romper con todas las
barreras que excluyen y maltratan a los seres humanos en un auténtico compromiso
con la vida.
Oración
comunitaria
Dios creador, que
nos amas y nos llamas cada día a conformar nuestra vida en tu Hijo, nuestro
hermano y maestro. Danos riesgo y libertad para asumir el proyecto de tu Hijo
para la construcción de una sociedad justa e igualitaria en donde cada persona
encuentre su propio lugar y valía, en la que la ley no sea utilizada para
beneficio de unos cuantos privilegiados sino para defender la Vida en todas sus expresiones,
especialmente aquella que se encuentra en situación de peligro o desprotección.
Tú que vives y amas por los siglos de los siglos.
Oración
del día:
Señor
Dios: recibe misericordiosamente las oraciones de tu pueblo. Ayúdanos a ver y a
comprender y poner en práctica las cosas que debemos hacer y danos gracia y
fuerza para hacerlas, te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.
Pastor Lisandro
Orlov
Pastoral Ecuménica VIH y
SIDA
Buenos Aires. Argentina
Revisión febrero de 2012
