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La estrepitosa crisis financiera que está consumiendo a Wall Street ha
obligado al gobierno de George Bush a abandonar sus principios tan defendidos de
libre mercado y libre comercio, y anunciar medidas de rescate financiero por
US$500.000 millones para calmar las turbulencias de los mercados financieros.
Estos días se habla de US$700.000 y hasta US$800.000 millones. Al mismo tiempo,
para frenar el incontenible creciente pánico entre los inversionistas privados
que son las personas como usted y como nosotros, el Departamento del Tesoro
Norteamericano planea ofrecer garantías que ascenderían a US$3,2 billones para
los fondos mutuos del mercado monetario. Aún con todo esto, el plan de rescate
puede tener que afrontar significativos obstáculos políticos y financieros.
Con
el Congreso suspendiendo sus sesiones la semana próxima debido a la campaña
electoral, el tiempo apremia para elaborar los detalles del plan y luego
aprobarlo. Líderes del Congreso, incluyendo a muchos demócratas que son clave y
líderes de opinión, ya habían estado considerando un plan de rescate y dieron
señales de una rápida aprobación de las propuestas. Revisando algunas revistas
especializadas de esta última semana, existe un marcado escepticismo en el
ambiente político en Estados Unidos, con los conservadores del lado republicano
objetando cualquier otro plan de rescate menos el propuesto por la administración
Bush, y por otro lado muchos demócratas preguntándose por qué deberíamos ayudar a
Wall Street en vez de ayudar a cuatro millones de personas cuyos hogares fueron
embargados. Y los candidatos presidenciales, que están siendo dejados de lado en
las negociaciones, son también participantes reticentes del proceso. Ambos se dan
cuenta de que un considerable plan de rescate del gobierno federal limitará
severa y dramáticamente sus planes de gobierno, entre ellos, el recorte de
impuestos o la implementación de un nuevo programa de salud que ambos han avivado
con energía.
Estudiando un poco el tema Hemos profundizado el tema y
encontramos que en el plan de rescate "Resolution Trust Company" de los años '80,
el gobierno norteamericano tenía el poder de tomar el control de cualquier banco
de ahorro y préstamo en crisis y cerrarlo o vender sus activos si era necesario.
Lógicamente, esto significó que se recobró alrededor de la mitad del paquete de
rescate de US$400.000 millones, pero claro, la mayoría de los bancos quebraron.
Ahora, los tiempos han cambiado y ya se tiene nuevas normas, códigos y
reglamentos que favorecen a los bancos en estos casos, pero no a los clientes.
Pero, ¿quién gana y quién pierde en este lío? Una de las preguntas difíciles
sobre el plan de rescate es cuánto le costará a los contribuyentes, a los bancos
y a los atribulados propietarios de casas. Lo cierto es que los riesgos del
mercado hipotecario se trasladarán de los bancos a los contribuyentes. La
pregunta que ha retumbado en la mente de los economistas es: ¿qué precio paga el
gobierno norteamericano por la deuda?. Si compra al precio que indican las reglas
de la economía, los bancos ganarán y el contribuyente se liberará de la
responsabilidad. Si, en cambio, el gobierno compra la deuda a valores devaluados,
el gobierno es el que ganará si eventualmente la deuda hipotecaria recobra su
valor. Y no queda muy claro qué ganancia obtendrá el gobierno de los bancos por
su inversión. Tampoco queda en claro cuántos beneficios específicos obtendrán los
dueños de casas en problemas. El costo para el gobierno podría crecer si trata de
retener el 10% de todas las hipotecas, pero si endurece las medidas para
asegurarse que todo el mundo pague podría poner en riesgo el plan de rescate
hipotecario.
El gobierno norteamericano ya tiene un plan para otorgar una ayuda
hipotecaria extra de US$300.000 millones que servirá sólo para los que afrontan
un embargo, pero lo que hasta ahora se evidencia es que el plan, que dígase de
paso se hará efectivo el 1 de octubre, se ve muy verde todavía, ya que el sector
hipotecario privado se rehúsa a asumir el 10% en pérdidas que el gobierno
promueve. Tiempos duros, pero para no ponerse duro.
Como no queda muy claro, al
final, quienes serán los que verdaderamente pagarán esta crisis, con toda
seguridad se trasladará a los países que como nosotros tenemos con una tremenda
dependencia con el referido país del norte. El tema es que aún no se sabe a
ciencia cierta cuanto será la factura, pero que la pagamos, con seguridad.
Dra.
Janett Mostacero Llerena Ms. Carlos Vargas Cárdenas Septiembre 22 del 2008
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