Viaje ácido de alguien que no lee TVyNovelas, que no vio el final de la Bella más Fea y que no tiene celular para mandar SMS
Miro con asombro y terror el letrero pegado en un teléfono publico de Telmex: "Europa 20 minutos por minuto". No puedo creerlo, simplemente. El costo de esa llamada, sin duda, debe ser uno de los más caros del mundo, y explica por qué Carlos Slims, dueño de Telmex, es el tercer hombre más rico del mundo. Y así, abatido por el hecho de que una tarjeta de 200 pesos apenas me alcanzaría para hablar diez minutos a Europa me retiro de la cabina hacia la estación del metro Patriotismo.
Mientras camino, recuerdo otra estación de metro, en Praga, Namestý Republik. Estuve ahí en enero y llamé a México por 9 coronas checas (4.5 pesos) el minuto. Y también recuerdo que según el letrero de aquella cabina, México era de los tres países con las tarifas más caras. Comienzo a sentirme molesto porque descubro también que ¡Hablar en una caseta de Telmex
de Ciudad de México a San Luis Potosí resulta tan caro como hablar de Viena a México!.
Pero luego, en una televisión que tiene un vendedor de películas pirata miro un spot de Felipe Calderón que dice que ha iniciado un nuevo México desde que él tomó el poder el 1º de diciembre. Entonces me siento aliviado, porque de ser cierta esa afirmación, no solamente Telmex y sus cobros injustos desparecerán pronto, sino también habrá salarios más justos, el Internet será tan barato como en Sudamérica, Europa y Estados Unidos, ya no morirán personas por falta de atención médica en las zonas más empobrecidas de Guerrero, San Luis Potosí y Oaxaca, y habrá un transporte público que otorgue al menos algo de dignidad a los usuarios.
Pero toco con las manos mis bolsillos, veo mis zapatos, al niño sucio que me ruega que le compre chicles con la mano extendida, al vendedor de películas pirata que acomoda vídeos pornográficos en un estante, y el encabezado justiciero de aquel periódico que señala con valentía que en México todo está bien y en seguida mi esperanza sale huyendo de mi corazón.
Y no dejo de pensar, mientras me voy por la calle perfumada con el olor de tacos, tamales y tortas de sucios puestos callejeros, que todo sería mejor si el mundo fuera un spot del gobierno o un programa de televisión. Entonces todos sonreiríamos sabiendo que, en efecto, un nuevo México comenzó… ¡ahhh! ¡Los sueños de alguien que no lee Tv y Novelas, que no vio el final de la Fea más Bella y que no tiene un celular para mandar SMS mientras viaja en ese mar de gente sudorosa que viaja solitaria, como botellas de mar, en el transporte público de la Ciudad de México!...
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