eGrupos Logo
Inicio > Mi Página > Mis Grupos > padrenuestro > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 781 al 800 
AsuntoAutor
Domingo I de Cuare TRIGODED
Domingo II de Cuar TRIGODED
Domingo III de Cua TRIGODED
Domingo IV de Cuar TRIGODED
Día de San José TRIGODED
Domingo V de Cuare TRIGODED
Domingo de Ramos. TRIGODED
Jueves Santo. TRIGODED
Hora Santa TRIGODED
Vigilia pascual. TRIGODED
Domingo de Resurre TRIGODED
Evangelio diario c José Por
Domingo II de Pasc TRIGODED
Domingo III de Pas TRIGODED
Domingo IV de Pasc TRIGODED
Domingo V de Pascu TRIGODED
Domingo VI de Pasc TRIGODED
La Ascensión del S TRIGODED
Trigo de Dios nece TRIGODED
Pentecostés. TRIGODED
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
PADRE NUESTRO

Mostrando mensaje 789     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:padrenuestro Domingo II de Cuaresma
Fecha: 21 de Febrero, 2010  21:27:45 (+0100)
Autor:TRIGODEDIOS <loli627167575 @.....com>

   Padre nuestro.

   Domingo, 28/02/2010, Domingo II de Cuaresma, ciclo C.

   Saquémosles partido a nuestros sentimientos contrapuestos.

   1. Mi opinión no es dogmática, esto significa que todos mis lectores pueden sopesar mis pensamientos y aceptar las consideraciones que expreso mediante la edición de los boletines de Padre nuestro que crean verdaderas. Quienes me conocéis desde hace meses o años sabéis que me gusta mucho discrepar para poder observar los acontecimientos que suceden en nuestro entorno desde diferentes puntos de vista con el fin de enriquecerme espiritualmente aprendiendo de los aciertos y errores propios y ajenos.
   Nunca me cansaré de decir que el tiempo de Cuaresma no debe ser observado por nosotros como el retorno al tiempo de las confusiones. Disponemos de recursos espirituales que pueden convertir este tiempo de oración y meditación en un periodo maravilloso para superar algunos de nuestros defectos. Por nuestro bien y la felicidad de nuestros seres queridos, deberíamos eliminar el término pecado de nuestro vocabulario. La visión del bien y el mal sólo es un punto de vista. Todo lo que hacemos tiene una motivación original. Nos equivocamos si creemos que nuestro dolor y nuestros errores son los efectos que se producen por nuestro medio cuando las fuerzas del mal nos manipulan lo mismo que hacemos nosotros con nuestras computadoras.
   El amor y el odio sólo son sentimientos, así pues, no debemos darnos golpes de pecho si en un determinado momento nos airamos y odiamos a alguna persona.
   Para que la Cuaresma sea enriquecedora para nosotros, debemos aceptarnos como somos e intentar mejorar tan rápido como nos sea posible en todos los aspectos que atañen a nuestra vida. Para lograr esta meta es conveniente que nos entreguemos a nosotros y a nuestros prójimos cargados de ilusión. Es conveniente que evitemos la rutina en nuestras actividades ordinarias y que imaginemos que todos los días encontramos un trabajo nuevo que es estupendo, que en nuestra casa estamos limpiando unos muebles nuevos que hemos comprado, que tenemos unos familiares maravillosos, etcétera. Si abrazamos esta mentalidad, la vida se nos hará muy corta.
   No sirve de nada mirar al pasado con dolor y desasosiego. El presente empieza a formar parte del pasado sin que apenas nos podamos concienciar de la existencia de esta realidad. Ahora mismo empezamos a vivir el mañana. Ninguna persona podrá vivir protagonizando en la película de nuestra vida el papel que nos corresponde a nosotros. El mañana empieza ahora mismo, de hecho, vamos a mirar el futuro con esperanza.
   No podemos afrontar el futuro con ilusión si no conocemos nuestros defectos y la forma de confrontarlos y afrontarlos. Es inútil el hecho de ampararnos en diversas distracciones para evitar pensar en las causas que nos inquietan. ¿Cuáles son las causas que nos producen dolor? ¿Cuál es la razón por la que existen esas causas? Luchemos constantemente con la motivación de superarnos imponiéndonos a tal efecto metas más elevadas en conformidad con los retos que vayamos logrando alcanzar. Si queremos evitar la apatía debemos evitar conformarnos con lo que somos.
   Debemos ponernos en lugar de nuestros prójimos cuando las circunstancias lo requieran para entender que los tales no son nuestros enemigos. No debemos enfadarnos si nuestros padres o abuelos nos piden que estemos a su lado constantemente olvidando que nuestras actividades nos impiden sentirnos ignorados como les puede suceder a ellos cuando sus fuerzas físicas disminuyen y empiezan a olvidar sus más bellos recuerdos.
   Aceptemos la vida como es, evitando generar sufrimiento en nuestros prójimos y en nosotros. Aunque no seamos muy conscientes de esta realidad, nuestro estado anímico se transmite rápidamente a las personas que nos rodean. Cuando habléis por teléfono, intentad sonreír, veréis cómo la voz de vuestro interlocutor se dulcifica instantáneamente y la conversación se torna mucho más agradable.
   Aprendamos a mirar las cosas de diferente forma. Nos equivocamos al creer que tenemos la verdad patentizada. Muchos hermanos nuestros se pierden el afecto de los jóvenes porque se rompen la cabeza de tanto pensar en la negatividad del alcohol, la droga y el tabaco. La santidad no es presunción de falsos tintes de misericordia.
   No hacemos ninguna cosa mala al intentar hacer lo posible por sentirnos bien sin herir a nuestros prójimos de ninguna manera. La angustia, la depresión y la ansiedad son muy contagiosas.
   El amor y el odio son dos sentimientos contrapuestos por cuya existencia podemos valorar nuestras virtudes y a las personas que nos rodean. A pesar de que ambos sentimientos son contrapuestos, el conocimiento y experiencia de los mismos son muy útiles para nosotros. De igual forma que nos humanizamos al reconocer nuestras necesidades, podemos hacer lo posible por no perder la identidad. Ninguna persona muere por causa del amor, pero la belleza de este sentimiento adopta un cariz especial en los cónyuges que se hacen felices unos a otros en atención a su afecto sin que entre ellos se creen lazos de dependencia. Si el amor fuera una necesidad, perdería su intrínseca belleza.
   Aunque tengamos que corregir algunos defectos que tenemos, no debemos renegar jamás de la forma de ser que nos caracteriza. Debemos educarnos constantemente porque estamos en constante proceso evolutivo. Si Jesús hubiera sido un Hombre perfecto según profesa el Magisterio de la Iglesia, no se habría enfadado nunca, ya que la ira, al ser un sentimiento adverso o negativo, no puede ser santa. Dado que ni la Biblia ni la Iglesia se contradicen, debemos interpretar la perfección que Dios nos exige como el deseo de nuestro Padre común de que actuemos lo mejor que podamos. Debemos evitar crear tensiones por causa de nuestros altibajos y tendencias, pues el malestar debe ser evitado porque por sí mismo no es productivo.
   Hermanos y amigos: Estamos vivos. Nos aburrimos, nos enfadamos, nos desconcertamos... Usemos todos nuestros estados anímicos para expandirnos, crecer espiritualmente, alcanzar un buen estado de maduración y amarnos a nosotros y a nuestros seres queridos. Es lamentable comprobar cómo muchos de los nuestros se mortifican evitando superarse personalmente, porque piensan que han pecado al airarse por sentirse impotentes en un determinado momento de angustia o desesperación.
   Quienes nos hacen daño no son malos independientemente de que nos hieran con la intención de protegernos o hacernos sufrir. Si yo odio a quienes me hieren, mi odio sólo afecta a mi estado de ánimo que a su vez hiere a quienes no son culpables de la tensión tan inverosímil que albergo en el alma. Por cierto, es muy probable que nuestros fracasos se deban a que aún no hemos conseguido alcanzar una ansiada meta, así que posiblemente deberíamos pensar que tenemos todas las papeletas para seguir luchando con la intención de vencer nuestra apatía.
   Amar no es comprender plenamente. El amor y la comprensión se diferencian entre sí. No os sacrifiquéis mucho, pues son más egoístas los que hacen cualquier cosa para alcanzar el favor de Dios que los que aman a sus prójimos, así pues, los unos se sacrifican pensando en el beneficio que ello les reportará, mientras los otros dan aunque no reciban nada a cambio de la manifestación de sus sentimientos mediante gestos, obras y palabras.
   Si no somos capaces de respetarnos y amarnos aceptándonos tal como somos, ¿cómo podemos esperar que los demás nos respeten y nos amen?
   Es bueno que luchemos contra todos los fantasmas que pueden afectarnos de alguna forma, incluyendo algunos puntos de vista respecto de la sexualidad que son contrapuestos al ser examinados por los autores de la Biblia, el Magisterio de la Iglesia y la Psicología moderna. Cuando apareció el Pentateuco no se había definido la diferencia existente entre la concepción de pensamientos y la ejecución de los mismos. La definición de este punto de vista puede aclarar muchos malentendidos.
   Quienes quieran creer que el demonio los domina y que sólo la gracia de Dios que por cierto no ven por ninguna parte puede evitar que sean pecadores -aunque no lo son en realidad- pueden seguir mortificándose y despersonalizándose, tengo que aceptar su opinión aunque no la comparto, pero les deseo sinceramente que recapaciten y comprendan que nuestro Padre celestial no es el Dios de la tortura, sino el Padre de la misericordia entrañable.
   2. "Dios habló en otro tiempo a nuestros antepasados por medio de los profetas -nos dice el autor de la Epístola a los Hebreos-, y lo hizo en distintas ocasiones y de múltiples maneras. Ahora, llegada la etapa final, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien trajo el universo a la existencia" (HEB. 1, 1-2).
   Durante el transcurso de la Historia, Dios se ha comunicado con sus servidores, con el fin de que ellos nos hagan saber que estamos abiertos a la trascendencia divina. El Hagiógrafo del primero de los cinco libros del Antiguo Testamento nos ha narrado cómo Dios constituyó a Abraham padre de todos los creyentes haciéndonos reflexionar respecto de que también estamos siendo santificados de igual forma que nuestro antepasado común fue bendecido por Sadday (el Dios de la montaña).
   "Ahí tenéis el ejemplo de Abraham -dice San Pablo en su Carta a los cristianos de Galacia-: Creyó a Dios, y esto le valió que Dios le concediera su amistad" (GÁL. 3, 6).
   Si no nos abrimos a la trascendencia divina, no podemos percibir la presencia de Dios en nuestra vida. Nuestro Santo Padre nos colma de sus dádivas materiales y espirituales si cumplimos su voluntad. En cierta ocasión, Jesús les dijo a sus Apóstoles:
   "Os aseguro que todo aquel que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o tierras por causa mía y del mensaje de salvación, recibirá en este mundo cien veces más en casas, hermanos, madres, hijos y tierras, aunque todo ello sea con persecuciones, y en el mundo venidero recibirá la vida eterna" (MC. 10, 29-30).
   Hoy empezamos a celebrar la segunda semana de este tiempo litúrgico que nos conduce al ecuador de la Cuaresma. Jesús nos acaba de decir por mediación del Evangelista Marcos que si queremos ser sus seguidores tenemos que renunciar al egoísmo para abrirnos a nuestros prójimos y a la trascendencia divina. El prestigio cristiano no consiste en acumular riquezas, sino en abrazar a todos los hombres del mundo y considerarlos como miembros de la familia. A este respecto debemos aplicarnos las palabras de nuestro Señor:
   "Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Conforme el Padre me dicta, así juzgo. Mi juicio es justo, porque no pretendo actuar según mis deseos, sino según los deseos del que me ha enviado. Si me presentase como testigo de mí mismo, mi testimonio carecería de valor... Una prueba evidente de que el Padre me ha enviado es que hago lo que el Padre me encargó hasta llevarlo a feliz término. También habla a mi favor el Padre que me envió, aunque vosotros nunca habéis oído su voz ni habéis visto su rostro" (JN. 5, 30-31. 36-37).
   Quienes predicamos la Palabra de Dios podemos sucumbir ante la seducción de la soberbia al presentarnos ante nuestros oyentes o lectores como testigos de nuestra capacidad de hacer que ellos se acerquen a Dios. El mérito de Jesús residió en que nuestro Señor predicó en Palestina diciendo que sus palabras y obras eran válidas por cuanto les eran inspiradas por Dios, el Padre a quien tanto amó, que no escatimó jamás la posibilidad de cumplir sus deseos.
   3. La Iglesia nos invita este Domingo de la Transfiguración a poner los ojos en ese cielo que tantas veces hemos soñado frente a las causas por las cuales el mundo está marcado por el dolor. El Salmo 26 que hemos oído después de la lectura del Génesis es muy edificante para nosotros al respecto de la consideración que como cristianos que somos le concedemos al sufrimiento humano.
   "El Señor es mi luz y mi salvación -escribió el Salmista-, ¿a quién temeré?" (SAL. 26, 1).
   Con gran belleza literaria David intentaba que su pueblo conociera el misericordioso amor de Dios.
   "Si un ejército acampa contra mí -sigue afirmando el gran Rey de Israel-, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra me siento tranquilo" (SAL. 26, 3).
   San Pablo respalda los razonamientos de David en estos términos:
   "¿Quién, pues, podrá arrebatarnos el amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, el miedo a la muerte?... Pero Dios, que nos ama, nos hace salir victoriosos de todas estas pruebas. Seguro estoy de que nada, ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni cualquier otra suerte de fuerzas sobrehumanas, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes sobrenaturales, ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni criatura alguna existente, será capaz de arrebatarnos este amor que Dios nos ha mostrado por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro" (ROM. 8, 35. 37-39).
   Si ninguna circunstancia adversa puede arrebatarnos el amor de Dios aunque dudemos de la misericordia de nuestro Santo Padre, y si Él nos alivia el sufrimiento concediéndonos sus dádivas divinas y humanas, ¿por qué no utiliza el Señor otro medio independiente de la fe para que podamos creer en Él? Si viéramos a Dios cara a cara, dudaríamos de El de la misma forma que en ciertas ocasiones desconfiamos de nuestros seres queridos, pero si Dios desea que nos dejemos amar por Él sirviendo a nuestros prójimos los hombres y dejándonos amar por ellos, tendremos más razones para creer en la Providencia divina. San Pablo se expresa en los siguientes términos apoyando esta meditación:
   "Ahora vemos confusamente, como por medio de un espejo; entonces (cuando Dios instaure definitivamente su Reinado entre nosotros) veremos cara a cara" (1 COR. 13, 12).
   El Santo Apóstol nos acaba de informar de que Dios nos hará felices en su Reino independientemente de que actualmente estemos recibiendo sus dádivas en medio de nuestras dificultades, si nos aplicamos las palabras con que Jesús les dijo a sus discípulos que serían premiados si lo seguían hasta el último día de su vida (CF. MC. 10, 29-30).
   4. San Pablo les escribió a los cristianos de la comunidad eclesiástica de Colosas:
   "Nuestra realidad está en Cristo" (COL. 2, 17).
   Nuestra realidad radica en lo que fuimos en el pasado, en lo que somos en el presente, y en lo que seremos en el futuro. Vamos a pedirle a nuestro Señor Jesucristo que nos transfigure a su imagen y semejanza y que nos configure nuestra mentalidad con respecto a su manera de ver las realidades divinas y humanas.
   5. Creo conveniente examinar la Transfiguración de Jesús desde la experiencia que vivió nuestro Señor en el monte Tabor. Jesús quiso transfigurarse en un monte, porque la gloria de Dios se percibe desde las alturas que sólo pueden alcanzar quienes extienden las alas de su imaginación y se atreven a volar por encima de la rutina que puede embargar su existencia. Nuestro Jesús se transfiguró porque oró para que Dios realizara en Él ese prodigio tan excelente. Esto nos anima a orar, a comunicarnos abiertamente con Dios sin miedo y con confianza. Quizá nuestro Señor se transfiguró mientras recitaba interiormente el Salmo 45, el cual empieza con las siguientes palabras:
   "Me brota del corazón un poema bello, recito mis versos a un rey" (SAL. 45, 2).
   "Fuiste tú quien me sacó del vientre -oró Jesús cuando pendía de la cruz en el Gólgota-, me tenías confiado en los pechos de mi madre, desde el seno pasé a tus manos, desde el vientre materno tú eres mi Dios" (SAL. 22, 10-11).
   Jesús se transfiguró en presencia de los suyos porque su oración era confiada.
   "El Señor es mi pastor -leemos en el libro de los Salmos-: nada me falta" (SAL. 23, 1).
   La luminosidad del rostro del Señor transfigurado y la blancura de sus ropas, nos comunican la bondad del amor que nos henchirá el corazón cuando Dios concluya la instauración de su Reino entre nosotros. Cuando esto suceda, no existirán diferencias entre los hombres, ya que todos seremos aceptados por nuestro Santo Padre. Este hecho parece increíble, pero nuestra esperanza se fundamenta en el cumplimiento de las promesas divinas.
   Moisés y Elías, representantes de quienes creen en Dios para salvar su alma y quienes creemos en nuestro Padre común sin miedo alguno a la condenación eterna, animaban a Jesús a afrontar su próxima crucifixión en Jerusalén. San Lucas nos expresa esta verdad en los siguientes términos:
   "Hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén" (LC. 9, 31).
   Ellos no hablaban de la muerte de Jesús como fin de la existencia del Ungido de Yahveh, sino como partida del Cristo a su Reino celestial.
   Los Apóstoles se quedaron atónitos ante aquella visión. Pedro no quería descender del Tabor, él quería dejar sus dificultades en el valle y vivir en aquel estado de felicidad incompleta.
   Nosotros tenemos que vivir de la fuerza espiritual que nos transmite Jesús Eucaristía cuando lo comulgamos, cuando leemos los Evangelios y cuando hacemos ejercicios espirituales para descender del monte y afrontar las dificultades que nos impiden ser plenamente felices hasta que seamos santificados por el Señor.





Ve, guarda y comparte lo que te interesa en la red
Crear o visitar páginas a las que puedes añadir aquellas cosas interesantes que te encuentras porla web. ¿A qué esperas?
es.corank.com

Inicio | Apúntate | Blogs | Bazar | Grupos | Gente | Fotos | Videos | Quienes somos | Privacidad de Datos | Contacta

eGrupos es un servicio de AR Networks
Copyright © 1999-2012 AR Networks, Todos los derechos reservados
Terminos del Servicio