 | | Asunto: | padrenuestro Domingo III de Cuaresma. | | Fecha: | 1 de Marzo, 2010 17:48:03 (+0100) | | Autor: | TRIGODEDIOS <loli627167575 @.....com>
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Padre nuestro.
Domingo, 7/03/2010, Domingo III de Cuaresma, ciclo C.
El dolor.
Introducción.
Durante el tiempo de Cuaresma, además de
esforzarnos para superarnos en todos los niveles en los que nos desenvolvemos, al
meditar la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, tenemos la oportunidad de
profundizar sobre el dolor, un tema sobre el que ordinariamente nos hacemos
muchas preguntas, a las cuales no podemos responder satisfactoriamente, ya que,
si a través de nuestra fe respondemos las mismas de una forma generalizada, a
nivel individual, nos queda mucho que indagar aún, con el fin de encontrar las
respuestas que resuelvan completamente nuestras dudas, especialmente en el caso
de quienes tengan un conocimiento de Dios muy reducido. Dado que nuestra fe se
extingue incluso en países en los que el Catolicismo está en la base de las
tradiciones de los mismos, en el ambiente secularista en que vivimos, se nos ha
hecho comprender erróneamente que, dado que no podemos responder
satisfactoriamente desde el punto de vista de las ciencias humanas las cuestiones
relacionadas con el dolor, es necesario que aceptemos el sufrimiento sin
interrogarnos con respecto al mismo y que lo soportemos, ya que lo único que
tenemos claro es que no podemos evitarlo. Dado que en nuestros días estamos
viviendo el alejamiento de la sociedad en que vivimos de Dios, este hecho supone
que somos testigos del olvido de la meditación sobre el dolor y la muerte, ya
que, quienes reflexionamos sobre estos temas, o somos tachados de pesimistas, o
somos considerados como visionarios. Por mucho que evitemos el hecho de
meditar sobre estos temas, sabemos perfectamente que hemos nacido para tener
problemas, soportar contradicciones, sobrevivir a enfermedades y morir. Estos
hechos indudablemente son patéticos para aquellos que ya no confían en nadie ni
en nada y sólo piensan constantemente que la vida es un engaño, pero para
nosotros son instrumentos purificadores que nos perfeccionan en este mundo y nos
preparan para ser recibidos en la presencia de Dios, después de que hayamos
superado nuestra actual imperfección.
1. ¿Por qué existe el dolor?
Dios
le dijo a Adán en el paraíso terrenal: ""DE cualquier árbol del jardín puedes
comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día
que comieres de él, morirás sin remedio" (CF. GN. 2, 16-17). Existen dos tipos
de dificultades, las cuales son las que nos provocamos nosotros mismos, y las que
no podemos cambiar, porque nos las causan nuestros prójimos los hombres, o las
recibimos directamente de Dios, dado que nuestro Padre común considera que las
mismas nos son útiles para que podamos crecer espiritualmente. Ya que muchos
cristianos que no son católicos e incluso muchos sacerdotes de nuestra Iglesia
cometen el error doctrinal de enseñar que Dios no nos castiga nunca, es necesario
que recordemos la verdad contenida en el siguiente versículo bíblico: "Ved ahora
que yo, sólo yo soy, y que no hay otro dios junto a mí. Yo doy la muerte y doy la
vida, hiero yo, y sano yo mismo y no hay quien libre de mi mano" (DT. 32, 39).
Si Dios mismo nos permite que suframos, al tener en cuenta que nuestro Padre
común nos ama de una forma indescriptible, hacemos bien al suponer que el
Todopoderoso tiene causas de peso para permitir que sucumbamos bajo el efecto del
dolor y la muerte.
2. El sufrimiento de los justos.
Al ignorar que en la
vida el dolor nos atañe igualmente a justos e injustos, y a pobres y a ricos,
muchos de nuestros hermanos se interrogan sobre el sufrimiento de los débiles,
los justos y los creyentes. Para iluminar esta cuestión que ha llegado a ser
polémica hasta el punto de acabar con la fe de muchos católicos que no se han
formado convenientemente en el conocimiento de la Palabra de Dios, vamos a
recordar el ejemplo del justo Job.
2-1. Job, un hombre digno de ser imitado.
"Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y
recto, temeroso de Dios y apartado del mal". (Job. 1, 1). La perfección de Job
consistía en que era virtuoso y cumplía cabalmente la voluntad de Dios, tanto con
respecto a quienes le necesitaban, su familia y él mismo. "Y le nacieron siete
hijos y tres hijas. Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos,
quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel
varón más grande que todos los orientales. E iban sus hijos y hacían banquetes en
sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que
comiesen y bebiesen con ellos. Y acontecía que habiendo pasado en turno los días
del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía
holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán
pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta
manera hacía todos los días" (Job. 1, 2-5). "Los oídos que me oían me llamaban
bienaventurado, y los ojos que me veían me daban testimonio, porque yo libraba al
pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador. La bendición del que se
iba a perder venía sobre mí, y al corazón de la viuda yo daba alegría. Me vestía
de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi rectitud. Yo era
ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre, y de la causa que no
entendía, me informaba con diligencia; y quebrantaba los colmillos del inicuo, y
de sus dientes hacía soltar la presa" (Job. 29, 11-17). Este gran Santo tenía
una fe ejemplar: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el
polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual
veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón
(actualmente) desfallece dentro de mí" (Job. 19, 25-27). Sintetizando lo que
hemos visto de Job, hemos recordado que este Santo era un adorador de Dios
ejemplar, un padre de familia digno de ser imitado, y un creyente con entrañas de
misericordia, capaz de socorrer a los necesitados, y de poner en su sitio a los
carentes de escrúpulos religiosos y humanos. ¿Qué más se le puede pedir a un
creyente en Dios para que sea perfecto? Sólo una cosa se le podía pedir a Job, la
cual era que aprendiera, además de socorrer a los que sufrían en su entorno, a
ser él quien debía sufrir, a pesar de que el sentido del dolor permaneció velado,
hasta que los cristianos comprendieron el significado redentor del sufrimiento,
en el siglo I de la era cristiana. A pesar de ello, Job comprendió, cuando superó
su prueba, que, al permanecer junto a Dios, fue librado de las pérdidas
familiares, humanas y materiales que padeció.
2-2. Los sufrimientos de Job.
Al considerar el ejemplo de Job, seguro que muchos de nuestros hermanos se
preguntan: ¿Cómo es posible que Dios trate con tanta crueldad a sus creyentes?
Yo les pregunto a tales hermanos: ¿Qué mérito hubiera tenido Job si su
crecimiento espiritual no hubiera culminado siendo perfeccionado con la
experiencia del dolor? Recordemos que el mismo Dios quiso que su Unigénito
tuviera la experiencia del sufrimiento. Cuando ejercí de catequista de niños
de primera Comunión en una pequeña parroquia, los pequeños me preguntaban cómo
era posible que siendo ciego yo sirviera a Dios, cuando, si nuestro Padre común
existía, lo mínimo que podía hacer por mí, era darme la vista, para agradecerme
lo que hacía por Él. Ciertamente Dios premia a sus siervos inmensamente, pero
ello no significa que los tales se vean privados de sufrir, ora por su
crecimiento espiritual, ora por el bien de los no creyentes, los cuales, si nos
vieran a los creyentes felices, dirían que nuestra fe carece de mérito, porque
por creer en Dios estaríamos ostentando una posición envidiable en todos los
sentidos. "Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios,
entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes?
Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. Y
Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como
él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?
Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has
cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos
has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero
extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti
en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en
tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de
Jehová. Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de
su hermano el primogénito, y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando
los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, y acometieron los sabeos y los
tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte
la noticia. Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios
cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente
escapé yo para darte la noticia. Todavía estaba éste hablando, y vino otro que
dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y
se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo
para darte la noticia. Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus
hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el
primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro
esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente
escapé yo para darte la noticia. Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y
rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre
de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de
Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno"
(Job. 1, 6-22). Imaginémonos por un momento que somos el Santo Job. Tenemos
una inmensa fortuna y unos hijos a los que amamos con locura, a los cuales
perdemos en poco rato, al mismo par que nos quedamos arruinados. ¿Qué haríamos en
esa situación tan dramática? Job superó la prueba con éxito, en el sentido de
que no perdió la fe, pero ello no significa que habían terminado sus
sufrimientos, ni mucho menos. ¿Por qué vendió Judas a Jesús? Erróneamente
podemos pensar que Judas odiaba al Señor, pero, al conocer la situación de
Palestina en tiempos de nuestro Salvador y saber que el citado Apóstol de nuestro
Redentor era ladrón, tenemos una gran probabilidad de acertar si pensamos que el
hijo de Simón Iscariote vendió a Jesús para presionarlo, para que, cuando el Hijo
de María se viera amenazado de muerte, se viera obligado a constituir un ejército
para enfrentarse a los romanos. El colectivo de discapacitados vendedores del
cupón de la ONCE saben mucho de este tipo de presión, pues, a muchos de ellos,
después de que se les explota, y se les amenaza de muchas maneras, porque sus
superiores saben que no pueden trabajar en otra cosa que no sea vender cupones,
les dejan totalmente abandonados a su suerte. A Job sólo le quedaba una prueba
que superar, la cual era sucumbir bajo la lepra, y esperar la lenta y desesperada
llegada de la muerte. "Aconteció que otro día vinieron los hijos de Dios para
presentarse delante de Jehová, y Satanás vino también entre ellos presentándose
delante de Jehová. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondió Satanás a
Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella. Y Jehová dijo a
Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la
tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que
todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo
arruinara sin causa? Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo
que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su
hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Y
Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. Entonces
salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna
desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Y tomaba Job un tiesto
para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza. Entonces le dijo su
mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como
suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de
Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus
labios" (Job. 2, 1-10). Por si Job no tenía bastante sufrimiento, fueron a
verlo tres amigos suyos, los cuales estaban obstinados en que él había hecho algo
muy malo para que Dios lo castigara de la forma que lo maltrató. De la misma
manera que Dios premió la capacidad de aguante de Job al final del libro que
estamos considerando brevemente, por nuestra fe, creemos que nuestro Padre común
nos aliviará de nuestros padecimientos actuales al final de los tiempos, cuando
concluya la instauración de su Reino entre nosotros.
3. Aprende a vivir, a
sufrir y a gozarte por ser hijo de Dios.
La Psicología moderna contiene una
enseñanza muy buena referente al sufrimiento, la cual consiste en que, en vez de
buscar la causa por la que padecemos, -dado que en este tiempo sólo podemos hacer
suposiciones totalmente inciertas sobre este hecho-, nos insta a que
sobrellevemos nuestras dificultades actuales con todo el optimismo de que seamos
capaces de vivir. Existen situaciones desesperadas para las que no tenemos una
respuesta satisfactoria aún, pero la gran mayoría de quienes tenemos problemas
tenemos posibilidades para aumentar la felicidad que disfrutamos. San Pablo,
-un Apóstol de nuestro Señor que sobrevivió a persecuciones históricas por causa
de la fe que profesaba-, les escribió desde su prisión a los cristianos de
Filipo: "DE toda suerte de pruebas puedo salir airoso, porque Cristo me da las
fuerzas" (FLP. 4, 13). Quisiera poder daros una fórmula eficaz para que podáis
vencer vuestras dificultades, pero ello no está en mis manos, así pues, con tal
de que no perdáis la fe que tanto necesitamos para poder vivir, me despido de
vosotros recordándoos un maravilloso pasaje del primero de los Profetas mayores: "Buscad a Yahveh mientras se deja encontrar, llamadle mientras está cercano. Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahveh,
que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar" (IS. 55,
6-7).
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