 | | Asunto: | padrenuestro Día de San José | | Fecha: | 15 de Marzo, 2010 06:36:50 (+0200) | | Autor: | TRIGODEDIOS <loli627167575 @.....com>
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Padre nuestro.
Viernes, 19/03/2010, Solemnidad de San José, esposo de la
Virgen María, ciclo C.
los dolores y gozos de San José.
1. Hagamos una
parada en nuestro camino de Cuaresma para celebrar la vida y obra de San José de
Nazaret, el guardián de Jesús y María, los mayores tesoros del Reino de Dios. Por
la diligencia con que nuestro Santo Patrón cumplió el deber que le fue
encomendado por nuestro Santo Padre, José merece ser reconocido por nosotros como
Padre de la Iglesia Universal, refugio seguro de quienes no pueden confiar en sí
mismos circunstancialmente, Padre de quienes mueren con la satisfacción de
haberse esforzado plenamente para cumplir la voluntad de Dios, y Patrón de los
cristianos que se preparan para recibir el Sacramento del Orden sacerdotal.
Recordemos los siete dolores y gozos de nuestro Santo Patrón. 2. Son muy pocos
los datos que los autores de la Biblia nos ofrecen en sus respectivas obras sobre
el Santo que estamos celebrando. San Lucas nos dice que María le fue prometida a
José en matrimonio antes de quedarse embarazada por obra y gracia del Espíritu
Santo. El compañero de peregrinación del Apóstol Pablo también nos cuenta que
María vivió los 3 primeros meses de la concepción de Jesús en casa de su prima
Isabel quizá por causa de José, el hombre de quien San Mateo nos dice que decidió
repudiar a María secretamente para evitar rumores molestos. Según una antigua
tradición, en aquel tiempo, muchas mujeres de Palestina hacían voto de virginidad
para apresurar la venida del Mesías. Esa tradición nos hace suponer que María
también hizo ese voto de virginidad perpetua, y que José, cuando recibió el
anuncio de la Encarnación del Verbo divino de parte del ángel de su sueño, no
quiso perturbar el voto de su joven esposa. Son muchos los escritores y pintores
que han pugnado a lo largo de la Historia argumentando la posible vejez de José
para que nos sea fácil creer que nuestro Santo no quiso imponerse ante su mujer
para romper la supuesta promesa que le hizo a Dios para acelerar el Nacimiento de
Jesús. José soñó que un ángel le decía que María no le había sido infiel y,
aunque los sueños en ciertas ocasiones encierran en sí mismos una verdad, un
miedo o rechazo inocuos o la expresión de un deseo muy anhelado, José tomó la
decisión de no alterar su propósito de ser feliz junto a María, a pesar de que no
podía olvidar que él no era el padre del Hijo de su prometida. El anuncio de la
Encarnación de Jesús le produjo a José un gozo cierto por cuanto María le fue
fiel, pero ese gozo tenía que ser aumentado por una fe a toda prueba para que
nuestro Santo no decidiera hacerse atrás y renunciar a María y a Jesús. 3. San
Lucas nos cuenta detalladamente el Nacimiento de Jesús en el capítulo 2 de su
Evangelio. Cuando el Niño de Belén estaba por nacer, José tuvo que emprender un
largo viaje desde Nazaret hasta Belén junto a su mujer para empadronarse. Los
judíos tenían la costumbre de celebrar la natividad de sus hijos, pero José
sufrió pacientemente la humillación de ver nacer a Jesús en una cueva que los
pastores utilizaban para guarecer sus rebaños en las noches de invierno. Las
diversas pruebas que José vivió a lo largo de su vida debieron servirle a nuestro
Santo para esperar la instauración del Reino de Dios, así pues, en esta vida no
podemos ser plenamente felices y, la felicidad que tenemos, es la consecuencia de
aprender a soportar el dolor sin perder la esperanza con respecto a la Parusía de
Jesús que acontecerá cuando Dios lo crea oportuno. José fue inmensamente feliz
cuando en su pobreza fue visitado por pastores que, aunque no tenían buena prensa
entre sus hermanos de raza, festejaron junto a él y a María la Natividad del
enviado de Dios. Dios se hizo pobre una noche primaveral y enriqueció a la
Sagrada Familia y a los pastores de Galilea mientras los coros angélicos
entonaban el Gloria. 4. José sufrió intensamente la circuncisión de Jesús,
pero se alegró inmensamente al imponerle el nombre que se traduce a nuestro
idioma como Dios salva. ¿Cómo puede salvarnos Dios encarnándose en la miseria
humana? Nuestro Santo Padre se ha empeñado en redimirnos de la ceguera del
rechazo del dolor y la impotencia que absorbe nuestra capacidad de reaccionar
ante nuestro sufrimiento para que podamos creer que somos "coherederos con
Cristo, por cuanto, si ahora participamos en sus sufrimientos, también
compartiremos la gloria con él" (ROM. 8, 17). 5. José sufrió un dolor muy
agudo al escuchar la terrible predicción de Simeón respecto del sufrimiento que
habían de soportar Jesús y María, pero se gozó al saber que Jesús es para
nosotros la salvación y la resurrección de nuestras almas. 6. José sufrió
mucho cuando recibió el aviso del ángel de su sueño de que debía huir a Egipto
para salvar la vida de Jesús. El recuerdo de este relato de San Mateo puede
hacernos pensar que Dios no podía o no quería hacer nada para salvar a su Hijo,
pero si Dios quiso hacerse tan débil como nosotros, nuestro Señor tenía que ser
uno más de entre todos los niños que a lo largo de la Historia han sido
violentados de muchas formas. José pudo soportar este dolor tan amargo porque
sabía que Dios y su Hijo estaban con El y la bienaventurada María. 7. Quizá
José se sintió confuso al tener sometido al Hijo de Dios. Cuando la Sagrada
Familia volvió de Egipto a Palestina y se estableció en Nazaret, José sufrió
mucho al verse obligado a instar a su Familia a que hiciera un viaje rápido,
largo y peligroso, pero todo aquel dolor se convirtió en alegría y optimismo
cuando la Sagrada Familia se instaló en Nazaret. 8. El último de los 7 dolores
y gozos de nuestro Santo lo constituyeron la pérdida de Jesús cuando nuestro
Señor celebró su primera Pascua cuando sólo tenía 12 años, y cuando nuestro Señor
fue encontrado en el Templo. Quizá aquella experiencia le sirvió a nuestro Santo
para despertar en su corazón la esperanza respecto de que Jesús vino al mundo con
una misión que cumplir que le había sido encomendada por Dios. 9. Permitidme
concluir esta meditación pidiéndoles a los padres de familia que imiten a nuestro
José. Padres, no pretendáis que vuestros hijos sean vuestra imagen viva, recordad
que ellos son personas diferentes a vosotros. También quiero pedirles a quienes
cuidan e intentan sanar o aliviar a los enfermos que imiten a José para que
quienes están muy graves puedan llegar al cielo con la satisfacción de haber sido
amados. A quienes se dedican a preparar a los nuevos sacerdotes les pido que
sigan realizando esa labor tan importante que llevan a cabo para que cada día
falten menos vocaciones sacerdotales en un mundo en el que los ministros de
Cristo son tan necesarios.
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