Estimados hermanos y amigos:
"Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (1
COR. 1, 3).
Todos los días acontecen hechos en el mundo que nos demuestran que nosotros
no podemos alcanzar la plenitud de la felicidad por nuestros propios medios. A
pesar de que la humanidad ha avanzado a lo largo de la Historia en muchos
aspectos, la mayoría de los habitantes de nuestro planeta siguen muriéndose de
hambre, porque los recursos de que disponemos en nuestra tierra para sobrevivir
no están siendo utilizados justamente. Vivimos en un tiempo en el que tenemos
muchas formas de comunicarnos con nuestros prójimos, pero vivimos más aislados
que nunca. Se han hecho descubrimientos científicos muy importantes y gracias a
ello en nuestro tiempo se pueden curar muchas enfermedades, pero muchas personas
siguen afectadas por su egoísmo. En el tiempo en que seguimos esperando que
nuestro Padre común instaure plenamente su Reino y haga desaparecer nuestros
padecimientos actuales, los cristianos recordamos las palabras de la profecía
del tercero de los Profetas mayores: "Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo
pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne,
y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis
decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios" (EZ.
11, 19-20). Después de haberme visto obligado a pasar mucho tiempo lejos de
vosotros, os escribo nuevamente para invitaros a que nos unamos para recordar la
principal enseñanza de Jesús: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra" (MT. 6, 10). Jesús nos ha enseñado a esperar el
día en que acabe el tiempo que tenemos para aumentar nuestra fe en medio de las
dificultades que caracterizan nuestra vida. Jesús nos ha enseñado que no
podremos ser plenamente felices hasta que se efectúe la voluntad de nuestro
Padre en el cielo y en la tierra. Es necesario que se efectúe la voluntad de
Dios en el mundo porque nosotros no amamos a nuestros prójimos como deberíamos
hacerlo ni tenemos el poder que necesitamos para acabar con las injusticias que
se cometen en nuestro mundo diariamente. Pablo les escribió a los Romanos: "Y de
igual manera el Espíritu (Santo) nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos
de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos indecibles" (ROM. 8, 26). Si no leemos la Biblia todos los
días, puede sucedernos que las circunstancias que vivimos nos hagan olvidar lo
que realmente hemos de pedirle a nuestro Padre común cuando oramos, porque ello
es más necesario que un coche nuevo, unas vacaciones en la playa o el hecho de
que nos toque la lotería.
En esta oportunidad que Dios me ha dado para escribiros deseo pediros que me
dejéis enviaros mi boletín semanal nuevamente, porque deseo seguir compartiendo
mis meditaciones dominicales con vosotros. También os ruego oréis por mi mujer y
por mí, porque nos hemos quedado sin trabajo, y, siendo ambos ciegos, sólo
podemos pedirle clemencia a Dios, y esperar a que el Gobierno central o la Junta
de Andalucía nos den una ayuda económica para que podamos seguir viviendo. No sé
cuánto tiempo voy a estar con vosotros, pero quiero tener fe, y creer que no me
volveré a separar de vosotros. Mientras me sea posible estar con vosotros, os
doy mi cuenta de chat de Skype:
trigodedios
y mi otra cuenta de chat en Msn Mesenjer:
amigosdetrigodedios@hotmail.com
y la cuenta de correo electrónico:
joseportilloperez@telefonica.net
para que me escribáis para mejorar mis meditaciones, para decirme si no
estáis de acuerdo con algo que os haya escrito, o para hacerme una crítica
constructiva.
recibid un cordial saludo.