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PADRE NUESTRO

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Asunto:padrenuestro Domingo XVII Ordinario a.
Fecha:Jueves, 24 de Julio, 2008  13:27:34 (+0200)
Autor:joseportilloperez <joseportilloperez @..........net>

Preparaos para recibir al Rey que viene a salvarnos.

1. La sabiduría y el discernimiento.

En el diccionario de la R. A. E., encontramos la siguiente definición de la sabiduría: "Conducta prudente en la vida o en los negocios". La sabiduría cristiana es práctica, así pues, cuanto más meditamos la Palabra de Dios y ponemos en práctica el conocimiento que adquirimos al leer la Biblia, estamos más capacitados para rechazar todo lo que nuestro Padre común no aprueba. en la primera lectura que estamos meditando en esta ocasión, leemos: "Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?" (1 REY. 3, 7-9).

Al recordar la humildad del hijo de David y Betsabé, deberíamos preguntarnos: ¿tiene alguna aplicación para nuestra vida el texto que estamos meditando? Los religiosos necesitáis sabiduría para predicar la Palabra de Dios, pues, de alguna manera, tenéis que velar por la salvación de las almas que os han sido encomendadas. Es cierto que Jesús dijo: "Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece" (JN. 15, 18-19). A pesar de que no somos del mundo porque vivimos como peregrinos que por fe esperamos que venga Cristo nuevamente a nuestro encuentro, no podemos olvidar que tenemos el deber de hacer que el mundo conozca nuestra esperanza. Los padres necesitáis sabiduría para educar a vuestros hijos, pues ellos deben adquirir una buena formación académica, deben responsabilizarse con respecto a sus deberes, tienen que ser buenos trabajadores, y tienen también que ser buenos cristianos. Los jóvenes debéis adquirir sabiduría para no desviaros del camino que tenéis que recorrer como buenos hijos de nuestro Padre común. considerad los siguientes versículos bíblicos:

El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta;

el que reprende al impío, se atrae mancha.

No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca;

corrige al sabio, y te amará.

Da al sabio, y será más sabio;

enseña al justo, y aumentará su saber.

El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,

y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia" (PR. 9, 7-10).

En el Exodo encontramos las siguientes palabras de Dios: "No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos" (EX. 20, 3-6).

¿Por qué es importante el hecho de que vivamos en la presencia de nuestro Padre común como El lo desea, es decir, imitando a Jesús, a cuya imagen física fuimos creados? Nosotros por nuestros propios medios somos incapaces de curar todas las enfermedades, exterminar la muerte, y de crear un mundo en el que todos podamos ser plenamente felices, sin que el egoísmo de ninguna persona perjudique a nadie. Si no vivimos imitando a Jesús, ello significa que no creemos en dios, y, por lo tanto, no deseamos vivir en el paraíso en que Dios transformará la tierra al final de los tiempos. A estas alturas, no necesitamos que nadie nos explique las siguientes palabras de Jesús: "Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer (pecar), sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno" (MT. 5, 29). El dinero es la sangre del mundo. Esto lo sabemos bien quienes tenemos dificultades económicas. A pesar de ello, ¿puede comprarse el amor verdadero con dinero? Recordemos las impactantes palabras del Mesías: "Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (MT. 16, 26).

2. La parábola del sembrador.

"Y (Jesús) les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron... Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino" (MT. 13, 3-4 y 19). A pesar de que estamos capacitados para obtener buenas conclusiones de la lectura de la Biblia, necesitamos ayuda para que se nos interprete correctamente la Palabra de Dios, con el fin de que podamos comprender plenamente el designio de nuestro Creador. Si deseamos crecer espiritualmente, si alguna vez hemos sido llenos de gozo por causa de nuestra fe, no debemos dejar que Satanás nos impida que sigamos conociendo a nuestro Padre común. Si tenemos tiempo para trabajar y para divertirnos porque ello es importante para nosotros, si valoramos nuestra fe, ¿cómo es posible que carezcamos del tiempo que necesitamos para aumentar nuestra fe en nuestro Padre común?

"Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol se quemó; y porque no tenía raíz, se secó... Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza" (MT. 13, 5-6 y 20-21). Recuerdo que cuando trabajé como catequista en una pequeña iglesia hace muchos años logré que uno de mis amigos se interesara por la Palabra de Dios y que por lo tanto leyera los cuatro Evangelios y asistiera a las celebraciones litúrgicas. Ambos éramos adolescentes y nuestros padres no veían como bueno el hecho de que manifestáramos nuestra fe participando activamente en las celebraciones eucarísticas. Mi amigo se alegró mucho de conocer a Dios y ello fue para él muy beneficioso, pero, sin embargo, no pudo resistir la presión que sus familiares ejercieron contra él, de manera que, cuando yo dejé de trabajar en esa iglesia porque me fui a vivir a otro pueblo, él también se alejó del templo. Recuerdo también el caso de una mujer con la que tuve la oportunidad de vivir intensamente unos ejercicios espirituales, la cuál, se alegró inmensamente de conocer a Dios, salió del convento en que estuvimos durante tres días diciéndonos a todos los que estábamos allí que iba a conseguir que todos sus familiares y amigos se hicieran creyentes en Dios, y, una semana después me encontré con ella, y me di cuenta de que no había podido resistir la presión que ejercieron contra ella aquellos a quienes ella quería haber evangelizado. Espero que vosotros nunca hayáis experimentado la situación de haber sido tenidos por bichos raros por quienes no comprenden nuestra fe. recordad otra vez las palabras de JN. 15, 18-19.

"Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron... El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa" (MT. 13, 7 y 22). Es bueno que tengamos tiempo para realizar nuestras tareas hogareñas, para hablar con nuestros amigos, para relacionarnos con nuestros compañeros de trabajo y para fortalecer nuestra fe. Sé que muchos de nosotros hemos estudiado y trabajado mucho, hasta el punto de olvidarnos de Dios y de no relacionarnos con nuestros familiares y amigos. Esto puede habernos sucedido, bien por causa de nuestra ambición, o por habernos visto obligados a mantener nuestra única fuente de ingresos, sin la cuál no hubiéramos podido sobrevivir ni conseguir todo lo que hemos conseguido. A pesar de estas situaciones cuya vivencia siempre nos hace infelices, es importante que no olvidemos a nuestro Padre común. Recordad siempre las palabras del Apóstol: "Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones" (ST. 4, 8). ¿Qué garantía tenemos de que Dios se apiadará de nosotros y nos hará felices más allá de nuestras dificultades actuales? "Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?" (NUM. 23, 19). Sabemos que Dios no miente, y el hecho de permitir el sacrificio de su Hijo, nos ayuda a comprender que nuestro Creador nunca nos abandonará. En el último libro de la Biblia leemos: "TE damos gracias, Señor Dios todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra" (AP. 11, 17-18).

"Considera al íntegro, y mira al justo;

porque hay un final dichoso para el hombre de paz" (SAL. 37, 37).

"Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno... Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y y a treinta por uno" (MT. 13, 8 y 23). Es importante que recordemos que no seremos salvos por el valor de nuestras obras, sino por causa de la fe que tenemos en Dios. El hecho de estar leyendo esta meditación puede significar que queremos ser buenos servidores de nuestro Padre común.

Parábola del trigo y la cizaña.

La parábola que está escrita en MT. 13, 24-30, puede ser meditada teniendo en cuenta la reflexión que hemos hecho con respecto a JN. 15, 18-19. "Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue" (MT. 13, 24-25). Si cuando Dios hizo el mundo nuestro Padre común dijo que todo lo había hecho bien, ¿de dónde salió el mal? Si aceptamos como válido el hecho de que Adán y Eva fueron engañados por Satanás, en el estado en que ellos se encontraban en que eran perfectos hasta el punto de que no eran afectados por las enfermedades ni por la muerte, ¿cómo es posible que nuestros primeros padres se dejaran debilitar por el pecado con tanta facilidad? Por otra parte, si Dios sabía que Satanás se iba a convertir en su mayor enemigo, ¿por qué creó aquél ángel que se encargó de asesinar a su Hijo por mediación de judíos y romanos? Si Dios nos hubiera evitado el padecimiento que caracteriza la vida de muchas personas, no estaríamos capacitados para valorar el amor con que nuestro Padre común se nos manifiesta todos los días de nuestra vida. Intentemos practicar nuestra sabiduría bíblica aprendida de Dios y discernamos el bien del mal, para que el diablo no nos coja desprevenidos, y siga sembrando cizaña en nuestro entorno.

"Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero" (MT. 13, 26-30). En este tiempo aún no debe ser exterminado el mal del mundo, porque muchos injustos aún tienen la oportunidad de convertirse y ser salvos, y no es conveniente que se debilite la débil fe de los que aún dudan con respecto a la existencia de nuestro Padre común. ¿Queréis que se dejen de cometer injusticias en el mundo? No está en nuestras manos el hecho de exterminar el mal del mundo, pero no hemos de olvidar que Dios aún está comisionando a sus mejores servidores para que den a conocer su Palabra en condiciones favorables y desfavorables para ellos, y que nosotros podemos contarnos entre los predicadores del Reino de Dios.

Parábola de la semilla de mostaza.

"Otra parábola les refirió, diciendo: el reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas" (MT. 13, 31-32). Aunque nosotros no podemos hacer nada para tener fe porque es Dios quien nos llama cuando sabe que no lo vamos a rechazar, si queremos vivir en la presencia de nuestro Padre común, podemos esforzarnos para que El nos aumente la primera de las virtudes teologales. A nivel individual, podemos leer libros en cuyas páginas se interpretan textos bíblicos, podemos buscar a alguna persona que nos ayude a fortalecer nuestra fe, podemos integrarnos en congregaciones de cristianos, asistir al culto o servicio sagrado, y muchas más cosas. De un día a otro no notaremos que nuestra fe es más firme y segura, pero ello será posible con el paso del tiempo. La fe que nace en un mar de dudas puede fortalecerse hasta el punto de que quien la posee puede estar dispuesto a sacrificar su vida antes de afirmar que Dios no existe.

El conocimiento de Dios está representado por un tesoro o por una perla de gran valor. No merece la pena, sino la vida, renunciar a ciertos placeres del mundo para adquirir el conocimiento que nos alcanzará la vida eterna.


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