eGrupos Logo
Inicio > Mi Página > Mis Grupos > padrenuestro > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 921 al 938 
AsuntoAutor
Inmaculada Concepc José Por
Domingo III de Adv TRIGODED
Domingo IV de Advi José Por
Vigilia de Navidad José Por
Misa de media noch José Por
Misa de la Aurora José Por
Misa del día de Na José Por
Misa de San Esteba José Por
San Juan, Apóstol José Por
Sagrada Familia. José Por
Año nuevo. José Por
Epifanía del Señor José Por
Bautismo del Señor José Por
Domingo II Ordinar José Por
Domingo III Ordina José Por
Domingo IV del cic José Por
Domingo V Ordinari José Por
Domingo VI Ordinar José Por
 << 20 ant. | -- ---- >>
 
PADRE NUESTRO

Mostrando mensaje 748     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:padrenuestro EPIFANÍA DEL SEÑOR, CICLO C
Fecha: 28 de Diciembre, 2008  13:44:41 (+0100)
Autor:TRIGODEDIOS <loli627167575 @.....com>

Navidad.

El Bautismo del Señor, ciclo c.

Hoy vamos a concluir la celebración de la Navidad cristiana, dado que en unos países la Navidad social concluyó el día uno de enero y en otros el día 6 del presente mes. La Navidad social ha podido ser feliz y productiva para nosotros si hemos logrado mejorar las relaciones que mantenemos con nuestros familiares y amigos. Si la Navidad cristiana nos ha servido para algo más que recordar una tradición anual, independientemente de que seamos ricos o pobres, ello significa que hemos constatado que se ha aumentado nuestra fe, y que nos sentimos capacitados para realizarnos como personas cristianas, alcanzando metas difíciles y superando obstáculos. La Navidad social ha terminado, así pues, ya finalizaron las reuniones familiares que tan felices nos han hecho porque durante las mismas hemos visto a quienes amamos y durante el resto del año viven lejos de nosotros, pero, de alguna manera, aunque a partir de mañana empezamos a vivir la primera parte del tiempo ordinario, aún no concluirá la celebración de este periodo tan especial para quienes creemos en el Dios de los cristianos. Precisamente, el hecho de conmemorar el Bautismo de nuestro Señor, nos recuerda que nuestra fe no es un don únicamente, pues también es un compromiso. Jesús recibió el bautismo de San Juan el Bautista, un rito mediante el cuál los judíos le pedían a Dios perdón por causa de los pecados que habían cometido, y se preparaban a recibir al Mesías, pero, el Bautismo sacramental, es más que una petición de perdón, como veremos en esta meditación, con la que me gustaría que todos pensemos en prolongar esta celebración todos los días de nuestra vida, pues, para quienes creemos en Dios, todos los días son especiales, porque son oportunidades que tenemos de aumentar nuestra fe, a través de la vivencia del cumplimiento de la Ley divina.

¿Qué es el Bautismo cristiano? El Bautismo cristiano es el primero de los siete Sacramentos de la Iglesia. Este rito de iniciación a la vida cristiana es un signo del amor con que Dios nos acoge a quienes, sin duda alguna, somos inferiores a El, y no hemos hecho nada para que El haya hecho de nosotros miembros de su familia. La palabra bautismo viene del Griego baptein, y significa sumergir. Este Sacramento se administra con agua en el nombre de la Trinidad Beatísima (tal como se hace en nuestra Iglesia) o en el nombre de Cristo.

El Bautismo cristiano se basa en la tradición judía, que consideraba el agua como un elemento purificador, que simbolizaba la liberación del alma del pecado. Un ejemplo de la utilización del agua como limpieza ritual, puede leerse en LV. 11, 25:40. Jesús les ordenó a sus Apóstoles que se esforzaran para que sus creyentes fueran bautizados: "Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (MT. 28, 19:20). Jesús deseaba que quienes creyeran en El fueran hijos de Dios por la recepción del Bautismo, pero también deseaba que sus nuevos seguidores fueran convenientemente formados para dar testimonio de su fe y para vivir en conformidad con la enseñanza recibida. Esta es la razón por la que San Pablo escribió: "Cristo mismo ha sido quien nos ha instalado, mediante la fe, en esta situación de gracia en que vivimos y nos hace poner nuestra honra en la esperanza de participar en la gracia de Dios" (ROM. 5, 2). En virtud del compromiso que es el Bautismo, leemos en el Catecismo de la Iglesia católica: "Los bautizados "por su nuevo nacimiento como hijos de Dios están obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia" (LG 11) y de participar en la actividad apostólica y misionera del pueblo de Dios (cf LG 17; AG 7, 23)" (Catecismo de la Iglesia Católica, 1270). Desgraciadamente, la recepción de los Sacramentos es comparable a las celebraciones sociales de Navidad, es decir, se reduce a celebraciones materiales, las cuales se viven después de representar escenas teatrales en las iglesias. Por nuestra fe, muchos cristianos no nos bautizamos pidiéndole a Dios que nos salve, sino que nos capacite para que, por nuestro medio, lleguen a desear ser sus hijos quienes no han podido o no han querido creer en El en el pasado, por no comprender bien su Palabra, o por haberse visto desilusionados por causa del mal ejemplo de los cristianos que les han rodeado.

San Pablo introdujo una novedad en su doctrina con respecto a la visión del Bautismo, así pues, este Sacramento no era para él únicamente un símbolo de la purificación espiritual, pues también significaba que, los que se bautizaban, al ser sumergidos en el agua, morían con Cristo simbólicamente, y resucitaban con el señor posteriormente a la recepción del Sacramento. "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte con el bautismo, a fin de que como cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva" (ROM. 6, 3:4).

A través del Bautismo nos disponemos a recibir los dones del Espíritu Santo: "Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús; y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban" (HCH. 19, 5:6). "Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema (maldición) a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo" (1 COR. 12, 3). "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (ROM. 8, 26).

El Bautismo es la renuncia a todo lo que se opone a la realización del designio salvador de Dios. "Fuego vine a echar en la tierra -dijo Jesús en cierta ocasión-; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido? DE un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡me angustio hasta que se cumpla!" (LC. 12, 49:50). Si nos ponemos de parte de Jesús, El nos dirá las mismas palabras que les dijo a los hijos de Zebedeo cuando, acompañados de su madre, le pidieron que, en el cielo, los sentara, el uno a su izquierda, y el otro a su derecha: "No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Ellos dijeron: Podemos" (MC. 10, 38:39a). Nosotros podemos ser felices como lo fue nuestro Señor cuando se sintió amado por Dios y por quienes lo rodeaban, y podemos sufrir como sufrió El durante las horas que se prolongó su Pasión. No podemos ser cristianos felices hasta que llegamos a comprender que las espinas son las que hacen que las rosas mantengan su belleza. La mayoría de los habitantes del mundo saben perfectamente que Dios existe, pero se niegan a seguirlo porque no quieren vivir sometidos al cumplimiento de la voluntad del Todopoderoso, porque no han aprendido que dar es más importante que recibir, así pues, creen en Dios aunque no acepten el hecho de cumplir sus Mandamientos, pero no creen en los hombres.

El Bautismo nos hace vivir la nueva vida de los hijos de Dios, una existencia que se prolongará para siempre, a pesar de que en este tiempo somos limitados en muchos aspectos. "DE modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba con Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación" (2 COR. 5, 17:19). Si el Bautismo nos hace vivir la vida de la gracia, el citado nacimiento nos convierte en nuevas criaturas espirituales, cuya vida se desarrolla por la vivencia de su fe. "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación" (GAL. 6, 14:15). "El que se gloría, gloríese en el Señor" (1 COR. 1, 31). La Trinidad Beatísima es el centro de la vida de los cristianos.

Es importante que, al abrazar la nueva vida de la gracia, nos olvidemos de todo aquello que nos dañe de alguna manera a nosotros o a nuestros prójimos: "Pero cuando se manifestó la gloria de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración (el Bautismo) y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras" (TT. 3, 4:8).

¿Pueden salvarse quienes no se han bautizado? Esta cuestión es muy polémica, así pues, Jesús le dijo a Nicodemo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios" (JN. 3, 5). "El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (MC. 16, 16). Desgraciadamente esta cuestión tan polémica fue utilizada por los fariseos y lo ha sido y seguirá siendo por muchos predicadores sectarios que se jactan de ser los preferidos de Dios, y no son nada más que los hermanos mayores de aquél hijo pródigo que reconoció ante su Padre y Dios que hizo justo lo que no debía haber hecho, mientras ellos actúan egoístamente por ganar la vida eterna, y creen que la salvación les pertenece por su propia justicia. Este tema se hace más controvertido si consideramos que muchas veces quienes carecen de fe son mejores personas que muchos cristianos, un hecho que se podría considerar normal porque los cristianos al fin y al cabo somos personas imperfectas, pero nosotros tenemos el libro del amor por antonomasia cuyas normas no sigue todo el mundo, y, sin embargo, a veces fallamos más que muchos no creyentes.

Aunque el Bautismo es necesario para vivir la vida de los hijos de Dios ya desde nuestras circunstancias actuales, el Catecismo de la Iglesia arroja luz sobre la pregunta que estamos intentando responder: "El Señor mismo afirma que el Bautismo es necesario para la salvación (cf Jn3,5). Por ello mandó a sus discípulos a anunciar el Evangelio y bautizar a todas las naciones (cf Mt 28, 19-20; cf DS 1618; LG 14; AG 5). El Bautismo es necesario para la salvación en aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento (nadie puede ser llamado pecador si no tiene plena conciencia de que sus obras son malas, y por tanto no se le puede negar la salvación a quien ignora su pecado porque su conocimiento no le hace culpable de lo que no quiere remediar conscientemente sabiendo que ello contradice a Dios) (cf Mc 16,16). La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna; por eso está obligada a no descuidar la misión que ha recibido del Señor de hacer "renacer del agua y del Espíritu" a todos los que pueden ser bautizados. Dios ha vinculado la salvación (de quienes adquieren el conocimiento de su Palabra) al sacramento del Bautismo, pero su intervención salvífica no queda reducida a los sacramentos" (Catecismo de la Iglesia Católica, 1257).

Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestro Padre común que nos fortalezca la fe para que no se enfríen nuestros amor y ánimo, para que vivamos en conformidad con el cumplimiento de su voluntad, y hagamos de la tierra un paraíso de luz, paz y armonía, mientras esperamos que Jesús venga nuevamente a concluir la instauración de su Reino entre nosotros.





Ve, guarda y comparte lo que te interesa en la red
Crear o visitar páginas a las que puedes añadir aquellas cosas interesantes que te encuentras porla web. ¿A qué esperas?
es.corank.com

Inicio | Apúntate | Blogs | Bazar | Grupos | Gente | Fotos | Videos | Quienes somos | Privacidad de Datos | Contacta

eGrupos es un servicio de AR Networks
Copyright © 1999-2012 AR Networks, Todos los derechos reservados
Terminos del Servicio