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PADRE NUESTRO

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Asunto:padrenuestro DOMINGO IV ORDINARIO, CICLO B
Fecha:Miercoles, 21 de Enero, 2009  18:56:29 (+0100)
Autor:José Portillo Pérez <loli627167575 @.....com>

   Domingo III Ordinario del ciclo B, año 2009.

 

   Arrepentíos y creed en el Evangelio.

 

   1. La conversión.

 

   En el capítulo tres de la profecía de Jonás encontramos una frase muy llamativa: "De aquí a cuarenta días será Nínive destruida" (JON. 3, 4). ¿Cuál era la causa que justificaba dicha amenaza? Dios le dijo a su profeta: "Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí" (JON. 1, 2). Al recordar la meditación de las lecturas eucarísticas del Domingo anterior que os propuse, me pregunto: ¿Conocían los ninivitas a Dios, para que el hecho de su desobediencia consciente y culpable por cuanto ignoraron a Dios fuera castigada con la muerte de ellos? ¿Existen otros episodios bíblicos similares al texto del Profeta Jonás? Recordemos la causa por la que la tierra fue inundada en tiempos de Noé: "Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra" (GN. 6, 13). Recordemos también la causa que justificó la catástrofe que arrasó las ciudades de la Pentápolis, exceptuando a la ciudad de Zoar: "Porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ah enviado para destruirlo" (GN. 19, 13). Jesús también dijo con respecto a los habitantes de unas ciudades que no creyeron su mensaje de salvación: "¡-Ay de ti, Corazón! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han realizado en medio de vosotras, ya hace mucho tiempo que sus habitantes se habrían convertido, y lo habrían demostrado con luto y ceniza" (MT. 11, 21). Los acontecimientos que estamos meditando están relacionados con nuestra conversión, porque, si no morimos al pecado, y aceptamos a nuestro Padre común, no podremos tener la dicha de ser sus hijos, ni de vivir en su presencia, porque, aunque Dios no nos abandona, no podemos valorar lo que desconocemos. Aunque para nosotros son hombres justos los varones que practican la justicia, en la Biblia la palabra justo es sinónimo de creyente en Dios, porque "si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia (alcanzar la amistad de Dios), pero con la boca se confiesa para salvación" (ROM. 10, 9-10). Los cristianos no tenemos inconveniente alguno en asociar el significado de la palabra justo con quienes practican la justicia, ya que la citada práctica tiene que caracterizar a los hijos de Dios.

   San Pablo nos dice claramente que la conversión es un cambio de vida, el cuál es simbolizado por las destrucciones de que se informa en la Biblia, ya que es un giro radical. "¿No sabéis que, al ser vinculados a Cristo por medio del bautismo, fuimos vinculados también a su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, quedando asimilados a su muerte. Por tanto, si Cristo venció a la muerte resucitando por el glorioso poder del Padre, preciso es que también nosotros emprendamos una vida nueva" (ROM. 6, 3-4).

   San Pablo le escribió unas palabras muy útiles a Timoteo, las cuales nos sirven a quienes predicamos para tratar este tema con delicadeza, ya que son muchos los que les inculcan un miedo irracional a sus adeptos con respecto al hecho de que serán condenados si no se unen a ellos, y a quienes sois padres, porque nunca nos viene mal aprender la pedagogía de Dios: "Quien sirve al Señor no puede ser pendenciero; al contrario, debe ser amable con todos, buen educador y sufrido. Ha de corregir con dulzura a los contradictores. ¡Quien sabe si no les concederá Dios ocasión de convertirse y conocer la verdad; quien sabe si no entrarán en razón y conseguirán escapar de la trampa en que el diablo les tiene atrapados y sometidos a su antojo!" (2 TIM. 2, 24-26). Yo no creo en el demonio, -tengo que ser sincero con vosotros-, pero no soy partidario del hecho de utilizar el miedo para coaccionar a ninguna persona para que se vea obligada a abrazar la fe.

 

   2. ¿SE acerca el fin del mundo?

 

   San Pablo nos ha dicho en la segunda lectura correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando: "... Porque todo el montaje de este mundo está en trance de acabar" (1 COR. 7, 31). ¿Debemos interpretar literalmente las palabras del Apóstol, o debemos verlas desde el punto de vista del lenguaje de los símbolos apocalípticos? No nos hace falta recurrir a la Biblia para averiguar esta realidad, porque los científicos ya se han percatado de ello, de hecho, San Pedro escribió en su segunda Carta: "Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. Entonces los cielos se derrumbarán con estrépito, los elementos del mundo quedarán pulverizados por el fuego y desaparecerá la tierra con cuanto hay en ella" (2 PE. 3, 10).

   Si el mundo está destinado a ser destruido, ¿Qué sucederá con quienes vivan al final de los tiempos? Los Profetas menores tenían un mensaje que transmitirles a sus oyentes:

El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre,

antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.

Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo;

porque en el monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado" (JL. 2, 31-32).

   Con respecto al fin del mundo nos surgen muchas preguntas que no son respondidas en la Biblia, así pues, más que una crónica exacta de los sucesos concernientes a la historia de la humanidad, Dios pretende que veamos en el libro que contiene su Palabra un mensaje destinado a fortalecer nuestra fe, pues en él leemos: "Timoteo, hijo mío, éste es el encargo que te dejo de acuerdo con las palabras proféticas en su día pronunciadas sobre ti: combate, estimulado por ellas, con bravura; conserva la fe, mantén limpia la conciencia. Por descuidar esta última, algunos naufragaron en la fe" (1 TIM. 1, 18-19).

 

   3. ¿Qué significa el hecho referente a que el Reino de Dios está cerca de nosotros?

 

   En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice: "-El tiempo ha llegado y el reino de Dios ya está cerca. Convertíos y creed en el mensaje de salvación" (MC. 1, 15). Jesús tuvo razón cuando dijo: ""El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: "Vedlo aquí o allá", porque el Reino de Dios ya está entre vosotros" (LC. 17, 20-21). El Catecismo de la Iglesia, en el número 541, nos informa de la cercanía del Reino que Jesús inauguró: ""Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1, 15). "Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los cielos" (lG 3). Pues bien, la voluntad del Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida divina" (lG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra "el germen y el comienzo de este Reino" (LG 5)".

   El Reino de Dios no es un espacio geográfico, sino el estado que viven quienes se convierten a nuestro Criador de corazón, es decir, quienes se confían al Altísimo sin reservas. El Reino de Dios es importante porque, el Dios Uno y Trino, nuestro Rey, nos concede, según nos convertimos al Evangelio predicado por Jesús, los valores que caracterizan nuestra vida y las relaciones que mantenemos en el medio en que vivimos. Los cristianos no aspiramos a vivir en el citado estado de felicidad solos, pues queremos estar en la presencia de Dios como comunidad visible fundada por Cristo Resucitado. El Reino de Dios es el eje central del Evangelio, por consiguiente, el Padre nuestro comienza con estas palabras: "Padre nuestro, que estás en los cielos; santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo" (MT. 6, 9:10). Si Dios es el sentido de nuestra vida, debemos santificar su nombre, es decir, tenemos que demostrarle al mundo que Dios es Santo por medio de la profesión de nuestra fe y de las buenas obras que podemos hacer, tenemos que desear que culmine la instauración de su Reino en el mundo con el fin de que extermine las miserias que enturbian la felicidad de la humanidad, y, para que esto ocurra, deseamos que se haga la voluntad de nuestro Padre común, de igual manera que se cumple cabalmente en el cielo.

   ¿Cuándo inauguró Jesús el Reino de Dios? Jesús inauguró su Reino cuando subió al cielo después de su Resurrección, y se sentó a la diestra del Padre, según leemos en el número 664 del Catecismo: "Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: "A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dn 7, 14). A partir de este momento, los apóstoles se convirtieron en los testigos del "Reino que no tendrá fin" (Símbolo de Nicea-Constantinopla)."

   Concluyamos esta meditación considerando algunos de los versículos bíblicos mencionados en el número 764 del Catecismo:

   Paradójicamente, el Reino de Dios no está constituido por grandes muchedumbres, sino por un pequeño rebaño de pecadores, enfermos, ancianos, pobres y desamparados, a quienes Jesús les dice: ""No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón"" (LC. 12, 32-34). SE nos ha dicho muchas veces que los pobres son los hijos preferidos de Dios, y, en efecto, quienes carecen de bienes o salud, se aferran más a la fe que quienes no tienen carencias, pero los humildes miembros del pequeño rebaño no tienen por qué ser pobres ni ricos, dado que en ciertas ocasiones los pobres en términos económicos son ricos en fe, y, los ricos en el plano material, son pobres espiritualmente hablando, así pues, son humildes quienes reconocen sus limitaciones, y por ello se saben necesitados de Dios para alcanzar el estado de felicidad llamado Reino de Dios. Jesús consuela a quienes sufren, pero no por causa del sufrimiento de ellos deja de exigirles que vendan sus pertenencias, es decir, que cambien de vida gradualmente, a fin de que se conviertan totalmente al Evangelio.

   ¿Cómo tienen que actuar los hijos de Dios en el mundo, con el fin de cumplir sus obligaciones sin dejar de obedecer a Dios, aún en los casos en que se les fuerce a hacer lo que no quieren llevar a cabo, porque ello significa actuar contra su conciencia? "Yo os envío como ovejas en medio de lobos. Por eso, sed astutos como serpientes, aunque también inocentes como palomas" (MT. 10, 16).

   Jesús es el Buen Pastor del pequeño rebaño. "Yo soy el buen pastor. Como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre, así conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Y doy mi vida por mis ovejas" (JN. 10, 14-15).

   Los cristianos son hermanos de Jesús. En cierta ocasión en que María y sus hijos o parientes fueron a ver a Jesús, y el Señor supo que sus familiares querían hablarle, les dijo a sus oyentes, señalando a sus discípulos: "-Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre" (MT. 12, 49-50). ¿Por qué no dijo Jesús con respecto a los hombres que cumplen la Ley de Dios que son sus padres? "Ni tampoco llaméis "padre" a nadie en este mundo, porque vuestro único padre es el que está en el cielo" (MT. 23, 8). En el tiempo en que vivió Jesús en Palestina, cuando los niños cumplían su quinto año de vida, eran entregados por sus madres a los padres, los cuales concluían la educación de los mismos. Jesús no quiere que llamemos padre a nadie que pueda hacer las veces de Dios.

   Concluyamos esta meditación pidiéndole a Jesús que concluya pronto la instauración del Reino mesiánico en el mundo.

 

José Portillo Pérez.
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Correo electrónico:
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