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 | | Asunto: | padrenuestro DOMINGO IV ORDINARIO CICLO B | | Fecha: | 29 de Enero, 2009 18:14:22 (+0100) | | Autor: | TRIGODEDIOS <loli627167575 @.....com>
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Domingo IV Ordinario del ciclo B, año 2009
Los profetas.
¿De qué criterio se valen tanto los judíos como los cristianos para
creer que la Palabra de Dios que se contiene en la Biblia no fue falseada por
quienes escribieron la Palabra de Dios? Aunque en cierta forma podemos decir que
todos los textos bíblicos fueron útiles para quienes vivieron cuando los mismos
fueron escritos de la misma manera que lo han sido y lo seguirán siendo tanto
para nosotros como para quienes vivan después de que fallezcamos, dichos textos
no deben ser juzgados desde nuestro punto de vista actual, dado que los mismos se
compusieron en determinados tiempos, por lo que han de ser interpretados desde el
punto de vista de sus autores, y desde la óptica de los lectores inmediatos de
los mismos. Si conocemos las circunstancias históricas que vivieron los lectores
para los que en un principio fueron escritos dichos textos, podremos
interpretarlos de manera que comprenderemos algunos episodios que en nuestro
tiempo parecen descabellados, así pues, un ejemplo de ello, es el hecho de que
Jesús fuera odiado por sus enemigos, hasta el punto de que los tales condenaran a
nuestro Señor a muerte, por decir de Sí mismo que es Hijo de Dios, ya que ellos
pensaban que, al ser Dios un ser espiritual, no puede reproducirse, hecho por el
cuál consideraban que Jesús era un blasfemo. Si interpretamos la Biblia
ateniéndonos únicamente a nuestra forma de pensar característica de la cultura de
nuestro tiempo, constataremos que la Palabra de Dios no es más que un libro sin
sentido, cargado de símbolos difíciles de interpretar, escrito bajo la
inspiración de un Dios injusto, egoísta y celoso, carente de interés en hacerse
comprender por sus adeptos.
Un profeta es un heraldo que les habla a sus oyentes en lugar de Dios,
les interpreta a los mismos los mensajes que recibe del Todopoderoso, y, si Dios
lo quiere, también ejerce como vidente, es decir, anuncia e interpreta los
acontecimientos del futuro.
En el GN. se habla de Abraham anunciando que es un profeta, así pues,
Dios advirtió a Abimelec para que no mantuviera relaciones sexuales con Sara,
cuando esta dijo de sí misma que era hermana de Abraham, con el fin de que el
mismo respetara la vida del primero de los Patriarcas de Israel, en los términos
que siguen: "Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y
orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y
todos los tuyos" (GN. 20, 7). Si Dios protege a quienes lo sirven, no hemos de
olvidar estas palabras de Jesús. "Aquel siervo que conociendo la voluntad de su
señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas
el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque aquel
a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya
confiado, más se le pedirá" (LC. 12, 47-48). Cuando Jesús nos juzgue al final de
los tiempos, a todos nos exigirá que le rindamos cuenta con respecto a lo que
hemos hecho con los dones y virtudes que hemos recibido de nuestro Padre común.
Cuanto más grande es nuestra fe, más protegidos nos sentimos por Dios, pero, al
mismo tiempo que sentimos que nuestro Padre está con nosotros, más impetuoso es
el deber que tenemos de predicar, no por salvar el alma, pues es de bien nacidos
el ser agradecidos, según reza un refrán español.
¿Por qué dijo Dios con respecto a Abraham que el padre de Isaac era
profeta? Dios se le reveló a Abraham. Un ejemplo de dicha revelación aconteció
cuando el marido de Sara intercedió por las ciudades de la Pentápolis, pues las
mismas fueron arrasadas por causa de los pecados que cometían quienes habitaban
en ellas. "Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de
ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas
las naciones de la tierra? Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa
después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para
que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de El (el
cumplimiento de la promesa de hacer su prole incontable)" (GN. 18, 17-19). Dios
le ofreció a Abraham la posibilidad de engrandecerlo a él y a su descendencia si
ejercía fe en el Altísimo, es decir, si Abraham creía que Dios iba a cumplir la
promesa que le hizo, impulsado por su fe, tenía que transmitirles sus
convicciones a Isaac, a sus familiares, a sus amigos y a sus siervos.
Los profetas no son semejantes a los educadores que les dan una charla a
sus pupilos para despreocuparse posteriormente de la formación académica de los
mismos, así pues, son llamados a velar constantemente por la salvación de las
almas que les son encomendadas, así pues, aunque Abraham no les predicaba a los
habitantes de la Pentápolis, sabiendo que dicha región padecería bajo el efecto
de la ira de Yahveh, el padre de Isaac oró, diciendo: "No se enoje ahora mi
Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez (practicantes de
justicia). No la destruiré, respondió (Dios), por amor a los diez" (GN. 18, 32).
La intercesión de los predicadores es eficaz, porque los tales oran bajo la
inspiración del Espíritu Santo, según palabras del Apóstol San Pablo: "Y de igual
manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como
conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con
gemidos indecibles" (ROM. 8, 26).
El don de profecía les es concedido por Dios a hombres y mujeres de
igual manera, a pesar de que Jesús no envió a las mujeres que lo seguían a
predicar de la misma manera que envió a los doce Apóstoles y a los setenta y dos
discípulos, con el fin de evitarles sufrimientos estériles, dado que en su país
se consideraba que las mismas eran inferiores a los hombres. Myriam, la hermana
de Moisés, era profetisa: "Y maría la profetisa, hermana de Aarón, tomó un
pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y
danzas" (CF. EX. 15, 20). Si leéis los quince primeros versículos del capítulo
doce del libro de los Números, recordaréis qué tipo de obediencia requiere Dios
de quienes lo sirven, y cómo castiga Dios a quienes buscan ser alabados por sus
méritos, en vez de creer de sí que son instrumentos del Espíritu Santo.
¿Cómo sabían los profetas del AT. que iban a tener éxito a la hora de
cumplir la misión que les fue encomendada? ¿Cómo sabemos los predicadores del
siglo XXI que nuestros oyentes o lectores van a comprender y creer el mensaje que
les queremos transmitir? Tanto los profetas del pasado como los predicadores de
nuestro tiempo, actuamos impulsados por la fe que nos caracteriza. En el DT.,
leemos: "Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis
palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera
que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. El
profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no
le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta
morirá. Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha
hablado? Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que
dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la
habló el tal profeta; no tengas temor de él (porque es un falso profeta)" (DT.
18, 18-22).
Los verdaderos profetas no interpretan la Palabra de Dios acomodándola a
sus intereses, pues saben que son transmisores del Verbo divino, según deducimos
en el libro de los PR.: "Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi
espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras" (PR. 1, 23).
No debemos creer que los predicadores viven regaladamente (exceptuando
el caso de aquellos que no son honrados), así pues, de la misma manera que a los
creyentes de a pie en ciertas circunstancias nos cuesta un gran esfuerzo el hecho
de no perder la fe, ellos también sufren cuando piensan en las dificultades que
les supone el hecho de transmitirles a sus oyentes o lectores la Palabra de Dios.
Un ejemplo de ello es Jeremías: "Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no
sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a
todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande" (JER. 1, 6-7). El
mismo Jesús tuvo miedo a la hora de cumplir el designio salvador de Dios. "Ahora
está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Sálvame de esta hora? Mas para esto he
llegado a esta hora" (JN. 12, 27). "Y estando en agonía (en Getsemaní), oraba más
intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la
tierra" (LC. 22, 44).
Dios nos pedirá cuentas con respecto a lo que hacemos con el
conocimiento de El que hemos recibido, y con respecto al ejercicio de los dones y
virtudes con que nuestro Padre celestial nos ha dotado: "Cuando se levantare en
medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si
se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de
dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de
tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está
probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y
con toda vuestra alma. En pos de Jehová vuestro Dios andaréis; a él temeréis
(reverenciaréis), guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz, a él
serviréis, y a él seguiréis" (DT. 13, 1-4).
Hace algún tiempo, una mujer que abría diariamente la Biblia al azar,
y encontraba un texto muchas veces, me preguntó por e-mail: ¿Crees que Dios nos
habla a través de la Biblia? Mi respuesta a esa pregunta fue afirmativa, así
pues, hay veces en que abrimos la Biblia y encontramos misteriosamente el texto
que necesitamos leer en cuestión de segundos o de minutos, pero otras veces
necesitamos leer mucho, pues Dios nos pone a prueba a fin de que veamos si somos
capaces de aguantar hasta vislumbrar el mensaje que nos quiere transmitir, sin
que se nos debilite la fe. Para no cometer errores a la hora de interpretar la
Palabra de Dios, tenemos que acudir a quienes la conocen mejor que nosotros, pues
San Pedro nos dice en la Biblia: "Tenemos también la palabra profética más
segura, a la cuál hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en
lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en
vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la
Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por
voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados
por el Espíritu Santo" (2 PE. 1, 19-21).
¿Cómo distinguen los judíos y los cristianos a los profetas falsos de
los verdaderos heraldos de Dios? Los profetas falsos se caracterizan porque:
-Hablan en nombre de dioses falsos, así pues, Dios le dijo a Jeremías:
"En los profetas de Samaria he visto desatinos; profetizaban en nombre de Baal, e
hicieron errar a mi pueblo de Israel. Y en los profetas de Jerusalén he visto
torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las manos de
los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron todos ellos
como Sodoma, y sus moradores como Gomorra" (JER. 23, 13-14).
-Mienten en nombre de Jehová. Estos pueden ser de dos clases:
1. Impostores. Estos personajes engañan conscientemente a sus adeptos,
adaptando el mensaje de Dios a sus intereses. "Sus jefes juzgan por cohecho, y
sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se
apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre
nosotros. Por tanto, a causa de vosotros Sión será arada como campo, y Jerusalén
vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque"
(MI. 3, 11-12).
2. Otros profetas imaginan que reciben mensajes divinos, aunque los
mismos solo son productos de su mente, a pesar de que se adhieren al cumplimiento
de la Ley, confundiendo las inspiraciones divinas con los deseos que albergan en
sus corazones. Estos profetas son buenas personas, pero sus predicaciones no son
fiables.
Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestro Padre común que nos
ayude a conocer, amar y predicar su verdad, la verdad que nos hará libres de las
esclavitudes a que vivimos sometidos.
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