|
Mostrando mensaje 753
|
|
< Anterior | Siguiente >
|
|
|
 | | Asunto: | padrenuestro DOMINGO V ORDINARIO, CICLO B | | Fecha: | 8 de Febrero, 2009 14:02:17 (+0100) | | Autor: | TRIGODEDIOS <loli627167575 @.....com>
|
|
Domingo V Ordinario del ciclo B, año 2009.
Mi crisis actual.
Antonio fue invitado por su hermano a la celebración de la primera
Comunión de su hija Ana. Durante la celebración Antonio ingirió una gran cantidad
de alcohol y, sin hacer caso de los consejos que le dieron sus familiares y
amigos, después de la celebración del banquete, cogió prestada la moto de su
hermano para ir a casa de su madre. Cuando conducía a gran velocidad, vio que se
le acercaba un coche, y, cuando reaccionó para girar a su derecha, fue demasiado
tarde para salvar su vida. La moto colisionó contra la parte delantera del coche
que se le aproximaba a gran velocidad, saltó despedido de la moto, cayó a diez
metros de distancia, sin vida, y dejó a una mujer con tan sólo veinte años de
edad, y a un hijo con seis años. Cuando recordamos hechos como la muerte de
Antonio, nos acordamos de que Dios existe, y le preguntamos a nuestro Padre: ¿Por
qué permites esas situaciones tan inútiles?
Uno de mis antiguos compañeros de trabajo ciego fue robado por uno de sus
familiares antes de que ingresara el dinero que obtuvo por haber vendido lotería
de la empresa en que ambos trabajábamos. Como mi amigo no quiso denunciar a su
familiar, la empresa consideró que él mismo se quedó con dicho dinero, por lo
cuál se vio sin trabajo, sin dinero, con deudas, y sin ningún familiar que se
hiciera cargo de él.
Probablemente todos hemos pasado por situaciones difíciles o conocemos a
una o a varias personas que están viviendo periodos de crisis. Cuando vivimos
periodos difíciles, nos replanteamos las creencias que tenemos porque, cuando
somos atribulados, puede sucedernos que la vida nos cambie por completo. Cuando
reinicié mi actividad en la red durante el mes de noviembre, y escribí varias
meditaciones intentando animar a los hermanos lectores de mis meditaciones que
están viviendo periodos difíciles, Verónica de Argentina me escribió: "Cuando me
quedé sin trabajo y sin dinero, perdí a la gran mayoría de mis amigos".
¿Por qué sufrimos? Se han derramado ríos de tinta intentando responder
esta pregunta desde diversas perspectivas. San Pablo escribió: "No os ha
sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os
dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también
juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 COR. 10, 13).
No nos ha sobrevenido ninguna prueba que supere nuestras fuerzas, por
consiguiente, Dios nunca permitirá que seamos probados más allá de nuestras
fuerzas, aunque sí probará nuestro aguante para sufrir.
Aunque es muy difícil buscar una respuesta que justifique
satisfactoriamente la razón por la que somos puestos a prueba, podemos encontrar
la manera de hacerles frente a los periodos de crisis que vivimos. Si se nos
muere un familiar al que amamos mucho, perdemos el trabajo, nos traiciona nuestro
mejor amigo, o lo perdemos todo de la noche a la mañana, hay algo que podemos
hacer para que esas situaciones no nos desanimen al contemplarlas y por ello
acabemos abandonando nuestras luchas y derrochando la oportunidad que tenemos de
alcanzar la felicidad. En el Génesis leemos: "Y vio Dios todo lo que había hecho,
y he aquí que era bueno en gran manera" (CF. GN. 1, 31). Dios no dijo que su
creación era buena, sino que era buena en gran manera, así pues, aunque seamos
los causantes de las situaciones que pueden hacernos sufrir, no hemos de
rechazarnos por ello, ni considerarnos inútiles por creer que no podemos soportar
el dolor que nos agobia. Si hemos sido creados por Dios, y nuestro Padre ha
considerado que todo lo que ha hecho es bueno, ¿cómo vamos a considerar que somos
estúpidos, demostrándonos así que no creemos en nuestro Padre celestial?
La madre de Ana murió cuando ella tenía siete años. El padre de Ana se
casó con una mujer que no tardó en empezar a maltratar a la hija de su marido.
Ana abandonó su casa apenas alcanzó la mayoría de edad porque se resistía a
seguir sufriendo las palizas que le daba su madrastra. La joven que era
reservada, poco comunicativa y retraída por causa del aislamiento al que fue
sometida, apenas empezó a trabajar, dado que tenía dificultades para relacionarse
con sus compañeros, empezó a recordar todo lo que le decía la mujer de su padre
con respecto a su inutilidad. Después de chatear conmigo durante varios meses y
leer varios libros, empezó a comprender que tenía que concentrarse en realizar
sus sueños en vez de perder el tiempo aumentando su malestar irreal. Me costó un
gran esfuerzo conseguir que Ana invitara a una de sus compañeras de trabajo a
almorzar, y, cuando lo hizo, su compañera no aceptó la invitación, pero, Ana, en
vez de rendirse y pensar que era incapaz de tener amigas, invitó a otra compañera
a comer con ella, la cuál aceptó la invitación, y acabaron haciéndose amigas
inseparables. Ana me escribió para felicitarme la Navidad, y me dijo: "He
aprendido que si creo que soy hija de Dios y me amo a mí misma y me acepto como
soy, y gasto mi tiempo pensando en que puedo superarme en vez de considerarme
estúpida, no importará nunca lo grandes que puedan ser mis problemas, pues mi
forma de verlos será lo que los hará grandes o pequeños, porque las dificultades
son más grandes cuanto es más cerrada la mente de quienes las soportamos".
¿Has perdido a un familiar o un amigo querido? Tienes que seguir viviendo
y amándote como eres, pues aún hay más gente que merece tu amor y estaría
dispuesta a amarte si le abrieras tu corazón. No me digas que no puedes vivir sin
la persona que en este momento echas de menos, porque viviste muchos años sin
conocer a esa persona, o quizá sin amarla como la amas ahora que no puedes
demostrarle el amor que sientes por ella.
¿Estás arruinado? ¿Se te ha ocurrido pensar que tienes la mejor familia
del mundo y una vivienda ideal? Sé que no tienes la vivienda de tus sueños y que
no trabajas haciendo lo que te gustaría hacer, pero, si no valoras lo que tienes
ni a las personas que te aman, te crearás falsas razones por las que sufrir sin
sentido, dado que aún puedes tener oportunidades para superar las circunstancias
actuales que te afligen.
¿Por qué se lamenta mucha gente sin parar por causa de lo que sufre
debido a acontecimientos desagradables que vivieron en el pasado? ¿Por qué no
mira esa gente al futuro e intenta buscar la forma de alcanzar metas que le den
sentido a su vida, ya sea ayudadas por otras personas, o recurriendo a los medios
de que disponen para volver a sentirse útiles para sí mismas y la sociedad?
¿Cómo vamos a solucionar nuestros problemas si creemos que no somos
capaces de hacerlo? Es verdad que necesitamos, a parte de confiar en nosotros,
saber lo que tenemos que hacer para vencer las dificultades que atañen a nuestra
vida, pero la estima personal bien alta, y la fe en Dios, nos ayudarán a buscar
la forma de alcanzar la felicidad. ¿Sabemos lo que vamos a hacer para alcanzar la
felicidad? No sabemos cómo vamos a solucionar muchos de nuestros problemas, pero
sí sabemos que vamos a conseguir nuestro objetivo, a corto o largo plazo, porque
Dios está con nosotros.
Recordemos que Dios no suspendió los dolores que nuestro Señor sufrió
hasta que no concluyó el tiempo de su sufrimiento, así pues, no perdamos la
esperanza de creer que el día de mañana será mejor que el tiempo actual, porque,
a su debido tiempo, Dios exterminará nuestra miseria, quizá de la forma que menos
creemos que lo hará si no nos estimamos, es decir, por nuestro medio.
Mientras llega el tiempo de nuestra consolación y encontramos la forma de
afrontar el sufrimiento que nos atañe, ¿qué hacemos? En la Profecía de Isaías
leemos: "Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque
Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido" (IS. 52, 9). Si le
habéis pedido a Dios en oración que os ayude a resolver vuestros problemas porque
ello no os es posible a vosotros solos e incluso os sentís incapaces de afrontar
las dificultades que vivís sin su ayuda, ¡actuad como si nuestro Padre celestial
hubiera cumplido vuestro deseo de ser consolados! Id a la iglesia más cercana
a vuestra vivienda, salid a la calle o recurrid a Internet o a cualquier otro
medio de comunicación que esté a vuestro alcance, y contactad con la gente que
sufre, así pues, a través de la predicación de la Palabra de Dios, muchos de
nuestros hermanos han resuelto sus problemas, y han llegado a pensar: "¿Cómo
hemos sido capaces de afligirnos por nuestros problemas, con lo que mucha gente
está sufriendo por causas superiores a las circunstancias por las que nosotros
sufrimos, y por ello no han dejado de amarse ni han perdido la fe en Dios?". Por
algo escribió San Pablo: "Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué
gloriarme; porque me es impuesta necesidad; Y ¡ay de mí si no anunciare el
evangelio!" (1 COR. 9, 16).
Aprovechemos el tiempo de Cuaresma para superar las situaciones difíciles
que vivimos. Cuando Ana dividió un folio en varias columnas, en una de las cuales
escribió sus defectos, en otra sus escasas virtudes, en otra sus sueños, y en la
más larga lo que pensaba de sí misma, se preguntó: “¿Cómo es posible que nadie me
mire con asco?”. Aprendiendo a valorarse y utilizando ciertas gratificaciones
para celebrar cada ocasión en la que lograba vencer una dificultad, se dio cuenta
de que se menospreciaba, y de que valía más de lo que creía cuando hizo aquel
ejercicio. La Cuaresma es un tiempo ideal para intentar vencer alguna de
nuestras dificultades, aunque sea la más insignificante de las mismas, mientras
acompañamos a Jesús en su viaje a Jerusalén, cuando nuestro Señor se preparó a
afrontar su Pasión y muerte. Jesús pudo tener miedo al dolor que lo aguardaba, y,
si en algún momento llegó a pensar que era incapaz de soportar su Pasión, ello no
sucedió por su inclinación a despreciarse, pues El hizo lo posible por pensar
que, si tenía que sufrir hasta morir, encontraría la fuerza que necesitaba en su
amor a Dios y a los hombres, con el fin de poder redimir a la humanidad.
Si nos comparamos a Jesús en su Pasión, nos encontramos con la ventaja de
que Dios no nos abandona cuando sufrimos, pues podemos pensar que El está con
nosotros, mientras que dejó a Jesús desamparado, para que nosotros creyéramos que
El nos ama. Jesús sabía que Dios no lo iba a socorrer en las difíciles horas de
su Pasión, pero, cuando pensaba que nuestro Padre común lo observaba, encontró la
fuerza que necesitaba para abrirnos las puertas del cielo.
|