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Página
Católica
Le invita a escuchar:
"¡La Trilogía del
Terror!"
(Marat, Dantón y Robespierre)
(Ciclo: La Revolución Francesa ya
Desatada - Quinta Conferencia - Parte 1ª)
Dictada por el R. P. Dr. Alfredo Sáenz,
SJ.
En la
Corporación de Abogados Católicos.
De los revolucionarios que
gobernaron Francia desde el Comité de Salvación Pública, sobresalen por su
despotismo y desprecio de la vida los nombres de Marat, Dantón y
Robespierre.
Marat, artista de la
demagogia, apodado el monstruo de París,
decía que para asegurar la tranquilidad pública deberían cortarse 200.000
cabezas y recomendaba a sus seguidores salir siempre con un puñal para
matar a los enemigos que, por azar, pudiera encontrarse por el
camino.
Dantón, personaje más inteligente, sentía en su alma
la lucha entre el odio y el amor, entre la furia de la destrucción y el gusto de
crear, la barbarie revolucionaria y las condiciones de un estadista;
contradicciones que lo llevaron a una esquizofrenia existencial. Por eso, en
algún momento quiso cambiar de actitud e incluso pensó en salvar a la Reina de
sus enemigos, pero al mismo tiempo practicó la más extrema crueldad para
doblegar las voluntades y dar alas a la Revolución.
Robespierre, ideólogo químicamente puro de los
Jacobinos, soñaba con una Francia en donde no hubiera vicios grandes ni pequeños
y gobernada por los hombres más esclarecidos e inteligentes. Por eso lo llamaban
el Incorruptible, una especie de asceta de la Revolución que se propuso obligar
al pueblo a ser virtuoso, dentro del espíritu revolucionario, recurriendo para
ello al terror organizado y terapéutico como expresión de la justa venganza
popular, bajo el lema Virtud y Terror. Se trataba de crear un arquetipo de
nuevo hombre y eliminar a quienes no se avinieran. El 10 de Junio de 1794 se
implantó el Tribunal Revolucionario con competencias que suprimían los derechos
humanos recientemente declarados. Y así, el suelo de la plaza de San Antonio, en
donde estaba instalada la guillotina en aquellos tiempos, se hallaba tan
empapado de sangre, que el olor intolerable provocó las protestas del
vecindario.
Pero el que a hierro mata a hierro
muere y, muy pronto, los que hicieron cundir por toda Francia el terror del
acero, probaron en sus propias carnes el filo de los puñales o del invento del
Dr. Guillotin. Y el humor popular, avinagrado por tantos crímenes, compuso a la
muerte de Robespierre, su burlesco epitafio: "Caminante,
seas quien fueres, no llores mi muerte, si yo viviera tú estarías muerto".
Para comenzar a oír o bajar los
archivos según las instrucciones ya enviadas, active el siguiente
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5ª Conferencia - Primera
Parte: (Duración de la grabación:
47' 39")
Para oir las conferencias
anteriores de este ciclo, visite:
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25 de Octubre de 2007
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