"Si alguno
dijere que la Iglesia Católica ha fundado la Universidad y el Método Científico,
sea excomulgado". Así reza el dogma de fe no escrito, pero sí estricta y
salvajemente practicado, del credo de esa contraiglesia que es el iluminismo
masónico y progresista, que comenzó con la Reforma Protestante, se oficializó en
la Revolución Francesa, mostró sus poderosas garras en el ataque
liberal-modernista de fines del siglo XIX, sabia y santamente condenado por San
Pío X en la Pascendi, y parece haberse adueñado, luego del Concilio
Vaticano II, no solamente de todos los medios de comunicación sino también de
vastos sectores de la Iglesia, "nave que hace agua por todos lados"
(Benedicto XVI dixit).
Así condicionada la
opinión pública, cualquier intento de reivindicar esa admirable
construcción que fue la Cristiandad, causará hilaridad y asombro, cuando no odio
y condena. Si los propios viven irreflexivamente de pedido de perdón en
pedido de disculpas por lo que realizaron hombres más santos que ellos: ¿Qué
queda para el enemigo? ¿Cómo se podrá amar a la Iglesia si muchos pastores se
avergüenzan de su pasado? ¿Cómo convencer a los bautizados de la Santidad de una
Madre que habría sido tan pecadora?.
Por eso este aviso
televisivo del Ministerio Católicos Regresen a Casa, sorteando inteligentemente
las limitaciones del carísimo tiempo de la TV, es un bálsamo en medio de la dura
lucha que enfrentamos y al mismo tiempo un himno a la coherencia: "Católico,
vuelve a casa, la Santa Madre Iglesia no tiene nada de que avergonzarse".
Así creemos que podría ser resumido este anuncio-apología que tiene el acierto
de mirar al futuro con los ojos de la Tradición.