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Hola:
Recibes este correo fuera de fecha y sin el formato de
nuestro boletín electrónico.
El hecho es que me pareció tan importante, que quise
compartirlo de inmediato con todos los suscriptores del
boletín.
Esta pequeña historia me la envió una de mis alumnas
con motivo de una "conversación" que tuve con ellos en nuestra última clase a
propósito del logro de objetivos (mis alumnos dicen que, en realidad, fue
un mayúsculo regaño y no una
conversación)
Muchas gracias a Norelys Hernández (estudiante del V
Semestre de Organización y Sistemas del IUDAG- Instituto Universitario de
Administración y Gerencia) por compartir esta historia
conmigo.
LA FALSA GARANTÍA DE LA
MEDIOCRIDAD
Aquel exitoso
gerente de ventas me invitó a pasar a su oficina.
En aquel lugar se respiraba solamente éxito,
desde el color de los pisos hasta las manillas
de las puertas. Su oficina era impecable, como
lo era el resto de su empresa, según lo pude
comprobar cuando hice un recorrido por sus
instalaciones ? Todo estaba perfectamente
ordenado y se respiraba un ambiente muy
distinto al de muchísimas de las empresas que
conozco día a día..
Yo estaba allí porque
sabía de su éxito, el cual era además
reconocido ampliamente en la comunidad. Yo estaba allí por el
secreto de su éxito, también por la relación
de vecinos que nos unía, pero fundamentalmente
yo había aceptado su invitación a visitarlo
para descubrir qué hacía él para tener el
éxito que tiene.
Mientras me hablaba y
atendía cortas llamadas telefónicas mi mirada
hacía un recorrido de espía por todas las superficies de su
acogedor y sobrio ambiente de trabajo. Había
muchas condecoraciones. Todas se referían al
MEJOR. Él era un campeón en ventas y lo sabía. Él era
uno de esos que escasean en nuestra sociedad,
de aquellos a quienes desearíamos tener como
socios. Y la pared llena de condecoraciones
atestiguaba que siempre había llevado una vida de triunfador en
sus asuntos de
negocios.
Pero no terminaba de adivinar
qué tenía aquella personalidad arrolladora, ni
cuál era la fórmula secreta que él practicaba. Y
al final, ya vencido, tuve que
preguntársela.
Sé que eres de origen
humilde, le dije, y ahora todo lo que tocas se
vuelve oro, ¿qué fórmula milagrosa te dieron, qué misterioso
secreto conoces tú que los demás
ignoramos?
Ni es secreto, ni es misterioso
me dijo con su hablar seguro; aquí en la
pared, detrás de mi cabeza siempre ha estado la regla con la
que enfrento mi destino, mientras me señalaba
con su mano un cuadro que contenía la
siguiente frase:
"Si de verdad estás
decidido a triunfar, tarde o temprano tendrás
que rechazar la falsa seguridad que ofrece la
mediocridad que te mantiene atrapado donde
estás, y tendrás que salir en pos de tus
sueños, asumiendo los riesgos que tengas que
asumir".
Dame un papel, le dije,
déjame anotar la sabiduría de estas palabras
que seguramente podrán ser de utilidad para muchas personas
que permanecen atadas a empleos que no les
agradan. a ingresos que no los satisfacen, a
estilos de vida llenos de tedio y de rutina, a
grupos de amistades que no les aportan nada a
su crecimiento, a profesiones saturadas de
estatus, a clases medias que se pasan la vida
compitiendo por tener mas cosas que el vecino, a ejércitos
de ejecutivos que llevan una vida llena de
facturas y de tarjetas de crédito que nunca
terminan de pagar.
No te vayas, me pidió
mi amigo, déjame decirte algo, antes de que te
vayas. Durante muchos años estuve repitiendo esta frase a mis
amigos, como queriéndoles enseñar lo que
debían hacer y todos me miraban y se reían.
Años después, mucho después de que mis amigos han visto que
no solo lo digo, sino que además lo hago y lo
pongo en práctica, mis amigos me respetan. No
le digas esta frase a nadie sin antes chequear
cómo está la calidad de vida que estás llevando, pues corres
el riesgo de no tener autoridad para decirla y
recomendarla.
Es bastante serio esto de la
mediocridad. Una gran ayuda es ver la calidad
de vida de la gente que admiramos, eso nos dirá dónde
estamos nosotros. La mediocridad viene
disfrazada de mil maneras, y el disfraz de mi
propia mediocridad puede estarme ofreciendo una
falsa garantía que a su vez sirva de modelo a
otros y hacerles mucho daño. Es en serio que
tenemos que hacer un inventario, una auditoria a
lo que está pasando en nuestra
vida.
ACCIÓN Tome un papel y contéstese
estas preguntas:
¿Qué estoy haciendo?
¿Para qué lo estoy haciendo? ¿Qué sentido
tiene esto o aquello que hago todos los días?
¿A dónde quiero llegar? ¿Qué estoy haciendo en
forma intencional para llegar a donde quiero?
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