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 | | Asunto: | [redcolombianadeluz] Colombia: Masacre de indígenas awás, un año de impunidad y duelo | | Fecha: | 7 de Febrero, 2010 20:04:17 (+0100) | | Autor: | RedLuz10 <lacasadelared @.....com>
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Colombia: Masacre de indígenas awás, un año de impunidad y duelo
Sábado, 6 de Febrero de 2010
RedCi,
4 de febrero.- Masacre. Tras un año de la masacre, los cuerpos de ocho
awás que fueron asesinados con cuchillos y machetes por las Farc, no
han sido enterrados. Las Farc se llevaron a 11 indígenas awá hacia la
quebrada El Hojal, en el resguardo Tortugaña-Telembí, en Nariño.
Tras
acusarlos de ser colaboradores del ejército, desaparecieron a tres y
mataron al resto con machetes y cuchillos. En realidad, la cantidad de
víctimas eran 13, porque entre los cadáveres había dos mujeres
embarazadas que ya casi iban a dar a luz. Medicina Legal de Cali logró
identificar 4 cadáveres, aún faltan otros 3. El resto están
desaparecidos y se presume que fueron arrojados al río El Bravo.
La
brutal masacre ocurrió el 4 de febrero de 2009, en una tupida y
pantanosa selva nariñense donde llueve a diario pero hace calor todo el
día y sólo hace frío al amanecer. El terreno además está lleno campos
minados. Al poco tiempo, la columna Mariscal Sucre, de las Farc,
reconoció su autoría del hecho mediante un comunicado y se justificó
diciendo que las víctimas eran informantes de la fuerza pública.
A
pesar de que se tuvieron noticias de la masacre a los pocos días, el
número de víctimas y la forma como murieron sólo se pudo aclarar dos
meses después. Por las dificultades del terreno y lo inseguro que es
para cualquier persona, ninguna autoridad pudo llegar al sitio de la
matanza. Ante la necesidad de saber en realidad qué pasó, unos 700
indígenas de Cauca, Nariño, Huila, Valle, Putumayo, Quindío y Córdoba
se fueron monte adentro.
Encontraron
tres cadáveres en el resguardo Tortugaña-Telembí. Para su sorpresa no
eran víctimas de la masacre de febrero sino de otra ocurrida en
septiembre de 2008. Luego encontraron otros cuatro en una fosa, y otro
más enterrado cerca. Pese a la odisea, ninguno de los cadáveres ha
tenido sepultura. Según cuentan los indígenas, los cuerpos están
todavía en Medicina Legal en Tumaco y no han sido devueltos a sus
familiares.
Todavía
falta identificar plenamente algunos cuerpos. Ha sido una tarea
difícil, pues no se sabe dónde están algunos parientes y las muestras
de su sangre son fundamentales para establecer los parentescos. Después
de la matanza, se desplazaron más o menos 400 personas. De ellas, la
mitad no soportó las condiciones en que tenían que vivir en el sitio
donde estaban alojados y se fueron para las casas de familiares y
amigos.
El
dato que se tiene es que todavía ninguno ha regresado a sus casas. Si
las víctimas no han sido enterradas, quiere decir que tampoco tendrán
el ritual que, por tradición, se les hace a los awás un año después de
muertos. Este pueblo indígena acostumbra que, durante los primeros 12
meses después de la muerte de alguno de sus miembros, la familia guarde
un luto que implica no bailar y no tomar licor a lo largo este tiempo.
Gabriel
Bisbicús, líder de la Unidad Indígena del Pueblo Awá (Unipa), explica
que el día del primer aniversario, los familiares y amigos visitan la
tumba y llevan un tambor. Hacen como una especie de evento social
alrededor y, después, golpean el instrumento cuatro veces, como para
despertar al muerto. Uno de los asistentes lleva una estructura de
madera en su espalda, algo así como una silleta.
Se
supone que en ella se sienta el espíritu. Caminando, van a la casa del
muerto, donde previamente la familia ha preparado su llegada. Para ese
momento, han puesto la cama idéntica a como solía usarla el pariente y,
sobre ella, una muda de ropa, como si la persona estuviera acostada
allí. Quien lleva el espíritu en su espalda, lo ubica delicadamente
encima, como si estuviera acostando a una persona dormida sin querer
despertarla.
En
otro sitio, han puesto una mesa con la comida favorita de quien murió
hace un año y en otro lugar, sacan todas sus pertenencias, como ropa,
zapatos, machete, en fin. Con la casa así organizada, se inicia una
fiesta. Los asistentes toman trago, comen, bailan. También pueden
hacerlo los familiares del muerto, porque ya con este rito se acaba el
luto. Al amanecer, quienes no son parientes toman las pertenencias del
difunto y se las reparten para quedarse con ellas.
Y
la familia toma una muda de ropa, va donde un sacerdote para que
celebre una misa por el difunto y, al final, le entrega las prendas.
Desde ese momento, se despiden definitivamente y el espíritu se va para
la selva. Esa es la manera como los awás creen que sus muertos pueden
descansar definitivamente tranquilos, cosa que no ocurrirá si
permanecen en la morgue.
Quien
no se sabe si está descansando tranquilo es el guerrillero Antonio
Villavicencio, alias ‘Villavo’, el comandante de la Mariscal Sucre
cuando ocurrió la masacre. Bajo sus órdenes, este grupo de las Farc fue
el responsable de brutales muertes. Según la Policía, ellos quemaron un
bus en la vía entre Pasto y Cali el pasado 20 de noviembre.
Las
versiones conocidas hasta ahora dicen que los guerrilleros prendieron
el fuego cuando aún estaban seis personas adentro, incluidos dos niños.
Todos ellos murieron en las llamas. Quienes conocieron de cerca de
‘Villavo’, se lo describieron en su momento a Semana.com como un hombre
que se agitaba fácil y lo comparaban con “un cerdo apareándose”, porque
a veces hablaba a los gritos, se inflaba su nariz, decía cosas que
nadie entendía y su boca se mojaba con saliva.
Y
en esos momentos de excitación llegó incluso a permitir que sus hombres
cometieran atrocidades como matar con cuchillos y machetes a indígenas
amarrados, incluyendo a dos mujeres embarazadas. El secretario de
gobierno de Nariño, Fabio Trujillo, le contó a Semana.com que hay
información de inteligencia que dice que ‘Villavo’ podría estar muerto.
Las
versiones son tres. La primera, es que el guerrillero ‘J.J’, jefe del
Frente 29, ordenó relevarlo ante el gran costo político que tenían que
pagar las Farc por los excesos de ‘Villavo’. “Para ello, mandaron a
‘Gustavo’, que era el comandante de la columna móvil Daniel Aldana, que
opera más hacia Tumaco. Parece que hubo líos entre ellos dos y
‘Villavo’ mató a ‘Gustavo’. Entonces la guardia ‘Gustavo’ reaccionó y
mató a ‘Villavo’”, según narra Trujillo.
Otra
versión es que ‘Villavo’ escuchó que iban por él y se preparó para
atacar sin ningún diálogo y lo mataron. Y la tercera hipótesis es que
se enfrentó con el ELN y cayó en un campo minado y se murió. “Creemos
que ‘Villavo’ está muerto. Era extremadamente sanguinario y es posible
que las Farc hayan querido relevarlo”, enfatiza Trujillo.
Esas
versiones que da el Secretario de Gobierno están sujetas a
verificaciones. Pero sea cual sea el final de los victimarios, hay un
grupo de gentes que después de un año, no han podido darles a sus
parientes la sepultura que merecen.
Semana.com
http://luishipolito.blogspot.com/2010/02/masacre-de-indigenas-awa-un-ano-de.html •
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