eGrupos Logo
Inicio > Mi Página > Mis Grupos > redluzargentina > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 1201 al 1230 
AsuntoAutor
Evolucion Indigo Ricardo
No a las papeleras Ricardo
Co-creando con la Alicia Y
Chamanismo en Neuq Alicia Y
Seminarios de crec Alicia Y
Niños y adultos In Alicia Y
Salud infantil en Alicia Y
Calendario Espirui Alicia Y
Salón Nacional de Ricardo
La cólera y la pro Susana P
Aclaración Susana P
LIBERANDO - Las Re Susana P
Si la Construyes, Susana P
Theos y Caos - Dan Susana P
Peregrina de Paz Alicia Y
FW: por favor que Ricardo
Liquidando sus bie Susana P
Qué pasa en el pla Alicia Y
Mensajes del Arcán Alicia Y
Instituto Internac Ricardo
Sueño de Dios Alicia Y
El Portal Doce Susana P
Una nueva oleada d Alicia Y
Mujeres y medios / Ricardo
EL VALOR DE LAS RE Alicia Y
El regreso del Mae Alicia Y
Flores de Bach y F Amira
REd Anahuak - Nuev Alicia Y
GAP- Científicos d Alicia Y
Encuentro del Sana Alicia Y
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
RedLuz Argentina

Mostrando mensaje 1184     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[redluzargentina] La leyenda del Algarrobo
Fecha:Jueves, 19 de Enero, 2006  18:01:40 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <redanahuak @...............mx>

 
From: Re-UnionArgentinaDeLuz@gruposyahoo.com.ar 
Date: Thu, 19 Jan 2006 23:55:11 +0000 
 
LA LEYENDA DEL ALGARROBO 
  
  <http://www.temakel.com/fotoalgarrobonortea.jpg>; 
 
         El algarrobo es un árbol con fuerte presencia en Argentina. El 
ejemplar que aparece en la fotografía de arriba posee más de cinco siglos y 
se encuentra en la localidad de Purmamarca, en la Quebrada de Humahuaca, en 
la provincia argentina de Jujuy. Bajo sus ramas, en el siglo XVl, el
 caciqu
e 
Viltipoco y otros jefes se conjuraron para resistir al español, conformando 
un ejército de 10000 guerreros. Una de las estrategias urdidas por el 
cacique fue simular una conversión al cristianismo para acercarse al
 enemig
o 
y estudiarlo antes de atacar. Y fue también allí, bajo el árbol, que 
Viltipoco fue sorprendido mientras dormía, víctima de una traición. Así lo 
recuerda una placa al costado del tronco. 
   Pero en el imaginario de las leyendas el algarrobo puede vincularse con 
la vida y la fertilidad más que con la guerra. Este es el caso de la
 leyend
a 
del algarrobo nacida en el norte argentino . 
    
LA LEYENDA DEL ALGARROBO 
 
 
  Era en tiempos de los Incas. 
   Los quichuas adoraban con las principales honras a Viracocha, señor 
supremo del reino. También adoraban a Inti, a las estrellas, al trueno y a 
la tierra.  
   Conocían a esta última con el nombre de Pachamama, que es como decir 
"Madre Tierra" y a ella acudían para pedir abundantes cosechas, la feliz 
realización de una empresa, caza numerosa, protección para las
 enfermedades
, 
para el granizo, para el viento helado, la niebla y para todo lo que podía 
ser causa de desgracia o sinsabor. 
   Levantaban en su honor altares o monumentos a lo largo de los caminos. 
   Los llamaban apachetas y consistían en una cantidad de piedras 
amontonadas unas encima de las otras, formando un pequeño montículo. 
   Allí se detenía el indio a orar, a encomendarse a la Pachamama, cuando 
pasaba por el camino al alejarse del lugar por tiempo indeterminado o 
simplemente cuando se dirigía al valle llevando sus animales a pastar. 
   Para ponerse bajo la protección de la Pachamama, depositaba en la 
apacheta, coca,  o cualquier alimento que tuviera en gran estima, seguro de 
conseguir el pedido hecho a la divinidad. 
   Respetuoso de la tradición y de las costumbres, el pueblo quichua jamás 
había olvidado sus obligaciones hacia los dioses que regían sus vidas. 
   Pero llegó un tiempo de gran abundancia en que los campos sembrados de 
maíz eran vergeles maravillosos que daban copiosa cosecha, la tierra se 
prodigaba con exuberancia y la ociosidad fue apoderándose de ese pueblo 
laborioso que, olvidando sus obligaciones, abandonó poco a poco el trabajo 
para dedicarse a la holganza, al vicio y a la orgía. 
    Se desperdiciaba el alimento que tan poco costaba conseguir, y con las 
espigas de maíz, que las plantas entregaban sin tasa, fabricaban chicha con 
la que llenaban vasijas en cantidades nunca vistas. 
    Fue una época sin precedentes. 
   El vicio dominaba a hombres y mujeres. Ellos, en su inconsciencia, sólo 
pensaban en entregarse a los placeres bebiendo de continuo y con exceso, 
comiendo en la misma forma y danzando durante todo el tiempo que no 
dedicaban al sueño o al descanso. 
   Los depósitos repletos proveían del alimento necesario y nadie pensó que 
esa fuente, que les proporcionaba granos y frutos en abundancia, se
 agotarí
a 
alguna vez. 
   El desenfreno continuaba y nada había que llamara a ese pueblo a la 
reflexión y a la vida ordenada y normal. 
   Llegó la época en que se hacía imprescindible sembrar si se pretendía 
cosechar, pero nadie pensaba en ello. 
    Inti, entonces, al comprobar que el pueblo desagradecido olvidaba los 
favores brindados por la Pachamama, queriendo darles su merecido, resolvió 
castigarlos.  
   Con el calor de sus rayos, que envió a la tierra como dardos de fuego, 
secó los ríos y lagunas, los lagos y vertientes y, como consecuencia, la 
tierra se endureció, las plantas perdieron sus hojas verdes y sus flores, 
los tallos se doblaron y los troncos y las ramas de los árboles, resecos y 
polvorientos, parecían brazos retorcidos y sin vida. 
   En los géneros aún quedaban alimentos, y en los cántaros, chicha. ¿Qué 
importancia tenía, entonces, para esas gentes, que las plantas se secaran y 
que el río hubiera dejado de correr, y seco y sin vida, mostrara las
 parede
s 
pedregosas de su lecho? 
    Mientras durara la chicha no podría desaparecer la felicidad ni la 
alegría. 
    Pero un día llegó en que, con asombro, comprobaron que los graneros no 
eran inagotables y que, para servirse de sus granos y de sus frutos, era 
necesario depositarlos primero. El alimento comenzó a escasear, y con ello 
las penurias, la miseria y el hambre hicieron su aparición. 
Recapacitaron entonces los quichuas, decidiendo volver a trabajar los
 campo
s 
y a sembrarlos. 
Pero el castigo de Inti no había terminado y la tierra, cada vez más reseca 
y dura, no se dejaba clavar los útiles con que pretendían labrarla, y así 
era imposible poner la semilla. La desolación y la miseria fueron soberanas 
de ese pueblo que, en un instante, olvidó las leyes de sus dioses y sus 
obligaciones con la vida. 
   Los animales, flacos, sin fuerzas, morían en cantidad y parecía mentira 
que esos campos, que al presente se asemejaban al más desolado de los 
páramos, hubieran podido ser, alguna vez, praderas alegres cubiertas de 
hierbas y de árboles o de extensas plantaciones de maíz, en las que los 
frutos se ofrecían generosos. 
   Los niños, pobres víctimas inocentes de los pecados y de la disipación
 d
e 
los mayores, débiles, flacos, con los rostros macilentos, los ojos grandes
 
y 
desorbitados, verdaderos exponentes de miseria y de dolor, sólo abrían sus 
bocas resecas para pedir algo que comer. Los más débiles morían sin que 
nadie pudiera hacer algo por ellos. 
   El sol caía a plomo. De una de las casas de piedra que se hallaban en
 lo
s 
alrededores de la población, una mujer salió, corriendo desesperada. 
   Era Urpila que, enloquecida porque sus hijos morían de hambre y de sed , 
arrepentida de las faltas cometidas en los últimos tiempos, demostrando a 
todos su vergüenza, su pecado y su olvido de Inti y de la Pachamama, corría 
a la primera apacheta del camino a pedir protección a la Madre Tierra y a 
depositar su ofrenda de coca y de llicta, últimas porciones que había
 podid
o 
conseguir.  
    Llegó a la apacheta y, casi sin fuerzas, comenzó a implorar: 
Pachamama, 
Madre Tierra, 
Kusiya... Kusiya... 
   Lloró y se desesperó ante el altar de la diosa, prometiendo enmienda y 
sacrificios.  
Extenuada, sin fuerzas para continuar, se sentó en el suelo, apoyando su 
cuerpo cansado en el tronco de un árbol que crecía a pocos pasos y cuyas 
ramas secas parecían retorcerse en el espacio. 
   Tan grande era su fatiga, tanta su debilidad, que, vencida, bajó la 
cabeza y no tardó en quedarse profundamente dormida. 
   Tuvo sueños felices. La Pachamama, valorando su arrepentimiento, llenó
 s
u 
alma de visiones de esperanza y acercándose a ella, con toda la grandeza
 qu
e 
como diosa le concernía, le habló generosa: 
No te desesperes, mujer. El castigo ha dado sus frutos y el pueblo, 
arrepentido como tú misma de su ocio y desenfreno, retornará a su
 existenci
a 
anterior, que es la justa, la verdadera. La vida renacerá sobre la tierra 
que volverá a brindar sus frutos y su belleza. 
Cuando despiertes, y antes de irte, abre tus brazos y recibe las vainas que 
ha de regalarte este "Arbol", desde hoy sabrás. Que las coman tus hijos y 
los hijos de otras madres, que con ellas calmarán su hambre y apagarán su 
sed. Tu humildad y tu arrepentimiento han hecho posible este milagro que 
Inti realiza para ti. 
   Cuando Urpila despertó, creyó morir, tal era su decepción. El aspecto de 
la tierra en nada había variado y la visión había desaparecido. 
   Se convenció de que su sueño había sido sólo eso: un sueño. Pero, 
recapacitando, volvieron a su mente las palabras de la Pachamama y recordó 
al "Arbol".  
   Levantó entonces sus ojos hacia las ramas que parecían secas, y tal como 
la diosa lo anunciara, las vainas doradas se ofrecían a su desesperación 
como una esperanza de vida. 
   Cambió en un instante su estado de ánimo dándole fuerzas
 extraordinarias
. 
Se levantó ansiosa y cortó... cortó los frutos generosos hasta que entre
 su
s 
brazos no cupieron más. 
Entonces corrió al pueblo, hizo conocer la nueva y todos se lanzaron a 
buscar las milagrosas vainas color castaño, mientras ella repartía entre
 su
s 
hijos el tesoro que encerraban sus brazos de madre y que le había concedido 
la Pachamama.  
   El pueblo volvió a la vida y veneró desde entonces al "Arbol Sagrado"
 qu
e 
fue su salvación y que ha partir de ese día les brinda pan y bebida que 
ellos reciben como un don. 
Ese árbol venerado es el algarrobo, que tiene la virtud, además de las 
nombradas, de ser, en tiempos grandes sequías, el único alimento de los 
animales. (*)  
(* ) Fuente: Leyenda recopilada por Leonor Lorda Perellón 
------------------- 
 
 
-~--------------------------------------------------------------------~-
-~--------------------------------------------------------------------~-
SYSNET - Servicios y Soluciones Web
Dominios, Hosting y Diseño Web Personalizado
Mantenimiento y actualización de Webs.
CLIC AQUI ==>> http://www.elistas.net/pr/579
--~------------------------------------------------------------------~--

 
-~--------------------------------------------------------------------~-
-~--------------------------------------------------------------------~-
SYSNET - Servicios y Soluciones Web
Dominios, Hosting y Diseño Web Personalizado
Mantenimiento y actualización de Webs.
CLIC AQUI ==>> http://www.elistas.net/pr/579
--~------------------------------------------------------------------~--

         Compra o vende de manera diferente en www.egrupos.net 
 

Inicio | Apúntate | Bazar | Grupos | Gente | Quienes somos | Privacidad de Datos | Contacta

eGrupos is a service of AR Networks
Copyright © 1999-2004 AR Networks, All Rights Reserved
Terms of Service