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Asunto:[redluzargentina] Hacia un Desarrollo con Ciudadania / La Dimension Economica del Tercer Sector en America Latina / Luis Razeto Migliaro
Fecha:Martes, 15 de Febrero, 2005  07:13:48 (-0600)
Autor:Anahuak Home <redanahuak @...............mx>

 
To: Foro Economia Alternativa <economialternativa@gruposyahoo.com> 
Date: Sat, 12 Feb 2005 03:23:58 -0600 
Subject: [economialternativa] Hacia un Desarrollo con Ciudadania / La 
Dimension Economica del    Tercer Sector en America Latina / Luis Razeto 
Migliaro 
 
 
From: Cecilia Acosta <acecilia@ciudad.com.ar> 
Date: Sat, 12 Feb 2005 00:32:26 -0300 
Subject: [Interredes] La Dimensión Económica del Tercer Sector en América 
Latina/Luis Razeto Migliaro 
 
 
 
LA DIMENSIÓN ECONÓMICA DEL TERCER SECTOR EN AMÉRICA LATINA 
 
Por Luis Razeto Migliaro 
 
----------------------------------------- 
 
 
1. Contribución a la crítica y al rescate de la expresión "tercer sector". 
 
El propósito de este trabajo es hacer un aporte a la reflexión sobre el 
"tercer sector", con particular referencia a su dimensión económica, y
 tant
o 
desde un punto de vista conceptual como en la pespectiva de su constitución 
y desarrollo real en América Latina. Para ello son imprescindibles algunas 
precisiones conceptuales previas sobre lo que puede entenderse en general 
como "tercer sector", una expresión no carente de ambiguedad, compuesta de 
dos palabras discutibles, y en todo caso necesitada de elaboración teórica. 
 
Es discutible hablar de un "tercer" sector, como si fuera el último, el 
menos importante, el más pequeño, cuando la realidad que se quiere 
identificar con esta expresión está constituida por formas de organización 
social y económica históricamente anteriores y axiológicamente superiores a 
las formas empresariales y estatales que serían constitutivas del primero y 
el segundo sector; además, dependiendo de la definición del concepto tal
 ve
z 
el "tercer" sector sea el más grande en cuanto a la cantidad de personas 
participantes, y en una perspectiva de tiempos históricos largos pueda 
reconocerse en él uno de los fenómenos organizativos más importantes para
 e
l 
desarrollo humano y social. Calificarlo de "tercero", no obstante sea éste 
un término aparentemente neutro en razón de su naturaleza numérica, es una 
operación puramente ideológica porque establece un ordenamiento de la 
realidad sin explicitar los criterios con que se hace. Ello queda aún más 
patente en el hecho que algunos consideren como "primero" al sector 
empresarial o al mercado y otros al sector público o al Estado. Hablar de 
"tercer" sector tiene, además, resonancias que podrían asociarlo a la 
"tercera vía" como concepción política que postula una suerte de proyecto 
intermedio entre el capitalismo y el socialismo, una asociación de ideas
 qu
e 
no hace sino aumentar la confusión que genera una expresión de por sí 
ambigua e imprecisa. 
 
Por otro lado, resulta discutible hablar de un tercer "sector", porque la 
idea de sector alude a una realidad, fenómeno o proceso que se encuentra 
separado de otros y respecto de los cuales mantiene una dinámica 
independiente. El problema reside en que aquello que más o menos 
intuitivamente suele llamarse "tercer sector" incluye empresas y entidades 
políticas, y de hecho es parte integrante tanto del mercado como del
 Estado
. 
En efecto, el espacio del mercado y del Estado en cuanto instancias 
articuladoras de la vida social a nivel económico y a nivel político, no es 
otro que la sociedad misma en toda su extensión. Del mismo modo puede 
decirse que también el "tercer sector" se extiende por toda la sociedad, en 
cuanto en alguna medida todas las personas forman parte de la sociedad 
civil, porque todo individuo es integrante de familias, comunidades y 
organizaciones intermedias, todas las personas tienen necesidades de 
participación y convivialidad que satisfacer, y en su actuar ponen de 
manifiesto cierta ética y algunos valores de cooperación y solidaridad. La 
distinción entre Estado, mercado y sociedad civil es una distinción 
solamente analítica, y sus referentes empíricos no constituyen lo que
 parec
e 
quererse identificar al hablar de "tres sectores". 
 
Ahora bien, estando conscientes de su imprecisión y ambiguedad debemos 
reconocer que la expresión "tercer sector" ha tenido cierto éxito y está en 
curso de afirmación cultural y social. Este relativo éxito no es 
independiente del carácter ideológico de la expresión; al contrario, parece 
ser este mismo carácter ideológico el que sustenta su difusión y
 aceptación
, 
especialmente en un contexto en que faltan y muchos resienten la ausencia
 d
e 
alternativas de cambio y de proyectos sociales nuevos. Nada de extraño hay 
en ello, si consideramos que suelen ser más bien los conceptos
 rigurosament
e 
científicos los que encuentran mayores dificultades para afirmarse 
socialmente. 
 
Por otro lado, el hecho de que el carácter ideológico de la expresión 
"tercer sector" se encuentre oculta en su aparente neutralidad matemática y 
en la ausencia de cualquier explícita afirmación de valores y contenidos 
fuertes que comprometan, lo hace especialmente aceptable en un ambiente 
cultural y político en que las grandes propuestas revolucionarias y 
totalizantes han caído en el descrédito, y en que por ello tienden a 
predominar las definiciones light, que no establecen deslindes nítidos
 entr
e 
lo que está dentro y lo que se queda fuera, entre lo que la expresión 
incluye y lo que excluye. Por lo demás, el mismo hecho de autodefinirse 
"tercero" y "sector", junto a dar a quienes lo buscan un cierto aunque 
indefinido y tímido sentido de identidad, alternativa y novedad, es muy 
aceptable para quienes se ponen fuera de él, no lo comparten o abiertamente 
lo obstaculizan. En efecto, lo que es "tercero" por autodefinición no
 parec
e 
constituir una amenaza seria, y lo que es desde un principio "sector" no 
parece tener capacidad ni fuerza para incidir sobre el todo, y ni siquiera 
sobre lo central o más importante. 
 
Hecha esta crítica dura, ¿tiene sentido continuar hablando del "tercer 
sector", y sobre todo, tiene sentido convocar a muchas personas y 
organizaciones a identificarse con él y a discutir sobre lo que sea o pueda 
o no llegar a ser en el futuro? ¿No sería más apropiado sugerir que lisa y 
llanamente abandonemos la expresión y busquemos otra mejor que la
 sustituya
? 
Aunque parezca descortés en esta sede, la pregunta es legítima y
 segurament
e 
muchos de los presentes se la han planteado. Pero la respuesta puede ser
 mu
y 
distinta a la que pareciera desprenderse de la crítica efectuada. En
 efecto
, 
una reflexión más profunda sobre el tema puede llevarnos en una muy
 distint
a 
dirección, y concretamente a valorar decididamente lo que parece invalidado 
por la crítica, y a rescatar lo que parece hundirse. 
 
Una razón que puede ser algo mezquina pero no por ello carecer de validez, 
es utilizar la expresión "tercer sector" precisamente porque es fácilmente 
acogida en el contexto de la actual cultura que torna escasamente
 convocant
e 
las definiciones ideológicas más fuertes y más decididas valóricamente.
 Per
o 
aceptar sin más este motivo pragmático presenta el problema de que su 
validez depende de que la expresión "tercer sector" continúe en su actual 
estado de indefinición. Además, mediante una convocatoria en torno a 
contenidos tan débilmente definidos no parece poderse articular alguna 
realidad social que pueda aspirar a una mayor significación histórica y 
política. 
 
El hecho es que la expresión "tercer sector" requiere algún grado de 
precisión conceptual y contenidos específicos que le otorguen una más clara 
identidad y mayor fuerza proyectual. Esto no puede obviarse si se espera
 qu
e 
la expresión tenga un sentido unívoco que permita incorporarla a un
 discurs
o 
o texto racional, y sobre todo si se quiere que suscite algún sentido de 
identidad y pertenencia por parte de actores, sujetos y organizaciones 
sociales. 
 
Ahora bien, como la expresión "tercer sector" en sí misma no dice casi
 nada
, 
es preciso atribuirle un contenido, lo cual constituye una operación 
exquisitamente ideológica. Tal atribución de contenido, en efecto, no puede 
ser sino efecto de una voluntad política, resultado de un acto o proceso de 
afirmación de una identidad compartida, que sólo pueden realizar quienes
 po
r 
algún motivo u otro se sienten convocados a participar en esta búsqueda y a 
integrarse a la configuración social en formación que adopta ese nombre. 
 
Cabe señalar la extraordinaria importancia que tiene este proceso de 
atribución de contenidos que conduce a la definición de la identidad del 
"tercer sector". En efecto, de ello dependen: a) qué actores y sujetos 
sociales puedan ser y sentirse parte de él; b) cuál sea la naturaleza de su 
accionar, en los ámbitos cultural, social, político y económico; y c) qué 
tipo de proyecto histórico pueda emerger a partir de él. En realidad, el 
proceso de definición del "tercer sector", efectuado por los propios
 sujeto
s 
que se sienten convocados a participar en él, será el momento fundante y 
constitutivo de su propia realidad social, un proceso de autoconciencia y 
voluntad colectiva que definirá su destino histórico. 
 
En esta dirección, la primera opción que hay que hacer consiste en
 delimita
r 
los ámbitos de acción y organización que lo integren. Al respecto, una 
alternativa sería definir el "tercer sector" desde el espacio de lo 
específicamente económico, y en tal sentido incluiría exclusivamente 
organizaciones que operan en el terreno de la producción, la distribución, 
las finanzas, el consumo, etc. Una segunda alternativa sería definir el 
"tercer sector" en términos más amplios de modo que incluya los espacios de 
lo social, lo cultural, lo económico y lo político, y en tal sentido
 podría
n 
considerarse pertenecientes a él todo tipo de organizaciones sociales, 
comunitarias, económicas, deportivas, culturales, recreativas,
 informáticas
, 
políticas, religiosas, educacionales, universitarias, etc. Una tercera 
alternativa consistiría en hacer un corte de otro tipo, estableciendo la 
identidad del "tercer sector" en el marco delimitado por la noción de 
"sociedad civil", de modo que incluya los mencionados tipos de organización 
pero excluyendo explícitamente aquellas de naturaleza política que operan
 e
n 
directa relación con el poder público, tales como los partidos y
 movimiento
s 
políticos, los entes municipales, etc. 
 
Como hemos dicho y resulta evidente, se trata de una opción de carácter 
ideológico, en el buen sentido de esta palabra, esto es, como expresión de 
ideas y valores que buscan traducirse en realidad mediante la acción de 
sujetos sociales. Porque la expresión "tercer sector" convoca a construir 
una realidad social a partir de múltiples experiencias y organizaciones que 
buscan definir una identidad colectiva y a partir de ella elaborar un 
proyecto común. Ahora bien, tal opción no es de aquellas que pueden hacerse 
de una sola vez y para siempre, porque la construcción de una identidad 
social es un proceso largo y complejo, que se va constituyendo a través de 
múltiples y variadas ocasiones de encuentro y debate, de muchas 
elaboraciones conceptuales, de innumerables reuniones y conversaciones, de 
diferentes vínculos que se van estableciendo entre personas, organizaciones 
y redes, de muy distintos tipos de actividades y experiencias, de diversas 
investigaciones, publicaciones, revistas, audiovisuales, etc. Este mismo 
Encuentro es un momento del proceso. 
 
Como en estas diferentes actividades de hecho participan personas y 
organizaciones de los más diversos tipos y ámbitos -económicas, sociales, 
culturales, recreativas, políticas, etc.-, y como ningún grupo o
 subconjunt
o 
particular de ellas puede declararse dueña de la expresión "tercer sector", 
lo más probable es que tienda a prevalecer en el tiempo alguna de las 
opciones que lo definen en sentido amplio. 
 
Ahora bien, lo que entendamos por "tercer sector" no queda definido 
solamente por los ámbitos económico, social, cultural y político en que 
surjan organizaciones y experiencias sociales, sino también por la 
identificación de ciertas características, orientaciones, objetivos, formas 
de ser, etc. de esas diferentes organizaciones. Porque no toda organización 
económica, como no cualquier organización social, política o cultural, será 
reconocible como formando parte del "tercer sector". Si la expresión quiere 
tener un sentido, será necesario ir precisando algún conjunto de rasgos y 
cualidades que deben compartir dichas organizaciones y experiencias. 
 
Nuevamente, las alternativas son múltiples. Una primera alternativa
 consist
e 
en delimitar el "tercer sector" en sentido fuerte, por un estricto conjunto 
de características y cualidades que deban tener las organizaciones que se 
considere formen parte del mismo. En este sentido podría exigirse, por 
ejemplo, que han de ser experiencias asociativas, de base popular, sin
 fine
s 
de lucro o "non profit", no jerárquicas y organizadas de modo horizontal, 
provistas de un definido proyecto "alternativo" y de cambio social, 
ecológicas, independientes y no adscritas a ningún partido político o fe 
religiosa, etc. Por cierto, no serán muchas las entidades que cumplan todos 
estos requisitos, pero la identidad así demarcada será tan precisa 
internamente como excluyente hacia afuera. Una segunda alternativa, más 
amplia que la anterior, sería definir uno sólo de estos criterios o 
cualidades como base de identidad, sin importar que en todos los otros 
adopten las formas o características más variadas. En este sentido el 
"tercer sector" estaría constituido por aquellas organizaciones que 
comparten aquél criterio, característica o cualidad definida como la 
esencial, sin que se les exijan otras de las características señaladas 
antes. Por ejemplo, sólo las experiencias asociativas, pero todas ellas, o 
sólo las organizaciones "non profit", pero todas ellas aunque no sean de 
base popular, ni ecologistas, ni políticamente independientes, etc. Una 
tercera alternativa, la más amplia y que es también la de identidad más 
débil, sería considerar el "tercer sector" constituido por cualquier 
experiencia y organización que comparta al menos uno entre una serie de 
criterios, cualidades y características que definen el sector como un todo, 
pudiendo en consecuencia ser parte de él organizaciones de muy variados 
tipos y características, que se incluyen en el sector ya sea por una o por 
otra cualidad. 
 
También a este respecto la definición de identidad es el resultado de una 
opción, del mismo tipo que la anterior, esto es, de naturaleza ideológica y 
que se va configurando a través de un proceso de participación y 
decantación. Y por las mismas razones que respecto a la cuestión de los 
ámbitos de actividad, lo más probable es que también respecto a esta
 segund
a 
opción tienda a prevalecer la más amplia entre las señaladas alternativas
 d
e 
definición de identidad. 
 
Ahora bien, la amplitud respecto a la primera opción asociada a la amplitud 
respecto a la segunda, define un marco de identidad del "tercer sector" tan 
vasto que en él tienen cabida prácticamente todos los tipos y formas de 
organización social, cualquiera sea la naturaleza de su iniciativa y 
experiencia. Esto puede parecer extraordinariamente amorfo, vago y 
impreciso, y considerarse abiertamente insuficiente como definición de 
identidad precisamente porque casi no define ni identifica. Y conlleva una 
objeción obvia: ¿tiene sentido una definición que casi no define, una 
identidad que casi no identifica, un "sector" en que pueden participar casi 
todos? 
 
La respuesta afirmativa que propongo surge de mirar la cuestión desde un 
punto de vista que permite observar que es esa misma amplitud la que hace 
rescatable y otorga validez a la expresión "tercer sector", que empezamos 
criticando por su indefinición, su carencia de contenidos y su naturaleza 
light. La expresión "tercer sector" tiene ya sentido, en efecto, muy claro
 
y 
paradójicamente preciso, exactamente porque siendo imprecisa y no decir
 cas
i 
nada, puede convocar casi a todos. En ello hay ya un mérito innegable. Pero 
no es sólo esto, que sería demasiado poco. Otro mérito y valor específico 
que surge del carácter inicialmente indeterminado de la expresión "tercer 
sector", es que con ella no se convoca a integrarse a alguna forma de 
organización preestablecida y rígida, a un determinado proyecto ideológico 
predefinido por una persona o grupo iluminado particular, sino a un proceso 
participativo de búsqueda de alternativas, de definición y construcción de 
una identidad compartida, de elaboración de un proyecto nuevo. 
 
Pero ¿cómo puede llegarse, o esperar que se llegue a una definición de 
identidad y proyecto compartidos, a partir de una convocatoria socialmente 
tan amplia y que no predefine ni explicita contenidos previos? La razón es 
que, simplemente, en el curso de un proceso de autoidentificación como el 
indicado se verificará naturalmente un doble fenómeno: de incorporación y 
participación de experiencias y organizaciones por un lado, y de
 decantació
n 
y autoexclusión por el otro. Incorporación e inclusión de los que van 
coincidiendo con las definiciones y opciones que se adoptan, y exclusión de 
los que no se interesan por ellas o no las comparten. 
 
Puede decirse que en el proceso de autoidentificación del "tercer sector"
 s
e 
irá dando una dialéctica o un juego entre dos elementos que caracterizan a 
todo proceso de constitución social de sujetos e identidades compartidas, a 
saber, la voluntad de pertenecer y participar en la construcción común, y
 l
a 
progresiva definición ideológica y cultural que al irse consensuando entre 
los participantes va delimitando su identidad. Porque toda definición y
 tod
a 
identidad, es al mismo tiempo un factor de integración y de exclusión. Pero 
como en este caso no hay un elemento de poder y autoridad que determine a 
quienes se incluye y a quienes se excluye, la definición e identidad del 
"tercer sector" será el resultado de las decisiones autónomas de 
autoinclusión y autoexclusión que vayan efectuando las personas y 
organizaciones de los distintos tipos. 
 
Se hace patente así, de un modo paradójico, que la expresión "tercer
 sector
" 
tiene la potencialidad de adquirir un gran valor y un sentido profundo. Y
 e
s 
que si bien por su vaguedad y amplitud convoca a casi todos, su tímida 
formulación hace que quienes responden de hecho a la convocatoria sean 
solamente organizaciones y sujetos interesados realmente en el cambio
 socia
l 
y en la creación de alternativas económicas, sociales, culturales y 
políticas. Los poderosos, los que se sientan conformes con el sistema, los 
que piensen ser parte de los primeros sectores, o aspiren a integrarse a 
ellos, no aceptarán ser invitados a participar en un "tercer" sector que se 
presenta a sí mismo como el último, y aún todo por definir, soñar y 
construir. Y de todos los que lleguen una vez, aunque sea por curiosidad, a 
aceptar una tal convocatoria, permanecerán en el proceso de construcción de 
la identidad y del proyecto común, solamente quienes estén dispuestos a 
poner su parte, a participar activamente, a pensar y debatir junto a otros, 
a realizar una creación colectiva. En este sentido y curiosamente, aunque 
abiertamente light, la expresión "tercer sector" no deja de contener un 
germen de identificación fuerte. Como en muchas cosas de la vida, podemos 
decir que en su debilidad reside su fuerza, así como ocurre también a
 menud
o 
que en la excesiva fuerza se esconde la debilidad. 
 
Entender el tercer sector en sentido amplio, y su identidad como un proceso 
participativo de definición ideológica de sus contenidos, que sirva para 
identificar los sujetos y actores sociales que lo constituyan, no significa 
quedarse en la ambiguedad e indeterminación inicial, sino proceder 
activamente en el reconocimiento de los que pueden ser sus componentes, en 
los diferentes ámbitos de actividad y organización social. En este proceso, 
y siguiendo con nuestra línea de argumentación, tal vez lo más interesante 
sea el modo en que tal reconocimiento se irá dando. 
 
Se parte de una situación inicial en que el "tercer sector" no está 
predefinido y que por eso convoca prácticamente a todas las iniciativas, 
experiencias y organizaciones sociales; pero no todas se sienten
 convocadas
, 
sino solamente aquellas que tienen la voluntad de autoincluirse en él y de 
participar en su proceso de definición. El comienzo del proceso de 
definición es, pues, el autoreconocimiento como parte del tercer sector que 
efectúa cada una de las entidades que se sienten motivadas a participar; 
pero este autoreconocimiento debe buscar y suscitar el reconocimiento de
 lo
s 
otros participantes, de modo que el tercer sector se irá constituyendo 
mediante el reconocimiento recíproco entre todos sus participantes. 
 
Esto significa concretamente que cada entidad y tipo de organización que se 
proponga participar en el "tercer sector", deberá explicitar por qué se 
autoidentifica en él, lo cual implica precisar ante sí misma y ante las 
otras que como ella se sienten igualmente convocadas, cuáles sean sus 
razones, sus motivos, sus cualidades, sus méritos para autoreconocerse y 
aspirar al reconocimiento de los otros participantes. Por ejemplo, una 
empresa, o una Universidad que diga ser parte del "tercer sector", tendrá 
que dar razón de su pertenencia e identificación con éste explicitando las 
características que tenga, sus cualidades, sus proyectos, sus modos de ser 
en tales y cuáles aspectos, por los que se autoreconoce y por los que
 quier
e 
ser reconocida como parte del "tercer sector". 
 
De este modo, junto con irse precisando los sujetos sociales que lo 
integran, se irán delineando los contenidos ideales, valóricos y 
proyectuales que definen su identidad. El "tercer sector" se irá 
constituyendo y definiendo no autoritariamente, no académicamente, no 
siguiendo a alguien que apropiándose de la verdad establezca a priori "que 
el tercer sector es esto o aquello y que forman parte de él los que cumplan 
tales o cuáles requisitos", sino participativamente, de abajo hacia arriba, 
como un proceso de autoconciencia y recíproco reconocimiento y convergencia 
en torno a una identidad que se construye entre todos. 
 
Así entendido, el "tercer sector" podría llamarse de cualquier otro modo. 
Podría igualmente llamarse "tercer ojo", o "última esperanza", o "sector 
solidario". Lo importante no es el nombre sino la fuerza que adquiera el 
proceso de su constitución real, fuerza que dependerá exclusivamente de sus 
participantes y del valor de sus experiencias. Si estas son válidas, 
atractivas, convincentes, motivadoras, el "tercer sector" será válido, 
atractivo, convincente, motivador, y serán cada vez más los sujetos y 
organizaciones que se sentirán convocados a participar en él, y a hacer 
méritos para autoreconocerse y ser reconocidos como participantes de su 
identidad en formación y en constante renovación. 
 
 
2.- Hacia la identificación de los contenidos y sujetos económicos 
constituyentes del tercer sector. 
 
Uno de estos ámbitos del "tercer sector" es el de las organizaciones y 
actividades económicas. ¿Qué tipo de organizaciones y empresas están 
convocadas a participar en él? ¿Es posible establecer de modo no ambiguo 
sino con cierta precisión teórica, aquello que identifique y distinga la 
realidad o proceso que se pueda identificar como "tercer sector" en la 
economía? 
 
Las experiencias que podrían identificarse desde el punto de vista
 económic
o 
con el "tercer sector", son seguramente aquellas que operan con 
racionalidades económicas distintas tanto de las que tienen las empresas 
organizadas por el capital y que responden a la lógica de la ganancia y el 
lucro individual, como de las unidades económicas organizadas por el Estado 
y que responden a una lógica de planificación centralizada. En términos 
generales puede preverse que acepten la convocatoria del "tercer sector"
 la
s 
iniciativas, experiencias y unidades económicas protagonizadas por 
asociaciones, comunidades y organizaciones intermedias, y que persiguen 
objetivos de cooperación, ayuda mutua y reciprocidad a nivel de sujetos 
sociales integrados por acuerdos y compromisos asumidos libre y 
conscientemente sobre la base de afinidades objetivas o culturales 
particulares. Nuestro "tercer sector" se constituiría entonces, a partir de 
una cierta racionalidad económica especial, que funda modos alternativos de 
emprender, organizar y gestionar la producción, la distribución, el consumo 
y la acumulación. 
 
No es posible en el breve espacio de esta exposición explicitar dicha 
racionalidad económica especial. Podemos solamente decir en general, que en 
la actualidad ella se funda básicamente en dos factores cuya presencia 
económicamente operante da lugar a organizaciones económicas de 
características especiales. El primero de estos factores es la solidaridad
 
y 
la cooperación, convertidos en fuerzas productivas organizadoras de las 
actividades económicas, lo que hemos llamado el "factor C", esto es, la 
fuerza creadora, organizativa y eficiente de la voluntad y la conciencia 
colectiva, comunitaria o asociativa. El segundo factor es el trabajo humano 
en el más amplio sentido, puesto al centro de la organización y por encima 
del capital y de los factores materiales y financieros de producción y 
distribución. En términos más directos, diremos entonces que en el "tercer 
sector" convergerá un conjunto de organizaciones y actividades económicas 
muy variadas, pero que tienen en común la presencia activa y central del 
trabajo humano y de la solidaridad social, como factores organizadores de
 l
a 
actividad económica. 
 
¿En qué tipos de organizaciones económicas se manifiesta esta racionalidad 
especial, al menos de manera embrionaria pero suficiente para impactar
 sobr
e 
el modo de organizar y de realizar la actividad económica? Una rápida
 mirad
a 
panorámica a la realidad nos permitirá comprender que estamos en presencia 
de un mundo mucho más amplio, rico y extendido de lo que habitualmente 
reconocemos. En efecto, operan poniendo al centro esos dos factores 
básicos -y me refiero ahora a América Latina en particular-, al menos las 
siguientes realidades y procesos: 
 
Pongamos en primer lugar las cooperativas y empresas autogestionadas, que 
son las formas más difundidas de búsqueda y construcción explícita y 
consciente de modos alternativos de organización económica, y que se han 
desarrollado en el ámbito de la producción, de los servicios, de la 
distribución y el consumo, del ahorro y el financiamiento. 
 
Agreguemos luego las "organizaciones económicas populares", formas 
asociativas surgidas más o menos espontáneamente en diversos contextos de 
marginación y pobreza, que han dado lugar a una gran variedad de grupos de 
personas y familias que enfrentan en común problemas de alimentación, 
vivienda, desocupación, salud, capacitación y otras carencias, sobre la
 bas
e 
de la autoayuda y la ayuda mutua. 
 
Relacionado con estas organizaciones, podemos considerar también al menos 
una parte de la más amplia "economía popular", constituida a menudo de 
manera informal, por personas, familias y grupos que buscan su subsistencia 
y progreso organizando actividades productivas, comeciales y de servicios
 a
l 
margen de las empresas y del mercado oficial. Muchos de ellos a menudo 
alcanzan viabilidad y espacios de desarrollo organizándose en sindicatos 
(por ejemplo de trabajadores independientes, de vendedores ambulantes, de 
cartoneros, etc.), en asociaciones gremiales, en ferias libres que han 
conquistado espacios públicos para el ejercicio de sus actividades 
comerciales. 
 
Asociado con este fenómeno social de dimensiones inmensas en cada país de 
América Latina, podemos considerar también la realidad conocida como 
microempresas o microemprendimientos. Una parte importante de ellas es de 
hecho economía popular fundada en el trabajo, tiene una base de
 organizació
n 
familiar y vecinal, da lugar a procesos de integración de funciones 
económicas (por ejemplo, al comercializar en conjunto, al participar en 
cooperativas de ahorro y crédito, al constituir asociaciones gremiales que 
operan como instancias coordinadoras de actividades conjuntas), y en todo 
ello pone de manifiesto también importantes relaciones y valores de 
solidaridad y cooperación. 
 
Por cierto, en el mundo campesino existe en toda la región latinoamericana 
una extendida realidad de economía fundada en el trabajo, la solidaridad y 
la cooperación. La llamada"economía campesina", con sus unidades de base 
familiar extendida, sus articulaciones a nivel territorial y comunal, sus 
tradicionales formas de reciprocidad para hacer frente a los requerimientos 
variables y temporales de fuerza de trabajo, tecnologías, medios de 
producción y financiamiento, son sin duda constituyentes potenciales de 
nuestro "tercer sector". 
 
También despliegan formas asociativas y de reciprocidad en las relaciones 
económicas, varias otras actividades de producción tradicionales, como es
 e
l 
caso de la pesca artesanal y su organización en "caletas de pescadores", la 
minería de pequeña escala realizada por "pirquineros" y otros extractores 
asociados, y en muchas ocasiones la artesanía como actividad en que se 
especializan pueblos y villorrios que adquieren una identidad por su 
dedicación a un rubro determinado: cerámica, trabajo de cuero, tejido, 
tallado de madera, trabajo de la piedra, etc. 
 
No podemos dejar de mencionar también numerosas comunidades de pueblos 
indígenas, integradas económicamente por una común adscripción y posesión
 d
e 
la tierra y otros factores de producción, por la utilización comunitaria
 de
l 
saber hacer tecnológico, y donde las relaciones de reciprocidad son 
habituales en la distribución, el consumo y la acumulación, dando lugar a 
formas de vida comunitarias altamente integradas. 
 
De más reciente origen, se están desenvolviendo en numerosos pueblos, 
villorrios rurales, ciudades de provincia, comunas populares urbanas, 
campamentos, etc., un vasto conjunto de iniciativas que integran energías 
organizadas de la comunidad, en términos de procesos comnocidos como 
programas de desarrollo local. 
 
Existen, además, en toda América Latina, múltiples experiencias asociativas 
orientadas por principios de participación y desarrollo de la comunidad, 
formadas por mujeres, jóvenes, ancianos, pobladores sin casa, campesinos
 si
n 
tierra, etc., que llevando adelante procesos de reivindicación de derechos
 
e 
intereses compartidos correspondientes a sus distintas identidades, dan 
lugar a organizaciones sociales que de un modo u otro integran recursos y 
realizan actividades económicas que benefician a la comunidad local y 
territorial. Cabe mencionar también iniciativas asociativas y comunitarias 
que se distinguen por hacerse cargo de ciertas preocupaciones sociales que 
son enfrentadas mediante la organización de actividades económicas 
conjuntas, como es el caso de experiencias de autoconstrucción de viviendas 
utilizando tecnologías y materiales alternativos, otros de cultivos 
biológicos o de agricultura orgánica, la utilización de fuentes de energía 
no contaminantes, el reciclaje de recursos, etc. Podemos decir que la 
preocupación ecológica y la protección del medio ambiente están originando 
una incipiente búsqueda de una economía ecológica, que encuentra en las 
formas económicas fundadas en la solidaridad y el trabajo su expresión más 
coherente y natural. 
 
Debe considerarse, en fin, el vasto mundo de las ONGs, u organizaciones 
no-gubernamentales de servicio y/o de desarrollo, que se organizan de 
maneras autogestionadas conforme a diversas alternativas jurídicas, y que
 s
e 
distinguen como formas institucionales o empresas "sin fines de lucro", o 
con explícitos fines de beneficio social. Muchas de ellas operan como 
instancias de apoyo a las formas económicas mencionadas anteriormente, y 
juegan un importante papel como organizaciones de financiamiento que 
gestionan fondos rotatorios, de comercialización, de asesoría 
organizacional, apoyo a la gestión, asistencia técnica y capacitación;
 otra
s 
tienen fines específicos acotados a necesidades sociales determinadas, y 
buscan mejorar la calidad de vida de sus beneficiados. Cabe en este sentido 
considerar a las numerosas fundaciones, corporaciones, asociaciones 
profesionales, organizaciones de voluntariado, asociaciones culturales,
 etc
. 
que canalizan recursos y servicios de varios tipos, incluidos los de
 estudi
o 
e investigación, que contribuyen de manera significativa a darle identidad
 
y 
presencia social, política y cultural a las expresiones económicas surgidas 
de la llamada "sociedad civil". 
 
Esta visión panorámica de la multiplicidad de organizaciones que podemos 
considerar integrantes potenciales del "tercer sector", nos permite
 hacerno
s 
una idea de la vigencia, importancia, actualidad y potencialidades de 
aquella realidad que nos interesa. Una realidad que, por cierto, aquí se 
encuentra representada solamente en una mínima proporción. 
 
 
3.- Sobre el proceso de constitución del tercer sector. 
 
Esta alusión a la "representación" del sector nos abre a la reflexión de un 
tema de la mayor relevancia. Y es que hablar de "sector" en un sentido más 
propio y pleno, exigiría que la extendida realidad de organizaciones y 
actividades que lo constituyen porque comparten una similar racionalidad 
económica especial, se encuentren de algún modo articuladas, integradas, 
coordinadas, o sea que tengan una cierta identidad social conocida y
 asumid
a 
interna y externamente, que posean una voz común que las represente ante la 
sociedad, y que incluso estén provistas de un proyecto de desarrollo que 
impulsen con algún grado de coherencia. 
 
Y es mirando este aspecto que podemos decir que el que aquí llamamos con 
cierta imprecisión y ambiguedad "tercer sector", si bien existe en Chile y 
en cada uno de los países latinoamericanos en cuanto son muy numerosas, 
extendidas y vastas las organizaciones y actividades que funcionan y operan 
con una racionalidad económica fundada en el trabajo y la solidaridad y que 
se relacionan en términos de cooperación y reciprocidad, no existe aún, o 
sea no se encuentra todavía configurado y constituido como "sector", o sea 
como una realidad económica sectorial reconocida como tal, que tenga su 
propia identidad y relativa autonomía, y pueda hablar con voz y 
representación social propia. 
 
Lo que existen son solamente inicios de un proceso de identificación, 
embriones de organización y coordinación a niveles agregados, y gérmenes de 
un proyecto aún demasiado abstracto e insuficientemente discutivo y 
compartido. Lo que debemos entonces plantearnos, es el modo de pasar de lo 
que es todavía una potencialidad a su actualización y configuración, o en 
otros términos, en qué consista el proceso constituyente del tercer sector. 
 
Lo primero sería identificar las condiciones o exigencias básicas para la 
constitución de un sector en el sentido indicado. Entre ellas cabe 
mencionar: 
 
1. El desarrollo de una identidad compartida, común para todas las 
experiencias, que permita generar en ellas un sentido de pertenencia al 
sector. Tal identidad pienso que no puede sino basarse en la racionalidad 
económica especial que las convierte en sujetos de una economía de 
solidaridad y trabajo. 
 
2. La conformación de redes horizontales de comunicación, intercambio de 
experiencias y proyectación de actividades conjuntas. El desarrollo de 
instancias de coordinación, que llegue en el tiempo a generar
 procedimiento
s 
democráticos y participativos de representación del sector. 
 
3. La creación de un cierto sistema de apoyo, articulado y coordinado en 
cierta medida. Al hablar de un "sistema de apoyo" me refiero a que diversas 
instituciones no-gubernamentales y públicas interesadas en apoyar el
 sector
, 
se coordinen para operar coherentemente en una dirección común, 
potenciándose y complementándose en la prestación de sus servicios. 
 
4. La elaboración y puesta en marcha de un proyecto social y económico del 
sector, que incluya su presencia y representación a nivel político. La 
identidad de un fenómeno social se refuerza cuando de él surge un proyecto 
unificador, que oriente su desarrollo en una perspectiva coherente, y que
 l
o 
potencia en la medida que el proyecto sea capaz de despertar y poner en 
acción las energías indispensables para su realización. Nuestra idea básica 
al respecto, es que el proyecto del "tercer sector" consiste, ante todo, en 
su propio desarrollo como alternativa económica viable para extensos 
sectores de la sociedad; junto a ello, el proyecto implica el despliegue de 
sus propias características distintivas, de su particular racionalidad 
económica en cuanto fundada en el trabajo y potenciada por relaciones y 
valores de solidaridad. El proyecto, más allá de las unidades económicas 
mismas, supone también, tal vez, un proceso de configuración de un mercado 
especial, no separado del mercado general pero ajeno a sus lógicas de 
concentración y exclusión, capaz de contribuir por su sola existencia y 
despliegue a un más amplio proceso de democratización del mercado global.
 E
n 
este sentido el proyecto debiera incluir una propuesta de transformación 
social y económica a nivel de la sociedad global, en términos de 
democratización del mercado y del Estado. 
 
El proceso constituyente de este "tercer sector" de la economía, se 
encuentra -pues- inconcluso, y son muchas las etapas que faltan para su 
consolidación. Nuestra impresión es que se han dado ya algunos primeros e 
importantes pasos en la dirección de los cuatro puntos señalados; pero
 ésto
s 
son todavía inseguros y oscilantes. Existe una realidad de base, muy amplia 
sin duda, pero a la cual no se ha llegado aún con propuestas y proyectos 
integradores y orientadores, salvo en segmentos reducidos, aunque
 relevante
s 
por ser los más conscientes. 
 
A nuestro parecer, el conjunto de organizaciones potencialmente 
constitutivas del "tercer sector", tienen actualmente tres alternativas, a 
saber: a) su estabilización en la marginalidad; b) su inserción subordinada 
en el modelo de desarrollo neo-liberal; y c) su autonomía orgánica, en la 
dirección constituyente de un sector económico y de un movimiento social. 
 
La estabilización en la marginalidad se verificaría en la medida que las 
organizaciones económicas no lograran salir de la precariedad en que operan 
muchas de ellas, mantuvieran su recíproco aislamiento y la dispersión de
 su
s 
iniciativas, y asumieran dinámicas competitivas que los enclaustren a cada 
uno en su propia y absorbente actividad. Esta tendencia se reforzaría si
 la
s 
instituciones de apoyo continuaran un proceso que en alguna medida se está 
manifestando en el último tiempo, de reducción de su presencia y niveles de 
actividad, de pérdida de motivaciones ideales, de descompromiso con el
 mund
o 
popular, o de reconversión en términos de ser simplemente entidades 
ejecutoras de políticas públicas, preocupadas excesivamente de su propia 
subsistencia. 
 
La integración subordinada en el modelo de desarrollo imperante, se daría 
para una parte de las unidades económicas del sector, quizás la más
 dinámic
a 
en términos estrictamente económicos pero la menos evolucionada en términos 
de conciencia social, si ellas, aprovechando oportunidades de crecimiento
 e
n 
base a créditos subvencionados y a apoyos del sector público, decidieran 
asimilarse a los modos capitalistas de hacer economía, sobre la base del 
trabajo asalariado subremunerado. Esta tendencia se reforzaría de continuar 
la predominancia de políticas de apoyo -públicas, empresariales y 
no-gubernamentales-, orientadas en el sentido de insertar los 
microemprendimientos en las dinámicas inherentes al modelo neo-liberal, al 
tiempo que las mantienen como clientelas político-sociales dependientes. 
 
Tanto la estabilización en la marginalidad como la integración subordinada, 
inhiben y dificultan la conformación de un sector económico autónomo, y 
reducen las capacidades de sus unidades económicas de aportar con sus 
propios valores y relaciones a la transformación social en sentido 
democrático. De no mediar una consistente acción organizativa y de
 expansió
n 
de la conciencia de su propia identidad y racionalidad, y de sus 
potencialidades sociales, es probable que ambas tendencias se desarrollen 
paralelamente: la marginalidad, como destino de la parte más pobre y 
precaria del sector, y la integración subordinada como perspectiva a la que 
puede acceder una pequeña parte del mismo, la más consolidada financiera y 
comercialmente. Ello conduciría a una mayor precarización de la parte más 
numerosa pero más pobre del sector, que resultaría "descremado" al
 separars
e 
del mismo, en su proceso de articulación, las unidades económicas más 
sólidas y con mayor capacidad de generar iniciativas. 
 
Ante tales riesgos, es necesario examinar la perspectiva de la autonomía 
orgánica, las condiciones que reafirmarían su posibilidad, y las acciones 
que favorecerían su realización. 
 
Entendemos por "autonomía orgánica", precisamente la configuración de un 
sector económico crecientemente integrado, en el sentido que hemos
 expuesto
. 
Estaría conformado por una importante cantidad de unidades económicas que: 
a) se desarrollan sobre la base de profundizar sus características 
específicas de centralidad del trabajo y la solidaridad; b) se articulan 
progresivamente estrechando vínculos económicos (comerciales, financieros, 
tecnológicos, de mercado, etc.); c) toman conciencia de su identidad 
económico-social en cuanto son portadoras actuales o potenciales de un modo 
alternativo de hacer economía; d) se organizan socialmente, dando lugar a
 u
n 
cierto movimiento social que perfila su presencia en el escenario nacional; 
y e) despliegan con creciente conciencia un proyecto de desarrollo propio. 
 
Quisiera detenerme sobre este último punto -el proyecto-, porque revierte 
sinérgicamente sobre los anteriores, y especialmente sobre la identidad y
 l
a 
articulación organizativa. La identidad de un fenómeno social se refuerza 
cuando de él surge un proyecto unificador, que oriente su desarrollo en una 
perspectiva coherente, y que lo potencia en la medida que el proyecto sea 
capaz de despertar y poner en acción la organización y las energías 
indispensables para su realización. La necesidad de un proyecto de lo que 
hemos convenido en llamar tercer sector, ha sido visualizada en numerosas 
ocasiones anteriores de encuentro y reflexión, que aunque no hayan sido 
convocadas con la denominación "tercer sector", han contado con la 
participación de grupos de organizaciones y personas que serían parte de 
éste. 
 
Podemos tal vez resumir las orientaciones básicas en que parecen converger 
las reflexiones sobre el tema, señalando que el proyecto consiste, ante 
todo, en su propio desarrollo como alternativa económica viable para
 quiene
s 
se sienten marginados o que no comparten las dinámicas predominantes en la 
economía y el mercado actual; junto a ello, el proyecto implicaría el 
despliegue de sus propias características distintivas, de su particular 
racionalidad económica en cuanto fundadas en el trabajo y potenciadas por 
relaciones y valores de solidaridad. El proyecto, más allá de las unidades 
económicas mismas, supone también un proceso de configuración de un mercado 
especial, no separado del mercado general pero ajeno a sus lógicas de 
dominación, capaz de contribuir por su sola existencia y despliegue a un
 má
s 
amplio proceso de democratización del mercado global. 
 
 
4.- Algunas propuestas para el desarrollo del sector y su constitución como 
movimiento social. 
 
En el estado actual del proceso de formación de lo que aquí llamamos tercer 
sector, es necesario pensar, proyectar y realizar ciertas acciones, 
instancias y procesos que abran a una fase activa del proceso
 constituyente
. 
Señalamos a continuación algunas de ellas, que además de su valor 
intrínseco, tienen la cualidad de haber surgido como propuestas y proyectos 
en que se encuentran ya empeñadas algunas organizaciones. 
 
a) La conformación de consorcios y otros complejos integrados de empresas 
relacionadas, en que los valores, relaciones, comportamientos, racionalidad 
y estructuras propias de la economía de solidaridad y trabajo, se 
experimenten y vivan con creciente coherencia y convicción. Tales complejos 
pueden estar constituido por empresas productivas y de servicios de
 diverso
s 
rubros, cada una funcionando independientemente pero estrechando vínculos
 d
e 
complementación y apoyo mutuo, y podrían articularse mediante la operación 
de organismos de intermediación financiera y comercial (fondos rotatorios, 
comercializadoras, etc. autogestionadas), de capacitación laboral e 
innovación tecnológica, que presten servicios no solamente a las empresas 
relacionadas sino también a otras del sector. Así conformados, cada
 complej
o 
sería un testimonio ejemplar de lo que puede lograrse mediante la 
racionalidad económica del sector, llegando a perfilarse como un punto de 
referencia capaz de atraer e integrar otras experiencias, o de ser
 replicad
o 
por iniciativas similares. 
 
b) La creación de varias organizaciones de integración y representación 
social, que en la forma de asociaciones gremiales, cooperativas y redes de 
coordinación, integren un número creciente de unidades de base y unifiquen 
sus fuerzas tras el logro de objetivos, conquistas y reivindicaciones de 
interés para todo el sector. Tales organizaciones suelen constituirse 
inicialmente por las unidades y organizaciones que con mayor conciencia y 
coherencia práctica, desarrollan sus actividades económicas según las
 forma
s 
y proyectos de la economía de solidaridad y trabajo. 
 
c) El paso hacia un nuevo tipo de relaciones entre las unidades económicas 
de base y las instituciones que las apoyan con servicios profesionales. 
Estas nuevas relaciones debieran implicar un compromiso más directo de las 
instituciones de apoyo con las organizaciones de base, la adopción de 
criterios internos de organización y funcionamiento coherentes con los de
 l
a 
economía de solidaridad y trabajo, el pleno respeto y servicio a la 
autonomía de las experiencias populares, un compromiso vivencial con su 
destino y desarrollo, y la aceptación de la participación directa de los 
beneficiartios en la definición de las políticas, criterios y actividades a 
realizar. 
 
d) La elaboración de programas de desarrollo articulados por grupos de 
organizaciones que por afinidad operacional y/o proximidad territorial, 
puedan fijarse objetivos y acciones de corto, mediano y largo plazo a 
realizar en conjunto. La multiplicación de programas de esas 
características, junto con favorecer la operación de cada uno de sus 
participantes, irá generando conciencia de identidad y pertenencia al 
sector, y fortaleciendo la convicción de que mediante la acción asociativa 
es posible alcanzar logros de creciente envergadura. 
 
e) El desarrollo de un sistema de formación y capacitación, con cursos, 
seminarios y talleres de distinto nivel, destinados a la preparación 
teórica, técnica y metodológica de animadores y promotores, de dirigentes y 
gestores, y de trabajadores e integrantes de las unidades de base y de los 
organismos de integración del sector. La gestación de una amplia capa de 
personas vinculadas y participantes en el proceso práctico, provistas de
 un
a 
sólida formación que los habilite para desarrollar pensamiento e
 iniciativa
s 
nuevas, es un momento indispensable y decisivo en la gestación de cualquier 
movimiento social. 
 
En este sentido vale hacer referencia a una reflexión de A. Gramsci sobre 
los movimientos sociales, que me parece muy sugerente para pensar el tercer 
sector y proyectar su desarrollo. Gramsci señala que todo movimiento social 
con perspectiva histórica requiere desarrollar tres elementos
 fundamentales
: 
 
a) Un elemento "práctico", social, consistente en un vasto conjunto de 
personas y grupos de base, que se forma a partir de, y responde a, 
necesidades reales, no puramente coyuntural sino correspondiente a 
condiciones estructurales de la sociedad. 
 
b) Un elemento "teórico", cultural, consistente en un cuerpo de pensamiento 
riguroso y amplio, en una ideología abierta, en un acerbo de ideas 
científicas, en un conjunto de expresiones artísticas, que expresen la 
realidad actual y potencial del elemento "práctico", y que lo potencien 
conduciéndolo a su unidad y coherencia en torno a un proyecto común. 
 
c) Un elemento "organizativo", constituido por una capa de los que llama 
intelectuales "orgánicos", esto es, personas que conocen en profundidad el 
mencionado elemento "teórico" y que están en contacto directo con el 
elemento "práctico", efectuando la mediación entre ambos. Por un lado, 
participan en la difusión y aplicación del componente teórico y cultural 
entre las bases sociales del sector, y por otro, contribuyen a enriquecer y 
desarrollar el elemento cultural y teórico en base a las exigencias y 
requerimientos que provienen del elemento social. 
 
Pues bien, si aplicamos estos conceptos al análisis de lo que existe en 
América Latina como "tercer sector" y de lo que está pendiente para su 
constitución como actor o movimiento social, podemos decir, ante todo, que 
el elemento social o "práctico" existe extendidamente en América Latina en 
las diferentes modalidades que enumeramos anteriormente como potenciales 
participantes del tercer sector. El elemento "teórico" también existe, 
aunque parcial y en proceso de elaboración y desarrollo, en la forma de una 
multitud de elaboraciones conceptuales en términos de economía de 
solidaridad, desarrollo a escala humana, economía social, desarrollo local, 
etc.; es necesario sin duda continuar estas búsquedas y producir nuevos 
conocimientos, y sobre todo integrar muchas elaboraciones dispersas. Y
 sobr
e 
todo es necesario que lo que está en los libros y en la conciencia de
 pocos
, 
sea difundido, conocido, estudiado y enriquecido, para que cumpla 
eficazmente su importante función. Pero es el elemento "organizativo" el
 má
s 
débil y menos desarrollado, siendo entonces aquél sobre el cual convendría 
enfatizar en esta fase el quehacer de quienes nos sentimos convocados a un 
proceso constituyente del tercer sector. Caben aquí múltiples iniciativas
 d
e 
formación y capacitación, de encuentro e intercambio de experiencias, de 
elaboración de metodologías y contenidos, de puesta en red y de creación de 
organizaciones, que pueden ser desplegadas desde múltiples centros. 
 
*Presentación realizada en el "II Encuentro de la Red Latinoamericana y del 
Caribe de la Sociedad Internacional de Investigación del Tercer Sector: 
Hacia un Desarrollo con Ciudadanía", Santiago de Chile, septiembre de 1999. 
 
 
-------------------------------------- 
 
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Nave Tierra . Uno más Uno Diez . Resignificando el Desarrollo . Sociedad 
Civil . Ciudadanía Mundial 
Diversidad Cultural y Conciencia Planetaria . El Desarrollo Humano como 
principio y fin de la Salud 
 
 
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Año 1 Número 11 
Enero 2005 Coordinación Editorial: Haleh Maniei 
Secretaría de Redacción: Eva Cajigas 
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