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Responder a este mensaje
Asunto:[redluzargentina] Física hiperdimensional, el gran secreto
Fecha:Martes, 14 de Noviembre, 2006  13:16:33 (-0300)
Autor:Alicia Y Amira Contursi y Manzur <alicia.amira @.....com>

"Dana Tir" <nuriamerkaba@fibertel.com.ar> 
To: <grialnet@elistas.net>, <ral-nodocordoba@gruposyahoo.com.ar>, < 
redchilenadeluz@yahoogroups.com>, <redluzargentina@egrupos.net>, < 
favores@eListas.net> 
Date: Tue, 13 Nov 2007 14:14:35 -0300 
Subject: * Física hiperdimensional; el gran secreto ... 
 
Gracias  Jorge! 
 
   ------------------------------ 
 
 
*De los ovnis a la Alquimia, de las pirámides de Egipto al Ocultismo, los 
que nos hemos interesado por estos temas hemos sentido alguna vez, aunque 
solo fuera como una fugaz intuición, que estos misterios podían tener
 u
n 
nexo común, un secreto que, una vez desvelado, haría que todo
 adquirier
a 
sentido. Pues bien, es posible que ese secreto exista y este en posesión
 
de 
unos pocos privilegiados, pero será por poco tiempo, porque todo indica
 q
ue 
está a punto de ser revelado... de Santiago Camacho (publicado en el
 nú
m. 
126 de Año Cero)* 
 
 
Un equipo de científicos liderado por el Dr. Lijun Wang de los
 laboratori
os 
NEC de Princeton, consiguió algo que hasta aquel mismo día había sido 
considerado imposible, romper la barrera de la velocidad de la luz 
acelerando hasta trescientas veces su velocidad normal un pulso luminoso 
procedente de un láser. Muchos vieron en este acontecimiento un momento 
histórico en el que aparecía la primera grieta en el hasta ahora
 sóli
do 
edificio de la física einsteiana.  Sintamos por un momento como sería 
nuestro mundo, ese mundo cotidiano en el que nos devanamos los sesos para 
pagar las facturas y con lo que nos sobra bajamos a comprar el pan, si las 
cosas fueran diferentes. Cada día, el depósito de nuestro automóvil
 r
eclama 
su ración de carburante indiferente a las vertiginosas subidas de los 
precios del petróleo. Es más, en cada producto o servicio que
 compramos
 o 
contratamos una buena parte del precio va destinada a pagar la energía 
empleada en producirlo y transportarlo hasta los puntos de venta. Pero,
 ¿
qué 
sucedería si esa energía fuera virtualmente gratuita? La consecuencia 
inmediata es que nuestro nivel adquisitivo ascendería hasta niveles 
considerablemente más altos que los actuales, es más, ese proceso se 
reproduciría a escala mundial haciendo que la pobreza y el hambre 
desaparecieran de nuestro planeta... ¿Utópico verdad? 
 
Vayamos un poco más lejos en la utopía. ¿Y si fuéramos capaces de
 g
obernar 
el clima, la estructura de la materia, el curso de nuestra propia
 biologí
a 
y, en general, cualquier fuerza de la naturaleza que pudiéramos imaginar
 
y 
algunas que aún ni imaginamos? Nuestra especie se vería libre de todas
 
las 
esclavitudes a las que se ha visto sometida desde los orígenes de su 
existencia. Estaríamos ante un mundo sin trabajo, sin vejez, sin
 enfermed
ad, 
en el que cada persona sería libre de encaminar su vida y su talento por
 
los 
senderos que estimase oportuno. Ya sé que muchos estarán pensando
 ahora
 que 
tal poder traería tantos males como beneficios y que el ser humano,
 lleva
do 
por la ambición, el miedo, la ira y la agresividad que le son naturales 
terminaría convirtiendo tal don en el arma de su destrucción.
 Seguramen
te 
sería así pero, puestos a imaginar, podría suceder algo más, algo
 q
ue 
supusiera en tal escenario la diferencia entre el paraíso y el infierno. 
 
Pongamos que por algún acontecimiento cósmico de escala inconcebible
 el
 ser 
humano se viera abocado de forma inevitable a dar el siguiente paso en su 
perfeccionamiento. Que la forma en que su cerebro recibe y organiza la 
información cambiara sustancialmente haciéndole ver las cosas con una
 m
ayor 
amplitud, con más profundidad, de manera que comenzara, no solo a
 compren
der 
mejor su entorno y a sus semejantes, sino que se sintiera en armonía con 
ellos y no hubiera necesidad de conflicto alguno. 
 
Bonita historia, ¿verdad? Pues bien, todo esto no solo es posible, sino
 q
ue 
podría estar empezando a suceder. Indicios recogidos en todo el mundo nos 
llevan a pensar que estamos en vísperas de conocer el gran secreto que se 
halla tras de muchos enigmas de nuestro mundo. Más aún, ese gran
 secret
o 
puede haber comenzado a actuar sobre nosotros sin que nos demos cuenta de 
ello. 
 
*La edad de oro* 
* 
*Admítasenos comenzar con un ejercicio de recapitulación, de
 síntesis
 de un 
sin fin de historias que han llegado hasta nosotros a través de las más 
variadas fuentes. El guión general de esta historia seguramente será 
familiar para la mayoría de nuestros lectores. Sucedió en una época 
increíblemente remota, posiblemente decenas de miles de años antes de
 l
a 
aparición de nuestros primeros registros históricos. En aquel tiempo
 ex
istió 
una civilización cuyo recuerdo ha pervivido en las leyendas, mitos y 
religiones de la práctica totalidad de los pueblos de la Tierra. No solo 
eso, como sombra insinuada de su grandeza, en diversos lugares del globo
 ha
n 
sobrevivido edificios y artefactos que se han convertido en una pesadilla 
para científicos e historiadores que se las ven y se las desean a la
 hora
 de 
ubicarlos de manera que encajen con su visión de la historia. Líneas 
dibujadas en los desiertos de Nazca, ciclópeos muros sepultados bajo las 
aguas del Pacífico u objetos más modestos, como esas manufacturas de 
aluminio que aparecieron sin venir a cuento en la tumba de un antiguo 
emperador chino o la rudimentaria batería eléctrica que yace olvidada
 e
n los 
sótanos de algún museo de Bagdad. 
 
No sabemos si fueron seres humanos o algo diferente, si eran originarios de 
nuestro planeta o llegaron hasta él a consecuencia de alguna inimaginable 
peripecia. Lo que si sabemos, porque en esto si coinciden todas las
 fábul
as 
que sobre ellos se escribieron a lo largo de los siglos, es que eran
 dueñ
os 
de conocimientos científicos y tecnológicos que les permitían
 realiza
r 
milagros inaccesibles aún para nosotros, haciéndoles aparecer como
 dios
es a 
los ojos de nuestros antepasados. 
 
Pero no eran dioses, tan solo los depositarios de un secreto que les 
otorgaba poder casi ilimitado. Nunca podremos conocer si ese secreto
 lleg
ó a 
sus manos por la vía de la casualidad o tras generaciones de esfuerzo e 
investigación. Pero estamos seguros de que no eran dioses porque en lo
 qu
e 
también coinciden esas leyendas es en que ese poder fue seguramente la
 ca
usa 
de su crepúsculo. La Atlántida, Lemuria o como se la quiera designar, 
desapareció casi de la noche a la mañana, destruida por la insensatez
 d
e sus 
habitantes que borrachos de soberbia hicieron un mal uso del don que se les 
había otorgado. Los supervivientes se dispersaron por todo el globo 
iluminando a nuestros primitivos antepasados con la luz de su conocimiento. 
Fueron ellos los protagonistas de esas leyendas que nos hablan de 
misteriosos personajes que instruyeron a los hombres y levantaron de la
 nad
a 
poderosas civilizaciones. Con el discurrir de los siglos, la antigua 
ciencia, transmitida de maestro a discípulo a través de generaciones de 
iniciados, se fue contaminando de superstición. Quedaron los ritos, las 
formas, pero la explicación que había tras de todo ello se había
 extr
aviado 
hacía mucho tiempo. Así nacieron las ciencias ocultas, la
 Astrología,
 la 
Alquimia, las disciplinas espirituales y hasta la magia. 
 
Llegaron nuevos tiempos, y con ellos una nueva civilización y una nueva 
ciencia que consideraba los patéticos restos de la antigua como mera 
quincalla oscurantista. Pero es posible que la antigua ciencia no se haya 
perdido para siempre y ahora mismo estemos en los umbrales de adquirir un 
conocimiento que, en cuanto a poder y comprensión del Universo, nos 
colocaría a la misma altura de aquellos míticos seres. El secreto
 comie
nza a 
dibujarse a partir de una nueva ciencia (o tal vez no tan nueva, quien
 sabe
) 
llamada Física Hiperdimensional. 
 
 
*Consignado en el tiempo* 
* 
*En 1976 el mundo esperaba expectante las primeras fotografías tomadas
 po
r 
la sonda espacial Viking. Por fin teníamos una rendija por la que
 asomarn
os 
a los misterios de Marte, el planeta rojo que desde siempre había
 cautiva
do 
la imaginación colectiva de la Humanidad. Pero nadie podía imaginar
 que
 esas 
fotografías enviadas desde millones de kilómetros de distancia
 serían
 las 
portadoras de secretos demasiado inquietantes, demasiado
 desestabilizadores
, 
tanto que la propia NASA tomó cartas en el asunto para intentar hacerlos 
desaparecer. Las imágenes procedentes de la región conocida como
 Cydoni
a 
mostraban la existencia de un vasto conjunto de cuerpos de apariencia 
artificial entre los que destacaba la bautizada como "esfinge de Marte",
 un
a 
gigantesca cabeza esculpida en piedra cuyo rostro, orientado hacia el 
espacio, nos devolvía la curiosa mirada que habíamos dirigido hacia
 nue
stro 
planeta vecino. 
 
A partir de ese momento, personajes como Richard Hoagland, Vincent di 
Pietro, Gregory Molenaar o Mark Carlotto, todos ellos provistos de 
intachables credenciales científicas por más que les pese a los
 escép
ticos 
de turno, consagraron sus vidas al estudio de lo que creían podía
 const
ituir 
la primera prueba material de vida inteligente extraterrestre. Las
 polémi
cas 
imágenes fueron estudiadas hasta el último píxel, se utilizaron
 compl
ejos 
procedimientos informáticos para analizarlas y se trazaron detalladas 
cartografías de la zona con ayuda de los métodos más sofisticados.
 Ni
 la 
consecuente campaña de desprestigio del caso que llevó a cabo la NASA 
echando mano de personalidades tan conocidas como Carl Sagan fue suficiente 
para silenciar las voces que reclamaban un estudio oficial de la región
 d
e 
Cydonia. 
 
Pero sería en 1988 cuando la investigación sobre las anomalías
 marcia
nas 
tomaría un nuevo rumbo de la mano de Erol Torun, cartógrafo y analista
 
de 
sistemas en la agencia cartográfica de la defensa. De las estructuras
 que
 se 
alzan en la llanura de Cydonia la conocida como pirámide D&M atrajo 
especialmente la curiosidad de este experto en el análisis de imágenes 
aéreas. En la esquina sur suroeste de la region de Cydonia, a una
 distanc
ia 
de la "esfinge" exactamente igual a 1/360 del diámetro polar marciano, se 
encuentra una estructura de un tamaño tal que resulta difícilmente 
concebible. La pirámide D&M recibe este nombre en honor a sus
 descubridor
es 
Vincent Dipietro y Gregory Molenaar. Tiene una altura aproximada de 800 
metros y un diámetro de casi tres kilómetros. Se trata de una
 pirámid
e 
pentagonal cuyos lados están dispuestos en ángulos de 30 grados. En su 
construcción se debió emplear 1.5 kilómetros cúbicos de material y
 
su 
colocación respecto a los otros objetos de Cydonia dibuja un perfecto 
triángulo equilátero. Torun, a pesar de sus amplios conocimientos de 
Geomorfología, no conocía ningún mecanismo natural que pudiera
 explic
ar su 
formación. Fue precisamente esto lo que le movió a analizar
 cuidadosame
nte 
su geometría, tanto interna como en relación con las otras anomalías
 
de 
Cydonia. A pesar de estar vivamente impresionado por la simetría del
 obje
to, 
él mismo confesó más tarde que no estaba preparado para lo que iba a 
encontrar. 
 
Codificadas en la estructura de aquel objeto al que la NASA alegremente 
había calificado como "formación natural", el cartógrafo descubrió
 
una serie 
de relaciones matemáticas, constantes y expresiones sumamente
 específic
as y 
redundantes, cuya probabilidad de que se originaran por casualidad se 
encuentra cercana a cero. Entre otras cosas, los números e y pi
 (constant
es 
de importancia fundamental en Geometría) aparecían repetidamente,
 combi
nados 
de todas las maneras posibles tanto en sus ángulos, como en las
 relacione
s 
entre estos y sus respectivas funciones trigonométricas. 
 
Esto, de por sí constituía un asombroso descubrimiento, quedó
 rápid
amente 
empequeñecido al descubrirse que esas mismas relaciones matemáticas se 
repetían con increíble precisión si se trazaba una serie de líneas 
imaginarias que unieran entre sí los edificios de la famosa llanura 
marciana. Todo formaba parte de un complejo diseño que repetía 
insistentemente los mismos números, figuras y ángulos. Estaba claro que 
aquello constituía un mensaje dibujado por criaturas inteligentes y 
expresado en el lenguaje más universal que existe, las matemáticas. Si 
tantas molestias se tomaron sus constructores, levantando edificios que 
harían palidecer de envidia a las mayores creaciones del ser humano,
 algo
 de 
suma importancia habrían querido transmitirnos. La pregunta era
 ¿qué?
. 
 
Aquello era un enigma que inquietaba especialmente a Richard Hoagland, el 
principal investigador actual del tema de Cydonia. Hoagland no es ningún 
advenedizo en el campo científico. Entre otros muchos puestos oficiales
 f
ue 
el asesor para asuntos espaciales de la cadena de televisón
 norteamerican
a 
CBS durante el proyecto Apolo. Durante meses trabajó con aquellas
 línea
s 
misteriosas, buscándoles sentido, intentando descifrar su mensaje. Por
 fi
n, 
un buen día, la verdad aparecido súbitamente ante sus ojos y esta fue
 m
ás 
increíble que el más increíble de sus sueños. En la llanura de
 Cydo
nia, a 
millones de kilómetros de nuestro planeta, olvidados durante miles de
 a
ños, 
se encontraban dibujados con absoluta precisión los postulados teóricos 
básicos de una ciencia olvidada que hizo furor a finales del siglo XIX
 pa
ra, 
más tarde, caer en el olvido de la ortodoxia científica, que la
 conside
ró 
como algo inaceptablemente revolucionario; la física hiperdimensional. 
 
Basándose en este conocimiento, Hoagland pudo establecer varias
 prediccio
nes 
que al ser comprobadas resultaron ser ciertas. Así, descubrió que
 seg
ún los 
postulados de la física hiperdimensional existe una importante relación 
entre un tetraedro y la esfera donde está inscrito. Considerando a los 
planetas como esferas y colocando el vértice de ese imaginario tetraedro
 
en 
uno de los polos, los otros tres vértices caen a la altura del paralelo 
19,5. Pues bien, curiosamente en esa misma localización geográfica es
 d
e 
donde se encuentran los mayores focos de inestabilidad de cada planeta; en 
la tierra coincide con el cinturón volcánico del Pacífico –el
 volc
án Mauna 
Kea está a 19.6 grados Norte–, el gigantesco monte Olimpo de Marte (el
 
mayor 
volcán del Sistema Solar) se encuentra a 19.3 grados Norte, la gran
 manch
a 
roja de Júpiter está exactamente a 19.5 grados Sur y algo similar
 ocurr
e en 
Neptuno, que tiene una mancha similar a la de Júpiter, solo que de color 
azul, y en el Sol, donde la mayor incidencia de manchas se da precisamente 
alrededor del paralelo 19.5. ¿Existe realmente una explicación a este 
puzzle? 
 
*La física hiperdimensional* 
* 
*La aparición de estos "vórtices planetarios"? ya había sido
 predicha
 hace 
un siglo por el físico James Clerk Maxwell a través de una teoría
 den
ominada 
Física Hiperdimensional. Son pocos los estudiantes de física actuales
 q
ue 
han oído hablar de ella, sin embargo, la Física Hiperdimensional
 supuso
 un 
paso ineludible en el camino hacia las modernas teorías cuánticas o de
 
la 
relatividad. Sus postulados fueron propuestos por personajes del más alto 
rango científico de la época y tan poco dados a especulaciones 
paracientíficas como Helmholtz, Lord Kelvin, Faraday, el propio Maxwell y 
otros muchos menos conocidos que se aventuraron valientemente en terrenos 
jamás hollados anteriormente por la inteligencia humana. Este grupo de 
pioneros llegó a la conclusión de que nuestra realidad tridimensional
 n
o es 
sino apenas la parte visible para nosotros de un universo pluridimensional 
en el que conceptos como el tiempo o el espacio perderían su
 significado.
 En 
la interacción entre esas dimensiones y la nuestra se encontraría el
 se
creto 
de muchos fenómenos hasta ahora inexplicables e incluso del propio 
surgimiento de la vida sobre nuestro planeta. 
 
Los padres de la física hiperdimensional llenaron pizarras con
 interminab
les 
cálculos, desarrollaron ingeniosos modelos cosmológicos y levantaron un 
verdadero edificio de relaciones matemáticas y geométricas, las mismas
 
que 
más tarde aparecerían en un lugar tan insospechado como la superficie
 d
e 
Marte. Sabían que en determinadas circunstancias tendría que existir un 
flujo de energía de esas otras dimensiones hacia la nuestra.
 Concretament
e, 
afirmaban que un sistema giratorio en un espacio de cuatro dimensiones 
aparecerían una serie de vórtices de energía al ser proyectado en un
 
espacio 
de tres dimensiones como el nuestro. Ese fenómeno se produciría
 ¡exac
tamente 
a 19.5 grados del ecuador! Sin embargo, lo novedoso de la idea la hizo 
blanco de numerosos ataques y terminó cayendo en el cajón del olvido 
científico. Es célebre en este sentido como el físico británico
 Oli
ver 
Heaviside calificaba el trabajo de Maxwell como "místico" y "obra del 
diablo" precisamente por tratar con conceptos hiperdimensionales. 
 
No sería hasta mediados de la década de los 60 cuando un hallazgo 
astronómico aparentemente irrelevante vino a comenzar a apoyar los 
planteamientos de aquellos pioneros. Las observaciones realizadas a
 travé
s 
de los primeros espectrógrafos demostraron que el planeta Júpiter
 despr
ende 
una "radiación infrarroja anómala", esto es, que emite mucha más
 ener
gía de 
la que recibe del Sol. Posteriormente, las sondas Pioneer y Voyager
 pusiero
n 
de manifiesto que el mismo fenómeno inexplicable se repetía en Saturno, 
Urano y Neptuno. Esto constituye una anomalía cósmica de primer orden
 y
 una 
contradicción manifiesta a las leyes de la termodinámica -las que nos
 d
icen 
que la energía ni se crea ni se destruye-. Si en estos astros no se
 produ
cen 
procesos de fusión nuclear que puedan generar calor y la cantidad de 
radiación emitida al espacio es muy superior a la que correspondería a
 
la 
suma del calor interno del planeta y el que recibe del sol entonces, ¿de 
dónde procede esa energía? 
 
Para la Física Hiperdimensional la respuesta es obvia. La combinación
 e
ntre 
la masa de los planetas y su momento angular (la energía de su 
desplazamiento alrededor del Sol) genera un punto de contacto entre las 
dimensiones a través del cual se produce una transferencia de energía.
 
Esto 
se puede cuantificar a través de la fórmula L=mr2, en la que L es la
 
energía 
resultante, m la masa y r el momento angular. Dicho llanamente, recibimos 
aportes energéticos de dimensiones ubicadas por encima de la nuestra, y
 e
l 
propio sistema solar funciona como un mecanismo que genera los portales a 
través de los cuales penetra esa energía. 
 
Los parámetros físicos y matemáticos requeridos para esta
 transferenc
ia de 
energía e información procedentes de un hipotético espacio
 n-dimensio
nal 
fueron establecidas en su momento como ya hemos visto, por personalidades 
científicas del siglo XIX de la talla del matemático alemán Georg
 Rie
mann; 
El físico escocés Sir William Thompson; el ya citado James Clerk
 Maxwel
l; y 
el matemático británico Sir William Rowan Hamilton. Fue concretamente
 e
l 
matemático Arthur Cayley el que estableció las relaciones geométricas 
interdimensionales que aparecen, no sólo en la llanura de Cydonia, sino
 e
n 
la Geometría Sagrada que durante milenios ha acompañado a las
 práctic
as 
esotéricas más diversas. 
 
No obstante hay una objeción que resulta legítimo hacer? Está muy
 bie
n que 
exista una Física Hiperdimensional en la mecánica celeste o en las 
complicadas fórmulas de un grupo de visionarios del siglo pasado pero,
 
¿no 
hay algo más actual, más tangible, que pueda confirmarnos que estamos
 a
nte 
un indicio que pueda conducirnos a la antigua ciencia de los dioses? Es 
posible que lo haya? 
 
*Fusión fría* 
* 
*Entre el 6 y el 9 de diciembre de 1993 tuvo lugar la cuarta conferencia de 
fusión fría en Maui, Hawai, muy cerca del paralelo 19.5 curiosamente.
 2
50 
científicos de todo el mundo se habían reunido para tratar lo que
 pod
ía ser 
el mayor hallazgo de la historia. Se presentaron más de 150 ponencias del 
más alto nivel y asistieron los padres de esta disciplina Stanley Pons y 
Martin Fleischmann, que habían acudido desde el laboratorio que en Niza
 h
a 
montado para ellos TECHNOVA, una subsidiaria de Toyota. Pero la conferencia 
de Maui fue el último gran acontecimiento en el campo de la fusión
 fr
ía, 
marginado por la ciencia oficial. A pesar de que en todo el planeta (y muy 
especialmente en Japón) existen equipos investigación que continúan 
trabajando sobre este tema, su labor no tiene ninguna salida a la opinión 
pública si no es a través de revistas especializadas como Infinite
 ener
gy. 
Ningún investigador "respetable" quiere que se le relacione con la
 fusi
ón 
fría. Las revistas científicas de más prestigio (Nature, Scientific 
American?) rechazan sin leerlo cualquier trabajo que reciban sobre la 
materia. Aquellos que a pesar de la postura oficial al respecto se deciden
 
a 
investigar el tema se ven inmisericordemente acosados, sean cuales sean sus 
credenciales académicas, por sus antiguos colegas. ¿Por qué está 
persecución? 
 
Los orígenes de la fusión fría se encuentran en los trabajos de una
 p
areja 
de físicos llamados Pons y Fleischmann, que el 23 de marzo de 1989 
convocaron una rueda de prensa en la Universidad de Utah, para realizar un 
asombroso anuncio. Según habían comprobado repetidas veces, la
 electrol
isis 
de agua pesada empleando electrodos de platino y paladio tenía como 
resultado una producción de energía calorífica mayor que la
 correspon
diente 
a la electricidad utilizada. Si se encontraba una forma de aprovechar este 
calor, habrían encontrado una fuente inagotable y gratuita de energía.
 
El 
informe levantó una encendida poléca. Durante las cinco semanas
 siguien
tes 
los medios de comunicación se hicieron eco de como en diferentes partes
 d
el 
mundo otros científicos obtenían los mismos resultados. Sin embargo y
 c
ontra 
todo pronóstico, el 1 de mayo de 1989, la American Physical Society dio 
carpetazo a todo el asunto catalogándolo de mera "superchería
 científ
ica". 
Sin embargo, ello no desalentó a decenas de investigadores que,
 patrocina
dos 
por empresas multinacionales como Toshiba, Hitachi, Toyota, Exxon o 
Carterpillar –más interesadas en los resultados económicos que en los 
prejuicios científicos– continúan realizando avances en este terreno. 
 
Aunque quizá hablar de avances sea un tanto atrevido. Los experimentos 
originales han sido reproducidos –incluso mejorados– en incontables 
ocasiones, pero nadie ha sido capaz de dar un paso definitivo en la 
explicación del fenómeno, una anomalía científica de primer orden.
 
Técnicos 
competentes, con amplia experiencia en el laboratorio, se desesperan al 
comprobar cómo el mismo experimento, idéntico hasta el mínimo
 detalle
, 
arroja resultados diferentes cada vez que se realiza. A veces no sucede
 nad
a 
en absoluto, otras, en cambio, la producción de calor es intensísima, e 
incluso sigue produciéndose cuando ya se ha dejado de proporcionar 
electricidad al sistema. Para añadir confusión, se ha comprobado que 
determinadas frecuencias acústicas actúan de catalizador de estas
 reacc
iones 
y que, en no pocas ocasiones, se producen transmutaciones en el interior de 
los electrodos o inexplicables manifestaciones luminosas en los vasos que 
contienen el líquido. Todo esto sería un sin sentido de no ser porque
 l
os 
resultados, aunque caprichosos, son perfectamente mensurables dentro de la 
más rígida ortodoxia del método científico. 
 
Tal vez los antiguos alquimistas (depositarios a fin de cuentas de los 
vestigios de la antigua ciencia) pudieran aportar algo de luz a los
 trabajo
s 
de sus modernos seguidores. Ellos sabían bien que determinados momentos 
astrológicos eran más propicios que otros a la hora de llevar a cabo
 su
s 
operaciones transmutatórias. Bajo el prisma de la física moderna esto
 e
s una 
insensatez pero, considerado bajo la perspectiva de la física 
hiperdimensional, todo adquiere un sentido muy claro ya que, como hemos 
visto anteriormente, es precisamente el curso de los planetas el que marca 
la pauta de transferencia de energía entre las dimensiones, posiblemente
 
esa 
misma energía que se detecta en los recipientes de la fusión fría
 per
o 
acerta a explicar de dónde proviene. Por otro lado, resulta curioso que 
tanto el paladio como el platino, así como el alunimio (empleado
 tambié
n en 
experimentos de fusión fría) tengan una estructura cristalina en forma
 
de 
tetraedro y sus átomos se organicen formando esta misma figura
 geométri
ca, 
clave en las fórmulas de la física hiperdimensional. Es muy probable
 qu
e 
estos exploradores en el campo de la fusión fría estén redescubriendo 
algunos de los secretos que ya conocían los antiguos alquimistas y puede
 
que 
alguien haya llegado un poco más lejos aunque amparado en las sombras de
 
un 
impenetrable secreto? 
 
*El gran secreto* 
* 
*Es posible que estemos otorgando atributos de máxima novedad a algo que 
determinados grupos podrían haber conocido y desarrollado en secreto
 desd
e 
hace años. En la comunidad de los estudiosos de las conspiraciones hace 
tiempo que existe una creencia muy extendida respecto a la existencia de un 
"gran secreto" que explicaría en buena parte de los casos de
 conspiraci
ón y 
encubrimiento que envuelven al gobierno estadounidense. La mayor parte de 
estos estudiosos opina qué este secreto podría estar relacionado con
 lo
s 
aparatos que incesantemente vienen avistándose en nuestros cielos desde
 q
ue 
en 1947 comenzara a hablarse de ?platillos volantes?. Pero existe otro 
sector que, afinando un poco más, opina que tras este muro de silencio se 
oculta el encubrimiento de toda una nueva rama de la ciencia, cuyo 
desarrollo tecnológico habría sido llevado a cabo en secreto durante
 lo
s 
últimos 50 años. La Física Hiperdimensional podría muy bien ser
 esa
 ciencia. 
 
Aquí podría encontrarse la explicación al interés, por supuesto 
extraoficial, que diversos departamentos gubernamentales norteamericanos
 ha
n 
mostrado por los trabajos del heterodoxo y genial inventor Nicola Tesla, 
plenamente convencido de la existencia de otras dimensiones y de nuestra 
capacidad para contactar con ellas. También se explicaría la implacable 
persecución que sufrió en vida otro inventor genial, Wilhem Reich, cuyo 
trabajo ha sido sistemáticamente suprimido por un organismo con tan pocas 
atribuciones el campo de la corrección científica como pueda ser el
 FBI
. 
Reich había dado con una fuente de energía libre (orgón la llamaba)
 a
 la que 
accedía a través de "generadores" en los que una serie de formas
 geom
étricas 
–en especial las asociadas al tetraedro– tenían una vital
 importancia
. De 
igual forma, la existencia de un desarrollo tecnológico tan secreto como 
apartado de la ciencia convencional explicaría la existencia en el seno
 d
e 
las altas esferas militares de conocimientos más propios de la 
ciencia-ficción que de nuestro mundo como los aludidos por incontables 
testigos de diversos casos de conspiración, desde el famoso experimento 
Filadelfia hasta el HAARP (un proyecto ultra secreto para controlar el
 clim
a 
con fines militares, cuya sede se encuentra en Alaska) pasando por las 
misteriosas actividades que se desarrollan en la mítica área 51.
 Tambi
én 
quedaría explicada de esta manera la serie de incongruencias y
 ocultacion
es 
en las que lleva años incurriendo la NASA en lo tocante al tema de
 Cydoni
a, 
o el súbito interés que la Ballistic Missile Defense Organization, 
dependiente del Pentágono, ha tomado por la exploración de nuestro
 sat
élite, 
en donde según Richard Hoagland podría haber señales parecidas a las
 
dejadas 
en Marte. 
 
Pero, ¿por qué suprimir una tecnología que podría suponer el
 inicio
 de una 
edad de oro para la humanidad? Aquí ya no estamos hablando de mantener
 un
a 
ventaja estratégica sobre un potencial enemigo o de oscuros intereses 
económicos asociados a los grandes cárteles de la energía. Lo que
 est
á en 
juego en este tema de esa algo aún más importante. Con una fuente de
 en
ergía 
virtualmente gratuita y sin contar con otras insospechadas aplicaciones que 
pudiera tener la tecnología hiperdimensional (viajes espaciales, 
transmutación de los elementos, control del clima...) nos
 encontraríamo
s 
ante un cambio radical de toda la estructura social y geopolítica a
 escal
a 
mundial. La energía libre traería consigo que prácticamente cualquier 
producto de los que adquirimos habitualmente tuviera un precio hasta un 80% 
menor del actual. El sistema económico mundial se derrumbaría bajo el
 p
eso 
de toneladas de oro producido en el laboratorio y que ya no tendría
 ning
ún 
valor. Conceptos como riqueza, pobreza o propiedad se convertirían en
 mer
os 
recursos retóricos sin ninguna realidad social que los respaldase. Se 
abriría una época de caos, pero también de esperanza y eso sea lo
 que
 no 
están dispuestos a permitir quienes actualmente desarrollan esa
 tecnolog
ía 
al servicio de sus inconfesables planes. Pero con su colaboración o sin
 e
lla 
parece ser que las cosas van a cambiar, ya que la física hiperdimensional 
también cumple su papel en el proceso de la evolución planetaria y todo 
indica que estamos en el umbral de un cambio. 
 
*Un salto evolutivo* 
* 
*Conocedor de todos los datos que acabamos de exponer, el autor 
norteamericano David M. Jinks los ha estudiado cuidadosamente y ha
 elaborad
o 
la que quizá sea la teoría más importante de cuantas rodean en
 contro
vertido 
asunto de la Física Hiperdimensional, la cual ha expuesto en un libro 
sumamente revelador titulado titulado The monkey and the tetrahedron. En
 
él, 
Jinks hace un repaso de todo lo que hemos visto hasta ahora para llegar a 
una sorprendente conclusión, que los periodos de actividad
 Hiperdimension
al 
están íntimamente ligados a la evolución del ser humano y que, en la 
actualidad, estamos a punto de vernos inmersos en uno de esos saltos 
evolutivos. 
 
Su argumentación, a pesar de movernos en un terreno tradicionalmente 
dominado por la subjetividad, no puede ser, sin embargo, más racional. La 
práctica totalidad de los textos espirituales, antiguos o modernos,
 insis
ten 
en recalcar la importancia del amor como llave que abre las puertas de la 
evolución humana. El amor es aceptación incondicional o, dicho de otra 
forma, un flujo completamente libres y sin restricciones de información,
 
que 
puede tomar la forma de palabras, pensamientos o pura energía. En un
 mund
o 
donde la aceptación incondicional fuera la regla, la energía en todas
 s
us 
formas fluiría coherentemente sin ningún tipo de resistencia. El amor, 
descrito de esta manera, sería el estado ideal para la transmisión de
 l
a 
energía. Ahora, consideremos este concepto en términos de la física 
hiperdimensional. En el punto más alto de uno de estos periodos en los
 qu
e 
la transmisión de energía desde otras dimensiones crece
 considerablemen
te, 
cuando la geometría del sistema está perfectamente alineada para
 permit
ir el 
flujo de información procedente de dimensiones más altas hacia nuestra 
realidad, ¿qué sucede? Básicamente, que aquellos sistemas que estén 
dispuestos a aceptar sin resistencia el flujo energético que les llegue
 s
e 
verán positivamente influidos, transformados, por éste, mientras que 
aquellos que opongan resistencia al nuevo patrón de vibraciones
 sufrirá
n 
toda una serie de consecuencias adversas. 
 
Pues bien, a través de las predicciones de la Física Hiperdimensional
 J
inks 
nos dice que esos periodos de máxima transferencia se dan cíclicamente
 
y 
vienen a coincidir con aquellos momentos en los que nuestro planeta se 
producen grandes convulsiones evolutivas, con extinciones en masa de
 cierta
s 
especies y la aparición o transformación de otras. Lo más
 inquietante
 es que 
todos los datos parecen indicar que precisamente ahora nos encontramos 
inmersos en uno de esos momentos. 
 
Es de justicia dejar constancia de que estos grandes ciclos ya fueron 
descritos con precisión por cosmogonías tan alejadas entre si como la
 m
aya, 
la hindú o la de los indios Hopi norteamericanos, todas las cuales
 coinci
den 
en situar en la actualidad el final de uno de estos períodos. Pero
 adem
ás 
existen pruebas objetivas que vienen a confirmar la veracidad de estas 
antiguas profecías. Uno de estos parámetros, es la llamada resonancia
 d
e 
Schumann, que es una serie de ondas estacionarias que existe en la
 ionosfer
a 
de la tierra. La existencia de estas ondas fue pronosticada 1952 por el 
físico alemán W. O. Schumann, quien consiguió detectarlas en 1954. 
Simplificando mucho, estas ondas pueden ser descritas como la resonancia 
electromagnética de nuestro planeta. 
 
Se puede pensar en esta frecuencia como en el pulso vibratorio fundamental 
de la tierra, que define un patrón electromagnético específico
 propio
 de 
este planeta que afecta y envuelve a todos sus habitantes. Este patrón 
vibratorio es extraordinariamente estable y comprende un rango de 
frecuencias de 7.8, 14, 20, 26, 33, 39 y 45 Hz. La constancia de la 
resonancia de Schumann es tal que las comunicaciones militares de todo el 
mundo se han establecido en base a ella. 
 
Pero en 1987, sin razón aparente, el pulso del planeta comenzó 
incrementarse. Según observaciones realizadas en el Instituto de
 Meteorog
ía 
y Geofísica de la Universidad de Frankfurt y en la Universidad de
 Alaska,
 en 
1994 ese latido estable de 7,8 ciclos por segundo había aumentado casi un 
11%, alcanzando los 8, 6 Hz. En noviembre de 1996 ese incremento era aún 
mayor y la habitual estabilidad de esta constante se había perdido,
 vié
ndose 
sometido a imprevisibles fluctuaciones. Se trata de un hecho alarmante, no 
sólo porque algo considerado hasta ahora como constante ha dejado de ser 
fiable, sino porque se trata de un fenómeno absolutamente inexplicable
 po
r 
más que en los informes oficiales se mencione que es "consistente con las 
teorías aceptadas". Se cree que la vibración se volverá estabilizar
 c
uando 
alcance los 13 Hz, el número siguiente en la serie de Fibonacci, una 
progresión numérica muy significativa dentro de la física
 hiperdimens
ional. 
 
¿Qué quiere decir todo esto? Básicamente, que un flujo de energía
 d
e origen 
desconocido no sólo está penetrando en nuestro planeta, sino haciendo
 s
ubir 
su patrón vibratorio y, con él, el de todos sus habitantes. El
 calentam
iento 
del globo, el agujero de la capa de ozono o el inexplicable fenómeno al
 q
ue 
se enfrentan psicólogos de todo el mundo al comprobar cómo los
 coeficie
ntes 
intelectuales de los niños nacidos recientemente crecen por encima de la 
media sin que haya causa aparente para ello, puede ser otros síntomas de
 
que 
un flujo de energía/ información está comenzando a transformar
 nuestr
o 
planeta. De nuestra capacidad para vibrar en armonía con él puede
 depen
der 
nuestra supervivencia como especie o el que venga a sustituirnos una raza 
que encaje mejor con el nuevo patrón. 
 
*Un universo por explorar* 
* 
*En un espacio extremadamente reducido hemos intentado resumir conceptos
 qu
e 
requerían cientos de páginas para ser explicados adecuadamente. Nuestra 
intención ha sido dar a conocer la existencia de un nuevo paradigma que 
podría por sí solo dar explicación a muchos de los misterios que
 actu
almente 
se consideran irresolubles. A pesar de la incomprensión cuando no el
 abie
rto 
acoso por parte de las instituciones académicas oficiales, decenas de 
personas trabajan actualmente para abrir caminos en un campo que podría 
conducir a la humanidad hacia la tan anhelada edad de oro. En un momento en 
el que la tecnología y la ciencia en que se basa parecen estar a punto de 
tocar techo, y en el que una nueva conciencia, con nuevos valores y 
ambiciones, se va colando de rondón en nuestra sociedad, tal vez haya 
llegado el momento, querámoslo o no, de que la humanidad avance un paso
 e
n 
su camino. De ser así, lo más apropiado sería que lo hiciéramos 
voluntariamente porque, si esperamos a dejarnos llevar por las 
circunstancias, es posible que la transición resulte mucho más
 dolorosa
 de 
lo que pudiéramos imaginar. 
 
Los tiempos están cambiando, y numerosas evidencias parecen indicar que
 e
sta 
vez va en serio... 
 
 
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