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Asunto:[redluzargentina] Martin Luther King, el legado de un luchador por la libertad
Fecha:Domingo, 30 de Marzo, 2008  21:44:59 (-0300)
Autor:Alicia Y Amira Contursi y Manzur <alicia.amira @.....com>

 Gracias Mercedes Enriqueta Luna 
 
 
 






Martin Luther King, el legado de un luchador por la libertad - Diario Los Andes -

Dedicó su vida a la integración racial en EEUU, pero su mensaje de unidad es un emblema universal de la vida en paz y en comunidad para toda la humanidad.
 
Martin Luther King, el legado de un luchador por la libertad.
Martin Luther King Jr es recibido por su esposa y allegados después de dejar un tribunal en Montgomery, en 1956, declarado culpable de conspiración, por boicotear los autobuses urbanos; en una campaña para la segregación en el sistema, pero un juez suspendió su multa $ 500 mientras durara la apelación.


Esta historia da comienzo en un punto de la segunda mitad del siglo XX, más precisamente a la mañana de un 1° de diciembre de 1955 en Montgomery (Alabama), cuando la señora Rosa Parks se sentó en el autobús y se vio increpada por el conductor del vehículo, que le ordenó levantarse y ceder su asiento a un blanco, según establecían las ordenanzas municipales. Rosa Parks era negra y montó en cólera. Fue detenida sin contemplaciones y conducida directamente a la cárcel.

Entonces se oyó, por primera vez, la voz extraordinariamente bien modulada de un recién llegado a Montgomery llamando a la protesta pública por la detención de una ciudadana bien conocida y de indudable prestigio en la comunidad. Era la voz de un joven ministro de la Iglesia Baptista. Se llamaba Martin Luther King y había nacido en Atlanta (Georgia). Tenía 26 años y le quedaban 13 de vida antes de caer en el balcón de un hotel de Memphis, el 4 de abril de 1968, víctima del disparo de un francotirador, James Earl Ray, condenado a 99 años de cárcel, cuyos cómplices jamás fueron identificados.

Para el FBI, que durante años lo investigó mediante métodos clandestinos e ilegales, Martin Luther King fue siempre un aliado de comunistas y radicales.

Martin Luther King llamó al boicot de los autobuses de Montgomery con las siguientes palabras: "No tenemos otra opción que la protesta. Han sido muchos los años de notable paciencia, hasta el punto de que, en ocasiones, hemos dado a nuestros hermanos blancos la impresión de que nos gustaba el modo en que nos trataban. Pero esta noche estamos aquí para liberarnos de esa paciencia que nos ha hecho pacientes con algo tan importante como la libertad y la justicia". Apeló en su proclama a los principios cristianos tanto como al viejo y sacudido idealismo norteamericano.

Un año más tarde, y después de que le arrojaran una bomba sobre su casa, lograba que el Tribunal Supremo confirmara una condena federal del sistema de segregación en los transportes públicos. En 1958 apareció su libro Stride Toward Freedom sobre ese boicot.
Desde entonces, la gente iba saliendo a la calle; las organizaciones antisegregacionistas negras y blancas del Sur y del Norte colaboraban en marchas y manifestaciones. En 1961 el movimiento tenía una envergadura nacional.

En Albany hubo centenares de detenidos. En Birmingham la policía usó perros de presa y cañones de agua a presión contra los manifestantes. El país vio esas imágenes por la televisión y comenzó a trepidar poco antes de que las mismas pantallas mostraran el desastre en Vietnam.

Uno de aquellos detenidos fue Luther King, que ya conocía la cárcel estatal de Georgia, donde había ido a parar por el truco de una infracción de tránsito. Ésa había sido la ocasión que el presidente Eisenhower dejó pasar en beneficio de un candidato a la presidencia llamado John F. Kennedy, quien intervino a favor de la libertad del líder negro pocos días antes de ganar las elecciones. Encarcelado de nuevo por los disturbios de Birmingham, Luther King hizo pública una carta subrayando el derecho y la responsabilidad moral del ciudadano ante la injusticia.

Un discurso histórico

El 28 de agosto de 1963 las 200.000 personas que habían marchado sobre Washington en apoyo de los derechos civiles le oyeron pronunciar su más famoso discurso: "Tengo un sueño". Al año siguiente la Ley de Derechos Civiles prohibía la segregación racial en locales públicos y la discriminación educativa y laboral. Martin Luther King ganaba el Premio Nobel de la Paz.
Lo conseguido apenas era el balbuceo y los primeros pasos hacia el argumento básico de la democracia. Reconocida la igualdad del negro para moverse, trabajar y educarse, quedaba por reconocerle un papel con el voto en la mano.

Eso pretendían quienes en marzo de 1965 pensaban marchar desde Selma (Alabama) hasta Montgomery, la capital del Estado, y que lo habrían hecho si la Guardia Nacional no se lo hubiera impedido a la salida de Selma con porras y gases lacrimógenos, en lo que fue llamado el Domingo Sangriento de Selma.

Las pantallas de la televisión volvieron a ejercer su influjo y el presidente Johnson firmaba la Ley de Derechos al Voto en agosto de 1965. Ese mismo mes los disturbios en el distrito de Watts, en Los Ángeles, hacían añicos el sueño de Luther King. El Sur tradicional y apacible, de pasiones ocultas y de un reaccionarismo pragmático capaz de aceptar una ley con la mansedumbre de la derrota histórica, era algo muy distinto a los sumideros de la miseria urbana que ardieron entonces desde California a Chicago.

El día en que Luther King fue abatido por el disparo de James Earl Ray, la lucha contra la segregación racial estaba a punto de convertirse en una pálida introducción a la tragedia de un país en plena confusión y asombro ante su capacidad para la turbulencia.

Aquel 4 de abril de 1968 la cosa no había hecho más que empezar. Faltaba mucho aún por hacer. Pero Martin Luther King dio un paso gigantesco hacia ese mundo más justo, con su ejemplo y con sus palabras, que quedaron para siempre en la sociedad
.



Martin Luther King

-Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía, plantaría un árbol.
 
-Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.
 
-Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.
 
-Si el hombre no ha descubierto nada por lo que morir, no es digno de vivir.
 
-Nada se olvida más despacio que una ofensa; y nada más rápido que un favor.
 
-Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.
 
-La violencia crea más problemas sociales, que los que resuelve.
 
-Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales, se acerca a la muerte espiritual.
 
-Nada que un hombre haga, lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien.
 
-Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los hombres buenos.
 
 


 

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