eGrupos Logo
Inicio > Mi Página > Mis Grupos > redluzargentina > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 4171 al 4200 
AsuntoAutor
Bolivia - Estados Sabidurí
Reconciliación y P Sabidurí
=?utf-8?B?wqFFc3TD Susana P
URITORCO MAGICO - Ricardo
" Hombre Nuevo". ( vilma no
"Todo llega" por J Marisa B
ojo-La utopia de l Ricardo
Primeros resultado Ricardo
Grupo Saint Germai Alicia Y
Dana Tir presenta Alicia Y
Para entender el E Ricardo
Corazón Creador - Alicia Y
Kol Shanah / Todo Alicia Y
Movimiento Transpe Ricardo
Metafisica saverian
Llamado a ecuatori Ricardo
El Aspirante Espir Sabidurí
El Gran Cambio Ya Alicia Y
en Finca Rio Blanc Alicia Y
El primer hombre n Alicia Y
Arcángel Miguel Alicia Y
El Lado Oscu ro De Alicia Y
Michael Moore: Car Ricardo
Indigestión espiri Alicia Y
Seminario Iniciaci Alicia Y
Acta del Equipo Pr Ricardo
USO DE GANDHARVA Y Alicia Y
¿Qué Pasa en el P Alicia Y
3 de octubre, @nge Alicia Y
Ahora sí, un mundo Alicia Y
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
RedLuz Argentina

Mostrando mensaje 4193     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[redluzargentina] El primer hombre no fue hombre. El primer hombre fue mujer.
Fecha:Miercoles, 1 de Octubre, 2008  01:08:07 (-0300)
Autor:Alicia Y Amira Contursi y Manzur <alicia.amira @.....com>


Periódico de Integración Regional

Comunidad Pehuenche "Mapudungun"

No. 34. Abril 2008

 

   El Primer Hombre no fue Hombre

                    El primer hombre

                                                   fue Mujer

 

   El mundo de la selva, en realidad, no es propiamente ni un antes ni un después con respecto al mundo "civilizado". Es, básicamente un mundo otro.

                                                          Antonio Melis

  

 

   …Hace miles de lunas, cuando la misma luna no era mas que un pedazo de tronco difunto, en ese entonces todo era ceniza. Y la luz de las estrellas y el aire… y la salud y el tiempo y los animales que se arrastran y los animales que vuelan o caminan, y los pedregales, las playas, todo lo que hora existe a su manera, según su condición, lo que podemos ver, lo que no vemos, todo era nada. Y la nada también era ceniza. Así se hallaba el mundo cuando en eso cayó un relámpago sobre un árbol de pomarrosa: y la pomarrosa era ceniza, todavía no era pomarrosa. Y en ese instante de aquella pomarrosa quemada y partida por el relámpago, ahí mismo brotó un lindo animal. El tronco de la pomarrosa se abrió en dos, como flor, y de su adentro salió el primer viviente verdadero, un animal que no tenia plumas, que no tenia escamas, que no tenía recuerdos. Y el primer Shirimpiáre* se sorprendió muchísimo  y se dijo: no es pájaro, no es pez, no es animal-animal, no sé lo que será pero sin duda se trata de la mejor obra de Pachakamáite. Pachakamáite es el Padre Dios de los Campa*, esposo de Mamántziki.

   El Shirimpiáre, se quedó largo rato pensando y al fin sentenció: tiene que ser humano… y decidió llamar Kaametza a ese animal. Kaametza que significa en idioma campa La-muy-hermosa.

   Así fue que comenzamos, con Kaametza, una hembra. Ni bien brotó de la pomarrosa, ella empezó a buscar. Buscaba y no sabía qué. Así estuvo Kaametza años de años caminando, buscando, cuando una tarde, ante un arroyo que también era ceniza, Kaametza fue a mirarse, o a beber, o a lavarse. Se agachó hasta las aguas quietas del río…y de lo alto del bosque surgió una pantera de espanto, un otorongo negro, bramando. Ella se quedó inmóvil al comienzo, sin siquiera asustarse. ¿Acaso tenía conocimiento de lo que era el susto? No había palabras en su mente, ni nombre de ninguna cosa. Pero gracias a ese conocer desconocido, sin conciencia, que hasta hoy poseemos, Kaametza comprendió lo que debía y eludió al otorongo. Y el otrongo volvió a saltar sobre ella, con las uñas afuera, preparadas, como astillas de piedra calcinada. Y Kaametza volvió a esquivarlo… Y Kaametza descubrió dentro de sí un temor gigante, comprendió lo cerquita de la muerte. Y sin pensarlo ni proponerse nada, arrancó un hueso de su cuerpo. De delante, junto a su cintura, sin dolerse y no le salió sangre, no le quedó señal alguna en la piel, ninguna herida abierta. Y empuñando su hueso, así, como puñal recién afilado, le sajó la garganta al otorongo.

   Y Kaametza cayó de rodillas luego de matar al otorongo, agradeciendo se postró en la arena de ceniza al borde de ese río y contempló el cuchillo que la había salvado, con las manos lo levantó hacia su boca, lo acercó despacito, despacito, diciéndole qué cosas, casi como besándolo tal vez… y el cuchillo sacado de su cuerpo no guardaba ni sangre de Kaametza, ni sangre del otorongo que la había arañado, y Kaametza le dio las gracias con  su aliento, con cariño de su boca, jadeando, y el hueso se encendió, tembló como aquellos relámpagos que no suenan, que solo saben alumbrar …y ella lo soltó como si le chamuscara las manos, y el hueso se puso a dar vueltas rehuyéndose y creciendo, igual que un ahogado buscando aire, ocupando una forma que ya estaba en el aire, que lo esperaba desde siempre como un destino en el aire, y que fue pareciéndose mas y mas a Kaametza, apagándose poco a poco y volviendo a brillar, convirtiéndose en la sombra de un árbol de incendio, en una pomarrosa de sombra, en una piedra de árbol animado, imitando los ojos y los brazos y el pelo de Kaametza como si el cuerpo de Kaametza hubiera tenido siempre un molde allí en el aire esperándolo y después retrocediendo y avanzando de nuevo y brillandoasfixiándosebuscando, buscando diferencias en el aire, diferenciándose de lo idéntico de Kaametza y al final aquietándose y victorioextenuándose sobre la playa de ceniza, en lo oscuro, igualito y distinto a Kaametza.

    -Así fue que apareció el varón. Y el primer Shirimpiáre que ya por entonces vivía sin vivir, sin cuerpo, que estaba de testigo observándolo todo desde el aire, se alegró mucho y decidió que el hombre viva, y decidió que era bueno que el hombre acompañara a la mujer y que juntos se procuraran descendencia, y le obsequió asimismo dándole un nombre. Para que pudiese seguir existiendo le puso nombre pronunciándolo fuertemente desde el aire.

    -Narowé, lo llamó.

    Y el primer varón, al oír el nombre que el Dios Pachakamáite había aprobado, continuó durmiendo. Continuó durmiendo pero la sangre comenzó a caminar por todo su cuerpo y el aire entró en su sangre preñándole de luces de generosidad el corazón y esparciendo la fuerza y valentía por sus músculos y dotándolo de alma y de palabra para que pudiera abrir las puertas de los mundos, inclusive de aquellos que no se ven con los ojos del cuerpo material y para que pudiera agradecer a los dioses y a los hombres y supiera guerrear y trabajar y hacer hijos y embellecer la tierra.

   -¡Narowé!, lo llamó, que en idioma de campas, de ashanínkas*, quiere decir yo soy o yo soy el que soy, por igual.

   Lo primero que miró Narowé al desprenderse de la nada fue a Kaametza, fue todo, el sol, mirándolo. Pero eso pasó dentro de su ánima, detrás de su primera sensación, detrás de su primer conocimiento, bajo su corazón. Porque afuera, alrededor de la playa de ceniza donde ambos se encontraban, encima de los bosques y el cielo de ceniza, todo el mundo era sombra. Ya Pachakamáite, el Pawa, Padre Dios de los campa, había creado la luna y las estrellas pero no les había concedido aun el oficio de alumbrar. Todo era color de noche muerta, piel de noche cerrada. Y el tiempo, torrente sin cauce ni dirección, absoluto y eterno.

   Narowé sin embargo vio a Kaametza, la pudo distinguir bien claro, nítida y ahí nomás se levantó hacia ella y ella lo recibió sabiendo todo. Lo dejó entrar, abriéndose. Así como el río Inuya penetra el río Urubamba, así entró Narowé sonando fuertemente, todas las tempestades de su cuerpo fundidas dentro de una fervorosa corriente yendo hacia atrás, mintiendo, regresando-insistiendo. Lo mismo que el Inuya, si el Inuya tuviera dureza de piragua. Y Kaametza fue cielo, se hizo cielo para que el sol nacido de su cuerpo, ascendido y ardido por su cuerpo entre dos mediodías, consiguiera retornar y volver a caer hacia el crepúsculo mezclando su luz blanca con la sangre del cielo. Abrazados mejor que obedeciéndose, Kaametza y Narowé fabricaron la vida, pegaron la existencia con goma fulgurante y sangrante, y todo limpio, todo sin fronteras, la plenitud de sus cuerpos como lenguas recorriéndose en una sola miel honda y salada.

   Sobre la sangre del otorongo negro, revolcándose en un mismo vértigo despacioso, conocieron el amor, ahí fue que se amaron. Descubrieron sus cuerpos y el fuego y la tristeza de los cuerpos, y el vacío, no la primera ceniza sino esa otra que ofende después de los incendios, y el silencio, y la idea de lo inevitable, de la muerte que habita en todo lo que vive, todo lo descubrieron.

   Kaametza y Narowé llegaron juntos, al placer. Y cuando gozaron, en el instante en que ambos gozaron, ahí fue que en el mundo se inventó la luz.

   Del primer goce del primer amor nació la luz, sobre toda la tierra se hizo la luz.

 

Shirimpiáre: hechiceros que usan el tabaco para sus curaciones.

Ashanínkas: así denominan a su nación los nativos que habitan El Gran Pajonal, a quienes conocemos como Campas

 

        Extractado de: Las Tres Mitades de Ino Moxo, y otros brujos de la Amazonia.

                                                                   De Cesar Calvo


Inicio | Apúntate | Bazar | Grupos | Gente | Quienes somos | Privacidad de Datos | Contacta

eGrupos is a service of AR Networks
Copyright © 1999-2004 AR Networks, All Rights Reserved
Terms of Service