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Responder a este mensaje
Asunto:[redluzargentina] Historia Ecológica de Iberoamérica
Fecha:Jueves, 15 de Enero, 2009  00:40:26 (-0200)
Autor:Antonio Elio Brailovsky <brailovsky @...............ar>

 
Queridos amigos:
< div>  
Quiero compartir con&nbs p;ustedes la aparición de mi libro "Historia Ecológica de Iberoamérica: de la Indepen dencia a la Globalización", que publica n conjuntamente Ediciones Kaicron y Capital Editorial, que en los próximos días distribuirá en quioscos Le Monde Diplomatique.
 
    

  ;Antonio Elio Brailov sky: “HISTORIA ECOLÓGICA DE IBEROAMÉRICA” Segundo tomo : "DE LA INDEPENDENCIA A LA GLOBALIZ ACIÓN

La histor ia de América Latina es, en una medida muy alta, la de los conflictos vinculados con sus recursos naturales. El primer tomo de esta exhaustiva investigación (“< u>Historia ecológica de Ibero américa: de los mayas al Quijote”) está siendo utilizado como libro de texto en numerosas Universidades del país y del exterior.< /o:p>

Este tomo estudia las relaciones ambiental es en los diversos países del continente, asociando sis temas políticos con modalidades de uso de los recursos naturales. Desde el sueño ecologista de Simón Bolívar h asta los desastres de la globalización, pasando por las f ormas de deforestar y contaminar de las dictaduras, est e libro ofrece una mirada diferente sobre hechos que cr eíamos conocidos.

< /div>
En esta entrega us tedes reciben:
  • Un fragmento del libro, en el que se analiza el reflejo sobre la literatura de condu ctas colonialistas y de expoliación de recursos natur ales, a partir de "La Temp estad" de William Shakespeare, pasando por autores como Domingo Faustino Sarmiento, Julio Verne y Rómulo Gallegos.
  • La ob ra de arte que acompaña esta entrega es la caracteriz ación del bailarín norteamericano Willie Anderson com o Calibán, el personaje que Shakespeare utiliza para calificar de monstruosos a los pueblos originarios d e América. La representación fue realizada  en 2006 por el Ballet San José, de Cleveland, Estados Unidos. 
El l ibro estará disponible en la mayor parte de los quioscos de Argentina en los próximos días. Los interesados de o tros países (o de sitios donde no llegue la distribució n), pueden comunicarse con los editores en: rivas@kaicron.com.ar  y kaicron@kaicron. com.ar
 
Un gran abrazo a todos.
 
Antonio Elio Brai lovsky
 
Willie Anderson, norteamericano, como Calibán
 

LA LITERATURA REFLEJA LAS CONCEPCIONES IDEOLÓGICAS

SOBRE LA NATURALEZA AMERICANA

Por Antonio Elio Bra ilovsky

(De "Historia Ecológica de Iberoamérica:

de la Independencia a la Globalización")

Tal vez haya sido Shakespeare qu ien desarrolló con mayor elocuencia el argumento de la inferioridad del hombre americano para justificar la co nquista y la apropiación de los recursos naturales de est e continente. En “La Tempestad”, el viejo Will pone a Próspero, un príncipe italiano, como conquistador de la isla en la que habita Calibán[i]. Calibán (es de cir, caribe, caníbal) es un ser monstruoso, a quien el invasor quita su isla y esclaviza. Calibán lamenta su tri ste suerte y llora su libertad perdida, mientras que la obra lo muestra con tales características de inhumanid ad que la esclavización se presenta como un acto de estri cta justicia. Lo mismo ocurre con los recursos naturale s de la isla, que no tendrían utilidad alguna en manos de un ser tan bestial[ii].

En la misma línea, a mediados del siglo XIX , el argentino Sarmiento retoma las ideas de determinis mo geográfico desarrolladas por Montesquieu en “El espíritu de las l eyes” y las aplica a la región pampeana [iii]< /span>. Define como civilización a la cultura urbana europea y enfrenta al hombre de Buenos Aires, que imita las cos tumbres francesas, con los del interior rural, a los qu e califica de bárbaros. Podemos considerarlo como una o bra a mitad de camino entre el ensayo y la novela. Su men saje es una convocatoria a la epopeya de europeizar el país, que es el proyecto de la mayor parte de las clase s dominantes latinoamericanas entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

Las tierras inexplotadas se califi can como bárbaras, indómitas, salvajes. De ellas sólo p uede venir lo ominoso. Arturo Uslar Pietri apoya su nov ela más conocida en la invasión de Boves con seis mil lan zas llaneras< span style="mso-special-character: footnote"> [iv]. Esta vez, en revancha, los bár baros son realistas. La suya es una intensa descripción del terror que causa en todas las poblaciones esa situ ación en la cual la barbarie llanera se sale de sus límit es naturales. Sólo un hombre excepcional como Simón Bol ívar podrá detenerlos y aquí la civilización está en la s ideas republicanas, como surge de la descripción de los personajes de esa ideología.

< font color=#000000>Hacia fines del siglo XIX, las grandes potencias se reparten el mundo. El capitalismo ingresa en su etapa superior, el imperialismo. Al ritmo de la industrialización creciente, el mundo entero pasa a ser m ercado o fuente de materias primas. Buena parte de la c iencia y la literatura producidas en ese período están al servicio de ese proyecto. Darwin desarrolla argumentos científicos que le permitan explicar un orden jerárqui co entre los seres humanos, semejante al que encuentra en las especies animales y vegetales. El conjunto de lo s seres vivientes tendrán que ser dominados por quien ocu pa la escala superior en la evolución: el inglés vict oriano.

El auge de los libros de viajes (reales o de ficción) tiene mucho que ver con  este momento histó rico: se trata de libros didácticos, que procuran demos trar con innumerables ejemplos, la inferioridad de los se res humanos que habitan la periferia y su incapacidad p ara gestionar los recursos naturales que poseen. El men saje ideológico que subyace es la necesidad de poner al s ervicio de la Humanidad, es decir, de la i ndustria europea, esos recursos naturales que los salva jes de la periferia desaprovechan. Las clases cultas de los países del Sur son ávidos consumidores de este tipo de literatura, donde encuentran un compendio de instruc ciones sobre cómo volverse civilizados.

Encontramos este mensaje en una obra paradigmática de este período: “El Soberbio Orinoco ”, de Julio Verne[v]. La obra narra un viaje hacia las fuentes del Orinoco en busca de un militar francés que huyó hacia un territorio remoto. Pero también podemo s leerla como un viaje iniciático desde la civilización hacia la barbarie para volver a encontrarse con la civ ilización al final del camino. El que Verne rechazara e l racismo esclavista no lo libra de una concepción patern alista en el uso de los recursos naturales, que termina justificando los proyectos imperiales. “El Soberbio Orinoco ” es una obra que explica los motivos por los cuales los recursos naturales de Venezuela estarían mejor administ rados por los europeos que por los venezolanos. A mismo tiempo, el vínculo con Europa es lo que los salvará del atraso. Veamos la secuencia, ya que es posible leer las diferentes etapas de este mensaje en el mismo orden en el que se desarrolla el argumento. El autor comienza h ablando del comercio, para después ir mucho más allá del comercio.

Para hacer posibl e este comercio, es necesario integrar a la cultura occ idental a las tribus que habitan esas regiones. “(Tarea d ifícil) sobre todo, cuando se trata de gober­nar, d e civilizar, de convertir al ca­tolicismo, de regen erar, en una palabra, a los más salvajes indios sedenta rios que vagan por los territo­rios del sudoeste: a e sos guaharibos, pobres seres que ocupan el último grado en la escala humana”. Para el autor, se trata de una o bra de humanidad en un sentido estrictamente literal, ya que sólo los europeos pueden de otorgar a los indígenas la propia condición humana. Por eso menciona a “aquell os indios, convertidos en hombres por la abnegación de un misio­nero". < /p>

Sin emba rgo, no todos los indios parecen aptos para ser objeto de esta obra humanitaria. El autor contrasta a los quivas , calificados como salvajes violentos con los guaharibo s, descriptos “como seres míseros, de corta estatura, d ébiles, cobardes y poco temibles, en suma”. Los guaharibo s pueden ser civilizados, mientras que con respecto a l a otra tribu, se afirma que: “puesto que el congreso ha votado la destrucción de estos quivas, sería bueno poner manos a la obra en seguida”. Nada de esto es exclusivo de Venezuela. Unos años antes, en Argentina, Sarmiento recomendaba no ahorrar sangre de gauchos, y el general Roca emprendía el exterminio de las tribus patagónicas. Los argumentos son semejantes: la Patagonia era un desierto, dominado por tribus ajenas a la civi lización y sus recursos naturales permanecían inexplotado s. La voz de orden era “La Conquista del D esierto”, lo que llevó a exterminar a los indios y reem plazarlos por ovejas criadas en grandes estancias, muchas de ellas, de dueños ingleses.

El despoblamiento del Orinoco y la in capacidad de las tribus locales de poner en valor sus r ecursos naturales son los argumentos análogos de la obr a de Verne. Los viajeros encuentran comarcas muy extensas cuyos recursos naturales se desaprovechan. “Aquella pa rte de la sierra estaba erizada de árboles seculares de sti­nados a morir de viejos, pues el hacha de un le ñador no iría jamás a echarles por tierra en tan lejanas regiones”. Los guaharibos se presentan como seres infra humanos, que no tienen ninguna capacidad de adaptación al ambiente en el que habitan desde hace siglos. “Eran mi serables salvajes a los que no había llegado el aliento de la civili­zación. Apenas si tenían algunas ca&s hy;bañas para albergarse; harapos de corteza para cubrir sus cuerpos. Vi­vian de raíces, de los frutas de la s palmeras y de hormigas, sin que su­pieran extraer el cazabe de la yuca, que constituye la base de la ali men­tación del Centro de América. Parecían estar en e l último grado de la escala humana, y eran de pequeña e statura, delgados, con el estó­mago prominente, pro pio de los geó­fagos, y, en efecto, durante el invier no se veían reducidos a alimen­tarse con tierra ".

Veamos el contraste con es te medio natural magnífico, que estos hombres parecen i ncapaces de utilizar y que un solo francés logra transfor mar. “El sitio era hermoso: el suelo, de asombrosa fert ilidad y lleno de los árboles más útiles, entre otros e sas marlmas cuya corteza forma una es­pecie de fiel tro natural, bananos, plá­tanos, cafetales, que se cu bren a la sombra de los grandes árboles de flores rojas , caucho, cacaos, y además campos de caña de azúcar y z arzaparrilla, plantaciones de ese ta­baco del que se saca el "cura nigra" para el consumo local, y el "cura seca", mezclado con salitre, para la exportación; tonka s, cuyas babas son muy buscadas; sarrapias, cuyas vai­ ;nas sirven como drogas. Un poco de trabajo, y aquellos campos iban a producir en abundancia raíces de yuca, c añas de azúcar y maíz, que da cuatro cosechas al año co n cerca de 400 granos por cada uno sembrado. El suelo de esta comarca poseía tan maravillosa fertilidad porque e staba aún virgen. Nada se había gastado de su poder”.

Y en medio de esto, una frase reveladora, dejada caer de una manera casi casual: “All í se vertían las primeras aguas de la sierra Parima por la garganta en cuyo fondo un atrevido explora­dor ha bía enarbolado el pabellón de Francia el 13 de diciembr e de 1 856”. ¿Qué tenía que hacer la bande ra francesa en ese lugar? Sin duda, la obra de civiliza ción desarrollada a lo largo de toda la novela.

Una de las respuestas más sugestivas a lo s mensajes de Verne y de Sarmiento lo encontramos en “< i style="mso-bidi-font-style: normal">Doña Bárbara< span lang=EN-US style="mso-no-proof: yes">[vi]< /b>. Allí Rómulo Gallegos plantea que no es necesario traer a los europeos para civilizar el continente, sino que podrán hacerlo los propios americ anos. “Si yo me hubiera encontrado en mi camino con hombr es como usted, otra sería mi historia”, le dice Doña Bá rbara a Santos Luzardo. Lo que equivale a decir que otr a sería la historia de Venezuela y de sus recursos natura les si estuviera gobernada por hombres como Gallegos en vez del dictador Juan Vicente Gómez.

La influencia de Sarmiento sobre Gallegos es conocid a[vii ]. Desde el título mismo, su obra parece una continuación del “Facundo” escrita un siglo más tarde. Por eso lo toma en el punto en el que lo deja Sarmiento, en el de la necesidad de una conquista violenta: “Es ne cesario matar al centauro que todos los llaneros llevam os dentro”. Y más adelante: “Yo te aseguro que existe. Lo he oído relinchar. Y no solamente aquí: allá en Caraca s, también. Cien años lleva galopando por esta tierra y pasarán otros cien”.

En to do momento, encontramos la sombra de Sarmiento, con un si glo de retraso. Sarmiento recorre las provincias argent inas preguntando cuántos hombres usan frac, y opone el frac europeo al poncho criollo como símbolos y manifest aciones de ambas formas de la condición humana. En la nov ela de Gallegos, Santos Luzardo se propone civilizar a Marisela. Para eso, le diseña vestidos apropiados y, mu y especialmente, le enseña a hablar. Es, decir, la conv ence de abandonar los modos dialectales del Llano para ad optar los de Caracas. Nos aproximamos a los civilizados hablando y vistiéndonos como aquellos que lo son.

A lo largo de la novela, Santos L uzardo trabajará para amansar al centauro, no para mata rlo. “Ya tenía pues, una verdadera obra propia de un ci vilizador: hacer introducir en las leyes del Llano la obl igación de la cerca. El hilo de los alambrados, la líne a recta del hombre dentro de la línea curva de la Naturale za, demarcaría la tierra de los innumera bles caminos, por donde hace tiempo se pierden, rumbean do, las esperanzas errantes, uno sólo y derecho hacia e l porvenir”. Sarmiento sueña con la navegación de los río s de su país a mediados del siglo XIX, Gallegos sueña c on el alambrado y el ferrocarril en el Llano, a mediado s del siglo XX. ¿Por qué ese siglo de diferencia entre ambos soñadores? Las respuestas tienen que ver con las fo rmas de ocupación del territorio y de utilización de lo s recursos naturales. Argentina pone la Pampa en producción a fines del siglo XIX y la transforma en el eje de desarrollo de un país agroexportador. Venezuela adopta en cambio, un modelo petrolero y posterga indef inidamente el desarrollo del Llano. El mensaje de Rómulo Gallegos aún espera a quienes lo lleven a la práctica .



< div id=edn1 style="mso-element: endnote">

[i]  Shakespeare, William: “La Temp estad”, < st1:place w:st="on">Madrid, Agu ilar, 1952.

[ii]< /b>< span style="FONT-SIZE: 11pt; mso-no-proof: yes">  Fernández Retamar, Roberto: “Sobre los usos de civilización y ba rbarie”.

< font face=Arial>[iii]< font color=#000000> Sarmiento, Domingo Faustino: “Facundo o civiliza ción y barbarie”, Buenos Aires, EUDEBA, 1960.

< span style="mso-special-character: footnote"> [iv]   Uslar Pie tri, Arturo: “Las lanzas coloradas”, Madrid, Austral, 1954.< o:p>

[v]   Verne, Ju lio: “El Sobe rbio Orinoco”, Buenos Aires, Editorial Losada, 1944.

[vi]  Ga llegos, Rómulo: Doña Bárbara”, Madrid, Espasa-Calpe, 1990.< o:p>

 

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