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Asunto:[redluzargentina] Valores que curan: la Aceptacion
Fecha:Viernes, 22 de Julio, 2005  14:48:57 (-0500)
Autor:RedAmor <redanahuak @...............mx>

From: Patagonia_Luz@gruposyahoo.com.ar 
Fecha: Thu, 21 Jul 2005 09:43:48 -0300 (ART) 
     De: ines <ciudadanopatagonia@yahoo.com.ar> 
 
 
VALORES QUE CURAN: LA ACEPTACIÓN 
 
La aceptación es una medicina imperial, su único problema es que aún 
escasea. ¿Y porqué escasea? Porque para aceptar hay que aceptarse y para 
aceptarse es preciso haber sido aceptado. No es posible encender la
 antorch
a 
de otro a partir de una antorcha apagada. 
 
Hijos de un amor condicionado y superficial, que no es amor, ni nos 
conocemos, ni nos aceptamos. Acarreamos los dolores, los condicionamientos
 
y 
temores de la infancia sin admitirlos, huímos de nuestra propia sombra 
porque nos duele. Paradójicamente sin embargo lo que negamos, lo que 
reprimimos no sólo no desaparece sino que se fortalece, crecen sus raíces, 
aumenta su potencial destructor. Así la huída diseñada como solución al 
problema del dolor, sólo lo acrecienta. Nada en nosotros puede ser eludido. 
Nuestra sombra está hecha de nuestros propios sentimientos negados,
 nuestro
s 
juicios, las lecciones no aprendidas ¿cómo huir de ella sin huir de 
nosotros? ¿Cómo vivir las relaciones con los otros sin haber hecho las
 pace
s 
con nosotros? ¿Cómo alcanzar la paz y más allá la felicidad sin aceptar la 
oscuridad?  
 
Si no aceptamos nuestra sombra no podemos reconocer nuestra luz. Nuestra
 lu
z 
no tiene nada que ver con el brillo externo de nuestra máscara, en esa 
confusión radica nuestro problema existencial como individuos y como 
cultura. No todo lo que brilla es oro. En tanto pongamos lo 'no opaco' en
 e
l 
mismo saco, seguiremos confundiendo el metal precioso con el latón. Es la 
más vieja de las confusiones, ha sido denominada por las escuelas de 
sabiduría y los profetas de todos los tiempos con el mismo nombre: 
ignorancia. Contra ella sólo existe un antídoto: el amor-sabiduría. 
 
Empleemos el discernimiento (capacidad de comprender, ordenar y jerarquizar 
que constituye un germen de sabiduría) para disipar las primeras capas de
 l
a 
confusión. Colocar dimensiones completamente diferentes en la misma 
categoría porque son aparentemente semejantes es la historia de nuestra 
limitación. Confundimos lo pre-racional con lo post-racional porque ambos 
son diferentes de lo racional; confundimos lo religioso (fundamentalista) 
con lo espiritual porque ambos son diferentes de lo mecanicista y sembramos 
de caos la vida. Si no comenzamos por comprender la naturaleza real de 
nuestra luz seguiremos prendados de los brillos externos y condenados 
irremisiblemente a que el latón se nos oxide, estaremos cada vez más 
profundamente convencidos de que el oro no existe. 
 
La luz verdadera, esa que no depende de nuestra juventud, ni de la belleza 
física; que no depende de nuestra capacidad para seducir, convencer o 
poseer; que no se mide por el tener, ni el éxito, ni el poder, es la luz
 de
l 
ser. El ser, lo permanente en nosotros, lo que no perece con la muerte, lo 
que aprende, lo que cuando todos nuestros átomos han cambiado permanece, lo 
que un día se revela como dirección o propósito inundando de sentido la 
vida, lo que consumado el propósito primero da lugar al heroísmo, la obra
 d
e 
arte o el amor verdadero, es nuestra esencia. 
 
Desde la máscara es imposible percibir el ser. Si no pasamos a través de
 es
a 
capa intermedia de nuestra sombra, es imposible acceder al núcleo de
 nuestr
a 
conciencia interior. Adentrarse en el territorio de la sombra es imposible 
sin aceptación. ¿Cómo aceptarse? La mirada de alguien que se haya aceptado, 
que haya conectado con su ser produce el milagro, una tea encendida
 enciend
e 
sin dificultad una tea vecina. La historia de la aceptación por ser ella el 
primer movimiento real hacia el ser interior, es la historia de la 
redención, la historia del verdadero amor. 
 
La aceptación es una postura activa, comprometida con la vida. Cambia 
aquello que toca. Si entra en contacto con lo falso lo confronta hasta 
disolverlo y si encuentra lo verdadero lo fortalece. No existe nada más 
terapéutico que el acompañamiento, cuando lo podemos vivir como es esa 
solidaridad existencial que parte de la aceptación. Cuando somos mirados 
reverentemente por alguien que confía plenamente en nuestra bondad esencial 
de él podemos recibir la confrontación sin que nos ofenda, sin levantar 
barreras, porque sentimos que critica una acción nuestra, no nuestro ser, 
porque en su confrontación nos libera de nuestra falsa identidad, porque 
amándose nos puede amar. 
 
Cada ser que se ha aceptado y profundizando en sí trabaja su sombra, es un 
poderoso catalizador de la evolución, esa es la cadena de la luz. ¿Y si uno 
no contó con una madre o un padre que se hubiesen aceptado? ¿y si no cuenta 
con un psicólogo, ni un médico, ni un terapeuta que más allá de su 
conocimiento de ciertas técnicas se haya adentrado en su ser? ¿y si no 
siente el calor, ni la expansión de la aceptación pese al reiki, el yoga,
 e
l 
tai chi y la meditación? Dicen las antiguas tradiciones que cuando el
 alumn
o 
está pronto el maestro aparece. Si uno no encuentra posiblemente busca mal, 
probablemente no tiene aún el verdadero deseo de encontrar. El camino 
verdadero es el camino estrecho, es el viaje por el territorio de nuestra 
propia sombra interior; no tiene nada de simple paseo, es un peregrinaje 
profundamente transformador. En discernir y aceptar la naturaleza misma del 
camino está el primer paso hacia el amor. 
 
 
Psicóloga Isabella Di Carlo 
issa@infocultura.org 
Fuente: SINTERGÉTICA 
16 de Junio de 2005 
 
 
 
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