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Asunto:[RedLuzArgentina] "LA MASCULINIDAD TÓXICA",DE SERGIO SINAY. EDICIO NES B, ARGENTINA, 2006
Fecha:Martes, 4 de Agosto, 2009  10:02:23 (-0700)
Autor:Alicia Contursi <aliciacontursi @.........ar>


 [GrialNet]
Alain Rouvrais et Cécilia Luvecce <cecilain@gmail.com> escribió:
 "LA MASCULINIDAD TÓXICA"

Por favor leer hasta el final, no tiene desperdicios, espero sus
comentarios-

EXTRACTO DEL LIBRO "LA MASCULINIDAD TÓXICA"
DE SERGIO SINAY. EDICIONES B, ARGENTINA, 2006

"Querido congénere:
Esta carta no podía tener otro destinatario que no fueras vos. Nadie
podría entender mejor de qué hablo, qué quiero decir. Querido congénere,
vos y yo, varones ambos, estamos en peligro de extinción. Así como nos
mandaron a vivir nuestras vidas de hombres, así como nos mandaron
relacionarnos con las mujeres, con nuestros hijos, con las cosas, con
los seres, con el mundo, así no va más.

Te quiero contar cosas que escucho, que siento, que pienso, que vivo y
que veo, cosas que nos involucran y que, quizás, no ignoras y te
preocupan tanto como a mí.

Veo mujeres tristes, desalentadas, resignadas a no encontrarse
emocionalmente con nosotros, a no contarnos como compañeros de vida,
digo como verdaderos compañeros de vida, como hombres dispuestos a
explorar con ellas los espacios desconocidos del afecto, a confiar en
que nuestras diferencias nos enriquecerán, dispuestos a mirarlas con
cariño, con ternura, con humor, además de con deseo.
Veo mujeres que no nos entienden ni se sienten entendidas por nosotros,
mujeres que han hecho hasta lo imposible por comunicarse (y debo decirte
querido congénere, que a menudo hacen de más, se ponen demasiado
ansiosas, sofocan, se adelantan a nuestros tiempos). Han hecho hasta lo
imposible guiadas por la mejor, la más amorosa de las intenciones. Y hoy
a muchas las veo y escucho resignadas a convivir con hombres que siempre
serán extraños y lejanos o, directamente, a prescindir de ellos.
Muchas mujeres prefieren compartir su tiempo con otra u otras mujeres:
reciben más afecto, más comprensión, más compañía (aunque le falte el
tipo de compañía, comprensión y afecto masculinos que tienen otra
energía, otra vibración, no opuesta sino complementaria) . Hay mujeres a
las cuales empezamos (sólo empezamos) a resultarles prescindibles. Y si
prescinden de nosotros, ellas estarán sin hombres, pero los que
estaremos verdaderamente solos seremos nosotros, te lo aseguro.
Nosotros, los varones sabemos muy poco, o nada, de estar solos, salvo en
las trincheras o arriba de un ring. Y aún así, nos damos el dudoso lujo
de aislarnos.

Por las dudas, te lo aclaro: cuando digo que las mujeres acabarán
prefiriendo estar con mujeres, no hablo de sexo. Lo aclaro porque sé que
los varones sabemos poco de intimidad, simplificamos y nos confundimos.
Estarán juntas de un modo que nosotros no sabemos estar entre nosotros.
Espero que entiendas. Y si no, hermano, espero que empieces a aprender a
entender.

Veo y oigo, también, a muchos hijos desalentados. Ya no hacen más
esfuerzo por acercarse a sus padres, ya no esperan que sus padres se
acerquen a ellos, quiten el candado de la distancia emocional, compartan
sentimientos, sensaciones. Ya no esperan que sus padres se interesen de
verdad por lo que a ellos o ellas (hijo, hija) les pasa, ya no aspiran a
ser revalidados por la amorosa y firme mirada paterna. No sé si te
ocurre, no sé si te ha tocado, pero he sido testigo u oyente de muchas
palabras de hijos desalentados. Dicen cosas como "A mi viejo no vale la
pena pedirle nada, nunca tiene tiempo, siempre está ocupado". O dicen:
"Me hubiera gustado verlo en la entrega de diplomas, me hubiese gustado
que estuviera allí (y no en una reunión o jugando al tenis o llevando el
coche al taller) el día que traje a mi novia por primera vez a casa". O
dicen: "Me gustaría no sentir este silencio incómodo cuando nos quedamos
solos. Me gustaría que me mire a los ojos cuando me habla. Me gustaría
que no opine sobre todo lo que digo. Me gustaría que me escuche sin
juzgarme. Me gustaría que alguna vez me prohíba algo y me lo explique,
así puedo aprender. Me gustaría que no me trate como a un amigo, que no
se haga el pendejo, que no me robe mi manera de hablar; necesito sentir
que es mayor que yo, que tiene otra experiencia, que sabe cosas que no
sé, que podré confiar en él si me pierdo. Y así, con un padre pendejo,
no puedo. Y paso vergüenza ante mis amigos, porque encima no funciona
como pendejo".
Muchos de esos hijos, hermano varón, ya no buscan a sus papás, se han
resignado a perderlos emocionalmente o a tenerlos sólo como proveedores.
Y eligen como confidente a mamá. Ella, que nunca fue varón, que no se
siente como varón, que carece de experiencia de varón, tiene que
explicarles desde qué hacer con una chica (¡yo tampoco lo creía hasta
que fui testigo varias veces!), hasta como enfrentar una situación
temida. Para esos hijos pronto seremos prescindibles. Ellos se quedarán,
funcionalmente, sin padre, les será doloroso pero seguirán adelante con
su vida, aprenderán a ser hombres de alguna manera, acaso sean buenos
hombres. Los que nos vamos a quedar de veras solos somos nosotros.
No sé si te pasa, no sé si lo sientes, observo cada vez más hombres que
desconfían de otros hombres, que los ven como enemigos, como obstáculos,
o a lo sumo los ven como instrumentos, como medios. "Este tipo me sirve
o no me sirve, lo tengo que cuidar o lo tengo que cagar". Escucho eso,
lo escucho con una frecuencia que me alarma. Pasa en las empresas, en la
política, en la vida social, en los clubes, en las agrupaciones
profesionales.

Veo cada vez más hombres enceguecidos por la ambición, a los que no les
importa qué precio (moral, en salud, en dinero, o reputación) hay que
pagar para tener. Tener, ésa es la palabra, hermano varón. Tener poder,
mujeres, plata, casa, cosas (no importa qué cosas: cosas). Cuando hay
tan poca solidaridad, tan poca empatía, tan poca camaradería entre los
varones estamos mal, hermano varón. Nos quedaremos solos, solos entre
nosotros, solos y en guardia, solos y enfermos.

Cada vez veo más hombres deprimidos, hombres que no duermen, hombres que
parecen pastilleros ambulantes (viagra, alopidol, alplax, clorazepán,
ansiolíticos, sedantes, antiácidos, antiinflamatorios, analgésicos,
farmacias que caminan), hombres que desoyen todos los síntomas con que
sus cuerpos les hablan, hombres con dolores, con malestares físicos o
emocionales a los que prefieren no atender. Morimos antes de tiempo o
llegamos estropeados a nuestra vejez. Necesitamos, para nosotros y para
otros, llegar vivos a la hora de nuestro final, con capacidad para
convertir nuestras experiencias en sabiduría y para hacer de nuestra
sabiduría una herramienta al servicio de nuestros afectos y nuestro
mundo. Pero la gran mayoría de nosotros estamos llegando vacíos, sin
nada para transmitir, habiendo acumulado vivencias como quien junta
fotos, pero sin haberlas transformado en algo trascendente.

Así no va más, hermano varón, querido congénere. Con nuestra violencia,
con nuestra ausencia de perdón, de comprensión, de flexibilidad, estamos
destruyendo el mundo. Digo nosotros, digo los varones, no es un
"nosotros" abstracto. Digo los hombres (no digo "la humanidad"), los que
tenemos pito y voces gruesas y pelos en todas las partes (a veces no en
la cabeza). ¿Se entiende, muchacho? Digo que los varones, con nuestro
maldito mandato machista, ya hemos mucho daño y ya nos hemos hecho mucho
daño a nosotros. Así, no va.

Seremos prescindibles para las mujeres. ¿Quien nos hizo creer que
estarán siempre a nuestros pies, muertas por nuestros pitos? Seremos
prescindibles para nuestros hijos. La paternidad biológica es solo un
dato, un accidente, hay que darle sentido, llenarla de contenido.
Prescindimos entre nosotros el uno del otro, apenas nos usamos. Así no
se construyen vínculos fraternales y fecundos. Ya hay mujeres
(narcisistas si querés, egoístas si te parece, estoy de acuerdo) que nos
usan de padrillos, a veces sin que los sepamos, para tener hijos y
librarse de tener maridos.

Ya hay fecundación in vitro. Y si la clonación avanza (Dios no permita
que esos locos omnipotentes lleguen a cumplir, invocando a la ciencia,
sus sueños demenciales) bastará con una célula materna para crear un
hijo. Y no seremos necesarios ni como sementales. Será el ominoso final
de un modelo que nos hizo creer invulnerables, poderosos y ganadores.
¿Qué ganábamos, querido congénere?

¿De veras no estás un poco harto de tener que demostrar todo el tiempo
que tenés huevos? ¿Qué quiere decir tener huevos? No es algo que
elegiste, no es algo que se logra con esfuerzo, con aplicación, con
creatividad. Terminémosla con los huevos. La mayoría de nosotros (la
penosa inmensa mayoría) ni siquiera sabe qué función cumplen los
testículos en nuestro organismo.
¿De veras no estás harto de demostrar tu aguante, de bancártela solo?
También los burros tienen mucho aguante. Y los bueyes. ¿Hay algo más por
lo que destaques? ¿Algo propio, generado desde tu corazón?

¿De veras no estás harto de tener que demostrar a las mujeres el largo y
el grosor de tu pene, de tratar de batir récords cuando estás con ellas?
¿No estás harto de ir a la cama con pavor de que tu arma tenga la
pólvora mojada? ¿No estás harto de negarlo, lo vas a negar ahora una vez
más? Yo soy como vos, de manera que aquí podés ahorrártelo. Y, de paso,
¿no te gustaría saber un poco más acerca de cómo sienten sexualmente las
mujeres, de qué les gusta, de qué esperan de vos antes de que empieces
con tu exhibición y las dejes afuera? ¿No crees que podés llevarte
alguna grata sorpresa al averiguarlo? ¿O para vos no hay nada que
aprender? ¿Dónde aprendiste tanto? ¿Te lo enseñó tu papá, o algún hombre
mayor sabio, cariñoso, afectuoso y comprensivo? ¿O lo aprendiste de
oídas? ¿O pagando a una mujer de la cual no recordás el rostro? ¿De
veras no estás harto?
¿De veras no estás harto de mirar de reojo el auto del tipo del lado, y
si es más nuevo o potente que el tuyo, salir corriendo a cambiar tu
coche para que no crean que sos pobre o que tenés menos poder, o que la
tenés más corta?
¿De veras no estás harto de hablar sólo de lo bien que te va, de
callarte los dolores, las dudas, las vergüenzas, las dudas? Digo, ¿no
estás harto de aparentar, de competir aún de palabra, de tapar, de
disimular?
¿De veras no estás harto de tanto chiste machista, de tanto infantilismo
acumulado, de tanta simpleza intelectual, de tanto desprecio por las
mujeres, por los homosexuales, por los que apuestan a otra vida y a
otros vínculos sin que pierdan por eso ni una gota de testosterona?
¿No estás harto, eso quiero decir, de vivir con el culo apretado por el
miedo, por el pánico a lo diferente?
¿No estás harto de justificar guerras, matanzas y destrucciones en
nombre de la política?
¿No estás harto de callar, por miedo a que te llamen tonto, ingenuo o
maricón, tu oposición a la muerte de quien sea, de un palestino, de un
libanés, de un judío, de un afgano, de un iraquí, de un serbio, de un
croata, de un ruso, de un indio, de un paquistaní, de una mujer, de un
chico (de miles y miles de chicos), no estás harto de tu propio silencio
e inacción?
¿No estás harto de tener sólo cuatro o cinco temas de conversación
(mujeres, política, fútbol, economía, tecnología) temas seguros, donde
nunca arriesgarás nada personal, temas protegidos, temas que, a fuerza
de ser los único, te alejan de otros temas, de otra gente, del corazón
de otra gente (mujeres, hijos, amigos, nuevos seres a conocer) y de tu
propio corazón?
¿No estás harto de ser un eterno adolescente, alguien que se niega a
entrar en las etapas evolutivas de la vida, alguien que se convierte,
mientras pasan los años, en la patética caricatura de un púber y que ,
por muy macho que se diga, no tiene coraje (o huevos, como te gusta
decir) para emprender la aventura espiritual, emocional y cósmica de
convertirse en un hombre de verdad, un hombre de los que el mundo, y las
mujeres, y nuestros hijos, y los otros amigos, necesitan?

Si no estás harto, acaso cuando lo estés ya sea tarde, ya estarás
definitivamente solo, ya serás absoluta e irreversiblemente
prescindible. Si no estás harto, formás parte de una especie en
extinción. También los dinosaurios lo eran, aunque no lo supieran,
cuando parecían enormes y poderosos. Formás parte de una especie en
extinción y no habrá una ONG que esté dispuesta a rescatarte. Otras
especies serán prioritarias. Especies que no depredan, que no
discriminan, que no asesinan masivamente entre sí, que equilibran el
universo.
Si estás harto, el momento de cambiar es ahora. No hay excusas, no hay
peros.
Así no va más. Me dirás que sí va, mire quienes gobiernan los países,
quienes están al frente de las empresas, quienes rigen el deporte,
quienes manejan las finanzas, quienes son los economistas que ven
números pero no personas, quienes inventan cada día una guerra para
seguir vendiendo armas y robando petróleo mientras invocan causa
inexistentes, quienes mandan a morir a los hijos de los otros, quienes
intoxican a nuestros hijos con la comida chatarra, televisión chatarra,
juguetes chatarra, ideas chatarra, quienes nos hacen creer que moriremos
si no tenemos un auto, un plasma, una computadora de ultimísima
generación, que seremos poca cosa sin una zapatilla que hasta marca
nuestras pulsaciones, quienes manipulan nuestra salud desde las
corporaciones farmacéuticas. Miro y los veo. Son hombres insalubres,
inoculados e inoculadores de un paradigma tóxico. Y son mayoría. Es
cierto. Pero te repito. También los dinosaurios parecían invulnerables,
cuando, aunque ellos no lo supieran, ya estaban en extinción. Y, de
paso, pido perdón a los dinosaurios por la comparación. Estos hombres no
son inocentes como eran ellos. Son imputables. A esta altura de la
historia, de las comunicaciones, de la sociología, de la psicología, de
la información y del conocimiento, son imputables. No podrán decir que
no sabían. En todo caso que digan que les gustaba y les creeremos. No
podrán decir que cumplían mandatos.
La civilización ha vivido cosas que impiden aceptar esa excusa.
Por eso digo, hermano varón, que si estás harto sólo te queda el camino
de empezar a cambiar tus conductas. No tus palabras, no basta con que
cambies de discurso. Hay que transformar las acciones, las actitudes,
los hechos. Y también las palabras. Quedarte en el discurso te hará
imputable. El tiempo es ahora. El lugar es tu casa, tu trabajo, el
espacio que compartes con tu mujer (o con las mujeres), con tus hijos,
con otros hombres. Es aquí y ahora, cada día en cada lugar. Ya. No te
dejes engañar por esa mayoría de hombres que ves.
Los varones somos, con el paradigma masculino hegemónico hoy vigente,
una especie en peligro de extinción. Y esos tipos son los responsables.
¿Querés ser como ellos? Yo no.
Me preguntarás desde dónde hablo, qué derechos me arrogo. Cuál es mi
púlpito. Me identifico.
Soy un varón de este mundo, de este tiempo. Un marido, un padre, un
profesional. Un hombre que ha vivido ya más de la mitad de su vida y ha
experimentado todos los mandatos del paradigma. Que hace tiempo ya no
quiere más de eso.

Soy un hombre harto de estos hombres. Un hombre que tiene con ellos una
cuestión personal, porque degradan mi sexo. Soy un hombre al que le
duelen los tiempos que vive. Un hombre que tiene la visión de un mundo
compasivo y fraternal, inclusivo, enriquecido por la diversidad,
fecundo. Un hombre harto que sospecha no ser el único hombre harto.

Si también estás harto, nos encontraremos en el camino.
Hasta entonces, un abrazo fraterno.




*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.*.~.* 
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