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Asunto:[redluzargentina] La Biotecnologia Transgenica en Argentina
Fecha:Domingo, 28 de Agosto, 2005  17:14:51 (-0500)
Autor:LuxWeb <redanahuak @...............mx>

From: santoro_aghata <santoro_aghata@latinmail.com> 
Date: Sat, 27 Aug 2005 04:33:56 +0000 
Subject: [Protejamoslaamazonia] La Biotecnología Transgénica en Argentina 
 
 
La Biotecnología Transgénica en Argentina 
Por Jorge Lapolla * 
 
La "sojización" extrema de la Argentina amenaza en principio con dos 
catástrofes a la nación: una ambiental y otra social. No puede dejar 
de advertirse una tercera posible en el plano económico, si al 
constituirse la soja en un monocultivo, por alguna razón los 
principales compradores de nuestra producción -China y la UE- dejaran 
de hacerlo.  
 
Estado y Economía: Algunos Aspectos Relacionados a la Biotecnología 
Transgénica en la Argentina y sus Efectos Sociales 
 
Problemática Económica 
 
El modelo de producción agropecuaria como parte del modelo económico 
nacional  
 
 
 El análisis del desarrollo de la producción agropecuaria hacia el 
modelo de monocultivo de soja transgénica forrajera en que ha 
devenido la producción agraria argentina, debe enmarcarse en la 
evolución -más apropiadamente involución- del modelo económico 
nacional, desde uno de capitalismo industrial autosuficiente, con 
escaso o nulo endeudamiento externo, soberano, centrado en el mercado 
interno, con alta movilidad social, con alto nivel de distribución 
del ingreso, pleno empleo, satisfacción casi plena de las demandas de 
la población y de alta inclusión social, vigente entre 1945 a 1975 -y 
que de alguna manera perdurara hasta 1989- y su reemplazo por un 
retorno al modelo colonial de exportación de commodities - 
anteriormente llamado modelo agroexportador: "Argentina Granero del 
mundo"- vigente con otras formas entre 1862 y 1943, constituido a 
partir de la sumisión de la nación argentina en la globalización 
británica luego de las derrotas nacionales de Caseros y Pavón en la 
segunda mitad del siglo XIX. 
 
A diferencia de entonces que exportábamos granos y carne, hoy 
exportamos granos -principalmente forrajeros-, petróleo crudo, gas 
natural, energía eléctrica y caramelos. Para poder exportar petróleo 
y gas, la Argentina que a través de décadas de trabajo serio de YPF y 
Gas del Estado había logrado el autoabastecimiento energético, pero 
no era un país superavitario en energía, debió detener primero y 
destruir luego su desarrollo industrial, siderúrgico, ferroviario, 
militar y naval, mediante la política de devastación nacional llevada 
adelante en dos etapas: primero en la época de la dictadura militar a 
través de su ministro de Economía, José A. Martínez de Hoz y luego 
por el gobierno de Menem entre 1989 a 1999. 
 
Esta transformación macroeconómica, que ya ha costado enormes daños a 
la nación y que la devolviera a su estado colonial anterior a 1945, 
implica la política de dejar de pensar la producción y la actividad 
económica nacional desde el mercado interno, de interpretar el 
desarrollo nacional a partir de las necesidades de su pueblo y del 
país, para volver a generar un desarrollo desde y hacia afuera 
(modelo de factoría), es decir el motor de la producción no es la 
satisfacción de nuestras demandas y necesidades, sino las que reporta 
o necesita el mercado mundial, las que nos fijan los dueños del 
mercado mundial. Es así que dejamos de ser una nación y hemos 
retornado al estado de factoría neocolonial. 
 
De no haber sido por la rebelión popular de diciembre de 2001, la 
Argentina se encaminaba, por vía de esta política de sumisión al 
capital financiero internacional, hacia la dolarización, la entrega 
de territorio por deuda (en función de la vieja apetencia 
norteamericana sobre la Patagonia y la Antártida Argentina) junto a 
la represión militar y policial a los pobres y hambrientos, es decir 
el inicio real de la disolución física de la nación. Una vez más en 
nuestra historia el pueblo salvó la nación. 
 
 
Es en esta perspectiva en que el monocultivo de soja transgénica debe 
ser abordado como un emergente de la transformación neocolonial de la 
Argentina y no como causa de la misma. Si bien la expansión 
aparentemente incontrolable del monocultivo de soja transgénica 
forrajera es un grave problema que está afectando nuestra economía, 
la misma podría ser reemplazada por otro commoditie que ocupara su 
mismo rol, como materia de producción `nacional' únicamente para las 
necesidades del mercado mundial. 
 
Retorno al modelo de país factoría exportador de commodities 
 
J. A. Martínez de Hoz fue muy claro respecto de los planes que para 
la nación tenía el nuevo mando capitalista por él representado, así 
en 1977 señaló: "Si la Argentina va a producir acero o galletitas lo 
va a decidir el mercado". Por supuesto el "mercado", es decir los 
dueños del mercado -las 40 o 50 empresas multinacionales a quienes se 
entregó la riqueza de la nación, dueñas de la Argentina- decidieron 
que produjéramos y exportáramos soja forrajera, petróleo crudo, gas 
natural y caramelos, haciendo realidad la profecía del creador de la 
deuda externa moderna. 
 
 
Esta política fue desarrollada sin solución de continuidad por los 
sucesivos gobiernos habidos desde 1976 hasta el 19 y 20 de diciembre 
de 2001, con la solitaria excepción del año de 1984 cuando el 
ministro de Economía Bernardo Grinspung intentó una política 
diferente de retorno al modelo de desarrollo nacional, antes de ser 
reemplazado por el economista neoliberal Juan Vital Sourrouille. 
Desde entonces, las políticas económicas aplicadas destruirían una 
tras otra las transformaciones revolucionarias de la sociedad 
argentina realizadas por Juan Perón entre 1945 y 1948. De tal forma 
las políticas neoliberales y neocoloniales aplicadas producirían: 
 
- La destrucción física de la clase trabajadora, que se había vuelto 
en ingobernable entre 1945 y 1973, reduciendo su número de 6.000.000 
en 1976, a menos de 1.000.000 en diciembre de 2001 generando una 
política de desempleo creciente y de marginalización de la población, 
produciendo que entre 1990 y la actualidad la tasa de desempleo y 
subempleo alcanzara a casi un 40% de la PEA (Población Económicamente 
Activa) (la mayor de la historia argentina), es decir, mucho más de 
la mitad de la población total del país, como política central de 
disciplinamiento social. 
 
- La destrucción de la industria nacional mediante varias medidas 
tales como la financierización del capital, política que los 
argentinos conociéramos como `Plata dulce', y convertibilidad luego; 
la apertura desenfrenada de la economía; la liquidación de todas las 
formas de protección y estímulo para nuestra industria; encareciendo 
el crédito hasta los niveles de saqueo y expropiación por el capital 
financiero de la pequeña y mediana propiedad industrial y agrícola, 
haciendo desaparecer ramas enteras de la economía. Las 
privatizaciones de los sectores estratégicos por el gobierno de Menem 
completarían el golpe final contra la posibilidad de decidir nuestro 
futuro industrial independiente. 
 
- El endeudamiento ficticio e ilegítimo de la nación para impedir una 
política estatal soberana, atando nuestro desarrollo a los dictados 
de los poderes económicos imperiales: la deuda externa era menor a 
6.000 millones de dólares en marzo de 1976, de 45.000 millones en 
diciembre de 1983, de 65.000 millones en 1989, de 160.000 millones en 
1999 y de 220.000 millones en 2001. 
 
- La devolución a la burguesía terrateniente de la parte de la renta 
agraria que las reformas de 1940 en adelante –Junta Nacional de 
Granos (J.N.G.), Junta Nacional de Carnes (J.N.C.), Instituto 
Nacional de Vitivinicultura (I.N.V.), Instituto Nacional del Algodón, 
juntas reguladoras, precios sostén, etc., habían extraído para 
equilibrar la economía nacional e industrializar la nación. Está 
demás aclarar que dicha devolución de Renta fue a parar a las manos 
de los latifundistas, y no a la de los pequeños y medianos 
productores que en número de más de 260.000 perdieron sus 
propiedades.  
 
Esta devolución de la renta produjo una recapitalización suntuaria de 
dicha burguesía terrateniente y una consociación aun mayor de la 
misma con el capital multinacional, en desmedro del desarrollo 
industrial y soberano de la nación. La renovación anual de maquinaria 
altamente sofisticada, las camionetas 4x4, la importación 
descontrolada de insumos agrícolas y agrotóxicos, así como altos 
gastos suntuarios, no ha repercutido en un aumento de las condiciones 
de vida de la población en su conjunto, sino por el contrario en la 
expansión de la pobreza, el desempleo, la concentración de la 
riqueza, la indigencia y en desmedro del desarrollo industrial del 
país.  
 
- Una política de hambre y de menor consumo de alimentos de la 
población tal cual anunciara J. A. Martínez de Hoz ya en 1967 en su 
libro `la Agricultura y la Ganadería argentina en el periodo 1930- 
1960' donde criticaba la forma en que el Gobierno Peronista (1945-55) 
había desincentivado las exportaciones agrícolas, señalando que el 
problema surgía "por el gran consumo interno de alimentos de los 
Argentinos" (Martínez de Hoz, 1967). Pensamiento que da la razón a 
Juan José Hernández Arregui (Op.cit.1973) cuando afirmaba: "Cuando 
después de 1946 una mejor distribución de la riqueza elevó al pueblo, 
esa clase infecunda y perversa vio demagogia y despilfarro porque el 
pueblo comía". 
 
Una política de revanchismo social y de distribución regresiva del 
ingreso: en 1955 la clase trabajadora recibía el 54% del Ingreso 
nacional, en 1973 se había reducido al 38%, en 1974 había recuperado 
al 48%, en 2001 había caído al 18%. Desde otras proporciones esta 
política de revanchismo social –ideológicamente motorizada por los 
voceros de la burguesía terrateniente- se expresa así: el 20% de la 
población más rica posee el 54% de la Renta nacional, el 20% más 
pobre sólo recibe el 5.2% de la RN, siendo que la transferencia de 
ingreso de los sectores bajos y medios a la cúpula social fue de 27.4 
mil millones de dólares por año, es decir más de 274.000 millones de 
pesos-dólares entre 1990 y 2001. (1) 
 
 
Esta política aplicada con dosis de violencia y recetas económicas 
inflacionistas, daría como resultado la destrucción física de dos 
clases sociales argentinas; la clase obrera industrial y la burguesía 
industrial independiente representada en el proyecto de la CGE 
(Confederación General Económica) y Perón, así como allanaría el 
camino a la entrega del patrimonio nacional que de otra manera habría 
sido resistido por la mayoría de la nación argentina. 
 
Ya en 1971 la burguesía industrial vinculada al capital multinacional 
agrupada en la Unión Industrial Argentina (UIA) era muy clara 
respecto de su visión del país futuro, el presidente de la UIA, Elvio 
Coelho había hablado blanco sobre negro con el sociólogo 
norteamericano James Petras, por entonces de visita en la 
Argentina: "A pesar de todo, no creo que ellos (los guerrilleros A.J. 
Lapolla) fueran el motivo central del golpe militar que se planeaba 
en la Argentina (el de 1976. AJL).Ya en 1971 me había impresionado un 
diálogo que mantuve, si mal no recuerdo, con Elvio Coelho, entonces 
Presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA).Yo le preguntaba 
porque no se lanzaban a la industrialización como en Brasil" "-Porque 
los sindicatos son demasiado fuertes y eso nos llevaría a una guerra 
civil- contestó. - Pero, ¿por qué no lo intentan? -Porque podemos 
perder - dijo" (Citado por M. Seoane en 21) Juan Alemann confirmaría, 
luego de producido el genocidio en 1979, la preferencia de la gran 
burguesía por esta política: "Con esta política (la represión y los 
30.000 desaparecidos. AJL) buscamos debilitar el enorme poder 
sindical que era uno de los grandes problemas del país. La Argentina 
tenía un poder sindical demasiado fuerte, frente al cual era 
imposible el florecimiento de cualquier partido político, porque todo 
el poder lo tenían ellos. (..) Hemos debilitado el poder sindical y 
esta es la base para cualquier salida política en la Argentina..." 
(Citado por M. Andersen en 22) Estas terribles palabras no fueron en 
vano: el 58% de los 30.000 desaparecidos eran dirigentes sindicales 
de base. 
 
 
Esta política dejaría entonces como ganadores a la burguesía 
terrateniente y a las empresas multinacionales con el capital 
financiero asociado a ambas, con la consiguiente devastación y saqueo 
nacional que las cifras y la realidad muestran. Como ejemplo de esta 
nefasta consociación cabe señalar que 17.000.000 de hectáreas son ya 
propiedad de empresas extranjeras y que empresarios ¡argentinos! 
poseen casi 150.000 millones de dólares depositados en el exterior. 
Es en este modelo de rediseño de la nación que los vencedores del 
largo conflicto 1955-1976 realizaron, que se enmarca la aparición del 
monocultivo de soja transgénica forrajera. 
 
Ausencia del Estado: una política de Estado 
 
Hay quienes señalan que esta situación se produjo por responsabilidad 
de la ausencia de Estado hacia la política agropecuaria, nosotros 
creemos que ese es el efecto de una política buscada, en realidad de 
una política de Estado hacia el agro y la economía en general. Es 
decir devolver la conducción del proceso económico a la burguesía 
terrateniente y al capital multinacional con el sector financiero 
asociado. De allí que la Argentina haya dejado de producir alimentos 
para su población y materias primas para su industria exportando el 
excedente, para dedicarse a hacer aquello que el "mercado mundial 
demanda" y que favorece a la burguesía terrateniente, hoy como ayer 
palanca de dominación imperial en la Argentina. 
 
 
Desde 1967, fecha en que el dictador Onganía promulgara la "Ley" 
Raggio modificando el sistema de arrendamientos rurales y que 
expulsara a decenas de miles de productores pequeños y medianos de 
las tierras que habían trabajado honestamente desde que en 1945, 
Perón prefiriera una ley de congelamiento de arriendos en lugar de 
una Reforma Agraria como propiciara al comienzo de su gobierno, la 
política del poder económico ha sido expulsar a los chacareros y 
concentrar la propiedad de la tierra. 
 
Fue el Ing. Ingaramo, miembro del equipo de D. Cavallo, quien 
señalara en 1990: "en la Argentina deben desaparecer 200.000 
productores agropecuarios por ineficientes" (Clarín, 1991).Casi lo 
logra: entre 1990 y 2001 desaparecieron 160.000 productores, el 35% 
de ellos en la pradera pampeana, peor aún: desde la antedicha Ley 
Raggio en 1967 hasta el 2001 se perdieron 260.000 productores. 
Mientras tanto el sector terrateniente recuperó y amplió sus tierras: 
el 49.6% de la tierra del país pertenece a 6900 propietarios (Censo 
Nacional Agropecuario, 2002. Si pensáramos en términos de una familia 
tipo, cosa no del todo cierta ya que "nuestros" terratenientes suelen 
ser muy prolíficos, hablaríamos de menos de 28.000 personas dueñas de 
la mitad de las tierras cultivables de la nación. Ni Rivadavia con su 
Enfiteusis pudo hacerlo mejor. 
 
Ha sido una política de Estado, disolver la JNG, la JNC, el INV, 
entregar al capital multinacional el comercio exterior argentino, los 
puertos de embarque de nuestra producción, destruir los silos y 
plantas de almacenamiento de la JNG, destruir y privatizar los 
ferrocarriles - único país en el mundo que destruyó su red 
ferroviaria, la mayor de América Latina- , privatizar las rutas 
construidas por la nación y las provincias, privatizando -y 
encareciendo- el transporte de nuestra producción. 
 
 
Fue el Estado quien eliminó los precios sostén y compensatorios que 
permitían estimular determinadas producciones necesarias para el 
país, corregir distorsiones y proteger al pequeño y mediano productor 
de la voracidad del "mercado" -los terratenientes y la banca privada- 
, fue una política deliberada destruir el INTA, vaciarlo de contenido 
y rol, entregando el germoplasma nacional y sus estudios 
agroecológicos argentinos -una riqueza de carácter estratégico y 
geopolítico- a las multinacionales granarias y agroquímicas, poniendo 
en riesgo la soberanía alimentaria y el control independiente de la 
producción agropecuaria nacional. 
 
Fue el Estado nacional a través de una resolución del entonces 
Secretario de Agricultura Ing. Felipe Solá, el que autorizó en 1996 - 
sin estudios previos que los avalaran- los cultivos transgénicos, 
transformado a nuestro país en el mayor productor de los mismos en el 
mundo, contaminando de manera irreversible nuestro ecosistema y 
produciendo afectaciones desconocidas al futuro del mismo y a la 
salud del pueblo argentino. 
 
Fue el Estado quien privatizó el petróleo nacional –único país sobre 
la tierra que entregó su petróleo a otro sin haber sido invadido 
militarmente- dejando de producir combustible barato para el agro y 
la industria: Repsol (de España) prefiere importar gas oil y exportar 
petróleo crudo, quedándose con la diferencia. De tal forma ningún 
cultivo que necesite más de una labor –la mayoría- incluidos algunos 
estratégicos como el maíz, el algodón, el arroz o el girasol, pueden 
competir con la soja RR que legitimara el citado funcionario. 
 
Es el Estado quien no aplica ninguna política de modificación 
diferencial de las retenciones para permitir el cultivo de otras 
producciones, y permite que el glifosato cueste un tercio de lo que 
vale en los EE.UU., difundiendo masivamente su uso, mientras que los 
EE.UU., mediante una política de precios sobre los agroquímicos y las 
semillas transgénicas, sólo produce un 40% de soja transgénica del 
total de la soja producida. Nosotros que parecemos más 
norteamericanos que ellos producimos el 99% de soja RR. 
 
Es el Estado quien no practica una política de defensa de los 
pequeños y medianos productores que no pueden acceder al paquete de 
alta y cara tecnología que implica el paquete de Siembra Directa, 
control de malezas con Glifosato y cultivo de soja RR, modelo que 
arrasa las poblaciones rurales, destruye el empleo rural, pauperiza, 
precariza a los trabajadores y expulsa a los pequeños productores. 
Según cifras del Censo Nacional Agropecuario 2002, la explotación 
media de la región pampeana pasó de 257 hectáreas (en los '80 a 538 
hectáreas en los '90. Para quienes desean que seamos como los 
norteamericanos allí la propiedad media actual es menor a 250 
hectáreas y en la Unión Europea la misma orilla las 10 hectáreas 
(Censo Nacional Agropecuario, 2002), es decir, nuestra política 
agraria –pese a lo que sostiene el lobby sojero-monsantiano- va a 
contramano de la política agraria de los principales países del 
mundo. No de lo que ellos nos dicen que hagamos por cierto, sino de 
lo que realmente hacen en sus países que es lo realmente importante. 
 
Ha sido la política del Estado de beneficiar la expansión del 
monocultivo de soja en detrimento de otras producciones la que ha 
permitido que se haya reducido más del 44,1 % de la superficie 
cultivada de arroz, más del 26,2 % de maíz, más de 34.2 % de girasol, 
más del 3.5 % de trigo, 10 veces la superficie de algodón (de 700.000 
hectáreas a menos de 70.000), que hayan cerrado el 27.3% de los 
tambos (Censo Nacional Agropecuario, 2002; Pengue, 2003), que zonas 
como San Pedro en la provincia de Buenos Aires hayan perdido el 50% 
de los montes frutales y plantaciones de vivero para ser reemplazadas 
por cultivos de soja RR, con la aparición del hambre y el desempleo 
desconocido hasta entonces (Boy, ). De la misma manera sólo entre 
1998 y 2002 el área forestal se redujo en más de 510.000 hectáreas 
(Pengue, 2005), aun cuando un informe reciente señala una reducción 
sólo para Santiago del Estero de 2.768.000 hectáreas hasta el 2004 
(Mariot, 2004). Por las mismas razones, cultivos directamente 
vinculados a la alimentación popular como la papa, la batata, la 
lenteja, la arveja, distintos tipos de maíz y de hortalizas han visto 
reducidas enormemente su producción y área de cultivo. 
 
Ha sido esta política de Estado la que ha permitido que la Argentina 
dejara de producir la "mejor carne del mundo" criada a campo y con 
pastoreo a cielo abierto y que en lugar de prepararnos para abastecer 
y ganar posiciones en el gigantesco mercado asiático emergente y en 
expansión, que alberga más de la mitad de la población mundial, nos 
transformáramos en proveedores de forraje barato para quienes se 
preparan a abastecer dichos mercados con ganado criado 
con `commodities' producidos en nuestras pampas. Hoy los EE.UU., 
China y la Unión Europea exportan carne a dichos mercados mientras 
nosotros producimos soja transgénica forrajera para alimentarles el 
ganado. No sólo eso: cuando la enfermedad de la "vaca loca" arrasara 
la producción bovina europea, nuestros funcionarios, movidos por la 
misma mentalidad colonial que nos gobierna desde 1976, corrieron 
presurosos a auxiliar a nuestros competidores con semen y 
reproductores de nuestros mejores planteles ganaderos. ¿Viveza 
criolla?  
 
En síntesis lo que queremos señalar es que no es que el Estado ha 
estado ausente sino que el mismo estuvo presente con una política que 
produjo estos resultados. Se requiere cambiar la política del Estado 
hacia el campo por otra política activa, nacional, que reoriente la 
producción agropecuaria en función de las necesidades del país y no 
de las empresas multinacionales que hoy gobiernan nuestra producción 
agraria. Es decir volver a pensar en el mercado interno como eje de 
nuestro desarrollo. Eso implica entre otras cuestiones, una política 
de retenciones diferenciales, precios sostén y compensatorios, 
protección de producciones mediante subsidios y créditos especiales, 
protección del pequeño y mediano productor, entrega de tierras, una 
política de recolonización agrícola, de control sobre las propiedades 
extranjeras sobre nuestra tierra, la recuperación de una política 
soberana de semillas y de defensa de la producción de las mismas por 
el productor, devolviendo al INTA el papel histórico jugado en el 
desarrollo de una tecnología nacional agropecuaria y el control y 
secreto sobre sus investigaciones. 
 
Consecuencias del Monocultivo de Soja Transgénica 
 
Sociales 
La "sojización" extrema de la Argentina (en 2004: 34.5 millones de 
toneladas, sobre un total de 70 millones de toneladas de granos, el 
49.5%; 14 millones de has sembradas, el 54% del total del área 
sembrada) amenaza en principio con dos catástrofes a la nación: una 
ambiental y otra social. No puede dejar de advertirse una tercera 
posible en el plano económico, si al constituirse la soja en un 
monocultivo, por alguna razón los principales compradores de nuestra 
producción -China y la UE- dejaran de hacerlo. 
 
 
La catástrofe social está a la vista. A lo largo de su historia el 
pueblo argentino casi no conoció el hambre masivo. Pese a que las 
políticas regresivas implementadas luego de 1955, produjeran 
importantes bolsones de pobreza regionales, es posible señalar sin 
embargo, que en el largo período histórico de 1945 a 1990 el pueblo 
argentino desconocía el hambre generalizado. 
 
Hoy la situación es irreconocible: la Argentina el otrora "granero 
del mundo", el país de la "mejor carne del mundo", posee una 
población mal alimentada y con altos índices de indigencia. Entre 18 
y 20.000.000 de personas (el 50% de una población de 38.000.000) se 
encuentran bajo el nivel de pobreza; de 4.500.000 a 6.000.000 son 
indigentes (es decir que pasan hambre extremo) y cerca de 4.5000.000 
están desempleados. 
 
La Argentina produce la mayor tasa de alimentos por habitante del 
mundo con sus más de 70 millones de toneladas de granos, sus 46 
millones de cabezas de ganado bovino, una cifra similar de ovinos, 
otra mayor de porcinos, una importante producción láctea, que arrojan 
3500 Kg de alimentos por habitante por año. Sin embargo tal masa de 
productos alimenticios es testigo del mayor hambre y genocidio social 
de nuestra historia: hoy, y en forma ininterrumpida desde 1990, en la 
Argentina se asiste a un verdadero genocidio social: 55 niños, 35 
adultos y 15 personas mayores mueren diariamente por razones o 
enfermedades vinculadas al hambre (IDEP, 2003). Lo que arroja la 
escalofriante cifra de 450.000 personas muertas de hambre entre 1990 
y 2003. Un verdadero genocidio social que empalidece el realizado por 
el terrorismo de Estado realizado por la dictadura militar con sus 
30.000 detenidos-desparecidos. 
 
Al mismo tiempo la degradación de las condiciones del trabajo y del 
empleo a que hicimos referencia, ha producido una pérdida marcada de 
los derechos laborales y sociales conquistados por los trabajadores 
en más de un siglo de luchas: el salario promedio de abril de 2004 es 
de 552$ mensuales, mientras que la línea de pobreza se encuentra en 
789$, es decir que el grueso de los trabajadores ocupados cobran 
salarios un 30% por debajo de la línea de pobreza. O lo que es lo 
mismo el trabajo no impide sortear el hambre. Agravando la situación 
según cifras del ministerio de Trabajo el 47% del empleo en el país 
es informal.  
 
Es de destacar que las cifras de pobreza e indigencia se 
multiplicaron y estabilizaron en tamaña magnitud de catástrofe 
social, en el mismo período en que la soja transgénica RR se 
instalara como cultivo principal de la Argentina. Este hecho 
incontrastable desmiente los argumentos de las multinacionales del 
sector y demás corporaciones dueñas de la producción de semillas 
transgénicas en el mundo, en el sentido de propaganda sostenido por 
ellos, que los cultivos transgénicos servirán para resolver el hambre 
en el mundo. El ejemplo de la Argentina tan rica, llena de 
transgénicos y con su escasa población para tan inmenso territorio, 
hambreada y empobrecida demuestra la falacia sostenida por los 
vendedores de semillas genéticamente modificadas. 
 
La desaparición de fuentes tradicionales de alimentos baratos para la 
población tales como la batata, la papa, la lenteja, la arveja, el 
haba, varios frutales, la carne de cordero, la miel; la desaparición 
de gran cantidad de horticultores corridos por las fumigaciones de 
glifosato que destruyen sus cultivos lindantes con los de soja -entre 
el 14 al 78% del glifosato fumigado sale fuera del sitio de 
aplicación y se ha observado una deriva de hasta 800 m, registrándose 
una perdurabilidad en el suelo de 1 a 3 años (Botta y Selis, 2003). 
También son corridos por la alta rentabilidad de la soja RR que 
desplaza a las pequeñas producciones intensivas, aumentando los 
precios de los alimentos. 
 
La propagación de los híper y supermercados -los cuales sólo en el 
conurbano bonaerense entre 1990 a 2000, produjeron el cierre de más 
de 400.000 comercios familiares, es decir alrededor de 1.600.000 
puestos de trabajo perdidos (Neffa, 2000) y las redes de minimercados 
vinculados a los anteriores, impiden el libre acceso de la población 
a los alimentos. A esta situación debe sumarse que el grueso de los 
pobres son urbanos, en general desempleados industriales o sus hijos - 
en algunos regiones y asentamientos ya hay dos generaciones de 
desempleados- sin acceso a la posibilidad de cultivar sus alimentos, 
debido a la pérdida de conocimientos rurales de una población que es 
mayoritariamente urbana y a la ausencia de tierra propia para 
sembrar. Estos factores coligados impiden la otrora saludable 
autonomía alimentaria de los argentinos. La no eliminación o sensible 
reducción del IVA a los productos de la canasta familiar juega en el 
mismo sentido.  
 
Esta situación será aun más grave si se legaliza producción de maíz 
RR (también transgénico y resistente a glifosato) que produce la 
empresa Monsanto, que no sólo duplicará -por lo menos- los mas de 150 
millones de litros anuales de herbicida glifosato que se usan en el 
sistema bajo análisis, sino que además por ser el maíz una planta de 
polinización cruzada, no existirá para el productor la posibilidad de 
eludir la compra anual de semilla a la empresa, compra que hoy de 
alguna manera se elude en la soja RR mediante la llamada "bolsa 
blanca" situación que de alguna manera evita el control monopólico 
sobre la simiente y permite cierta tolerancia del sistema para los 
productores sobrevivientes de medianos recursos. En el caso del maíz - 
y es esta la razón de la presión de Monsanto sobre el gobierno al 
anunciar su retiro del negocio de la soja RR- la "bolsa blanca" no 
será posible y toda autonomía del productor respecto de la simiente 
desaparecerá.  
 
Es en la magnitud de la dimensión social que estamos analizando, que 
debe entenderse la trágica decisión que implica que la Argentina haya 
dejado de producir alimentos para su población como objetivo 
principal de su producción agrícola y que en cambio se dedique a la 
producción de commodities y materias primas requeridas por 
el "mercado mundial". En una visión estrictamente macroeconómica, 
aparece como si el poder económico mundial destinara a nuestro país a 
producir soja RR en su exclusivo beneficio, alterando 
significativamente las líneas de desarrollo nacional. En última 
instancia producimos soja RR para obtener divisas para pagar deuda 
externa. Ilegítima por cierto. 
 
La Siembra Directa: "la segunda revolución de las pampas" 
 
El monocultivo de soja RR se realiza bajo un paquete tecnológico 
compuesto por la semilla transgénica RR patentada por Monsanto, 
resistente al herbicida glifosato. Lo cual permite su uso abundante 
para combatir las malezas de la soja unido al sistema de siembra sin 
labranza y sin labores conocido como Siembra Directa o de barbecho 
químico. Nos referiremos aparte y en particular a las implicancias 
que la misma tiene sobre la ecología del suelo, por lo que queremos 
referirnos aquí a sus implicancias sociales. 
 
 
 Todos los críticos del monocultivo de soja RR coincidimos en general 
que, sin dejar de ser grave el tema de la contaminación genética 
irreversible que presenta la propagación de la soja RR, es en el 
paquete tecnológico que la acompaña donde se encuentra el mayor 
peligro.  
 
Preocupación que parece estar empezando a llegar al INTA, luego de un 
largo silencio: "Estamos experimentando algunos problemas de 
resistencia de malezas, pero no están todavía en una escala tan 
grande como para afectar los rendimientos seriamente o para poner en 
peligro el futuro del cultivo de soja", dice Carlos Senigalesi 
director de proyectos de investigación del INTA. Él cree que es la 
tendencia de los productores a cultivar nada más que soja, más que la 
prevalescencia de los cultivos genéticamente modificados (GM) lo que 
se encuentra en la raíz del problema. "La monocultura no es buena 
para los suelos o para la biodiversidad y el gobierno debería empujar 
a los chacareros a retornar a la rotación de cultivos", dice 
Senigalesi. "Pero aquí todo fue dejado al mercado. Los productores no 
tienen una apropiada orientación por parte de las autoridades. No hay 
subsidios, ni precios sostén. Pienso que debemos ser el único país 
del mundo, donde las autoridades no tienen un plan apropiado para la 
agricultura, sino que lo dejan todo a las fuerzas del mercado" (11). 
(Carlos Senigalesi citado por Sue Brandford, 2004) 
 
También con retraso la dirección del INTA expresó en diciembre de 
2003 su preocupación por la situación creada, al señalar "el 
desordenado proceso de desarrollo de la agricultura", y que "dado que 
no hay señales de mercado asociadas con las dimensiones social y 
medioambiental, estas son generalmente ignoradas en el proceso 
decisorio, generándose distintos desequilibrios. El restablecimiento 
de los mismos requiere la incorporación de estos costos adicionales 
de manera de garantizar la sustentabiliadad tanto de recursos 
naturales como la del tejido social que integra los sistemas de 
producción". Advirtiendo que "si nada se hace, la declinación de la 
producción sería inevitable y que el stock de recursos naturales del 
país sufriría una degradación -posiblemente irreversible- tanto en 
cantidad como en calidad". Reclamó cambios en las prácticas agrícolas 
en la pradera pampeana, señalando que "la combinación de siembra 
directa con el monocultivo de soja no era compatible con la 
sustentabilidad de la agricultura" (Clarín Rural, 2003). 
 
Entre los costos ambientales que señala el INTA, habría que ubicar en 
primer lugar -por su gran costo en vidas- a las inundaciones de Santa 
Fe de 2003, consecuencia casi directa de la expansión del sistema SD- 
Soja RR-Glifosato por el Norte de Santa Fe, el Sur de Santiago del 
Estero y el Norte de Córdoba, que implicó el desmonte sin control de 
la vegetación arbustiva existente, vegetación que retenía gran 
cantidad de agua y a la propagación del sistema de Siembra Directa - 
no labranza- que si bien disminuye la erosión hídrica -hecho 
incontrastable y su mayor mérito- aumenta de gran forma el 
escurrimiento superficial de agua. Esto unido al corrimiento de las 
isohietas de 600 hasta 750 mm hacia Santiago del Estero -en un ciclo 
húmedo de incierta duración- que aumentaron enormemente el caudal de 
agua arrastrado por la Cuenca del Río Salado, todo sumado a la 
absoluta inacción del gobierno de Santa fe y la destrucción de los 
entes de regulación y control de aguas que la política de destrucción 
del Estado antedicha ocasionara. 
 
Otro de los costos no incluidos en la ecuación es el correspondiente 
a la reposición de los nutrientes extraídos por la soja y exportados 
en sus granos y no calculados en la sustentabilidad del ecosistema: 
900 millones de dólares anuales según un informe de W. Pengue(2003). 
 
Pese a los argumentos desaforados de los que hablan de la "segunda 
revolución de las Pampas" -a pesar que nunca conocimos de la 
existencia de una primera- los resultados sociales de la expansión 
del paquete soja RR-Glifosato-Siembra Directa está produciendo hechos 
que más bien hablan de una contrarrevolución de las Pampas o de una 
segunda etapa de desarrollo del capitalismo agrario argentino, tanto 
o más expulsivo y concentrador de la riqueza y la tierra que aquél 
que se produjera entre 1862 y 1880 y que diera por resultado los tres 
genocidios constituitivos de la República liberal-conservadora, que 
nos atara a la globalización Británica de la segunda mitad del siglo 
XIX, contra la cual habían luchado nuestros patriotas fundantes desde 
1806.  
 
Primero fue el genocidio de los federales realizado por Mitre y 
Sarmiento, en su "disciplinamiento" a sangre y fuego del interior 
(entre 8.000 y 11.000 paisanos pasados a degüello por Sández, 
Irarzábal y Paunero, equivalentes a más de 200.000 argentinos de 
1976), seguido por el de los paraguayos, negros y criollos de ambos 
lados masacrados en la Guerra de la Triple Alianza (750.000 varones 
paraguayos asesinados o remitidos como esclavos a Brasil, sumados a 
varios miles de argentinos muertos en la guerra) y el genocidio 
Mapuche realizado en la mal llamada "Conquista del Desierto" (en 
realidad robo de las tierras Mapuches y Pampas) por el genocida Julio 
Roca.  
 
Estos genocidios constituitivos de la hegemonía económica y política 
de la burguesía terrateniente, que privarían a las masas populares -y 
luego a los inmigrantes- del libre acceso a la tierra en forma 
opuesta a lo que ocurriera en la revolución Francesa, en los EE.UU., 
o en la revolución Rusa de 1917, serían coincidentes con similares 
hechos ocurridos sobre la población originaria en el mismo período en 
los EE.UU., Canadá, Sudáfrica, Australia, China, India, otras 
regiones de África y de la América del Sur. Matanzas de millones de 
pobladores originarios producidas en la segunda mitad del siglo XIX 
por las potencias de Europa Occidental y que permitirían la 
localización de la población sobrante europea que arrojaba al hambre 
y el desempleo la Segunda Revolución Industrial producida por la 
máquina de vapor. Dicha política estratégica de las Grandes potencias 
europeas (primero Inglaterra y Francia, luego con Alemania y los 
EE.UU) permitiría liberar amplias zonas de territorio mundial para 
ubicar dicha población sobrante -más de 50 millones de personas entre 
1850 y 1900 (Argumedo, 1996) impidiendo o retrasando de esa manera la 
revolución social en Europa, situación que Karl Marx describiría como 
que "América impide la revolución en Europa". O más claramente "la 
Marcha al Oeste en los EE.UU., diluye continuamente la lucha de 
clases y actúa como factor de aplastamiento revolucionario en los 
EE.UU., y en Europa"(14). 
 
Un reciente trabajo de los Dres., G. Botta y D. Selis de la 
Universidad Nacional de La Plata muestra de alguna manera las 
conexiones existentes entre la primera contrarrevolución de las 
Pampas y esta segunda (Botta y Selis, 2003). Según los autores el 
paquete tecnológico de referencia vinculado al cultivo de soja RR, 
está produciendo: una fuerte disminución del trabajo agrícola 
permanente y por ende del número de trabajadores rurales; un aumento 
de los trabajadores agrícolas temporarios; una fuerte concentración 
de la tierra; una disminución del número de explotaciones agrícolas; 
un marcado aumento de la pobreza; la marginalidad; la precarización 
laboral y el hecho novedoso consecuencia de los dos primeros 
factores, cual es la expulsión del proletariado rural de los campos y 
su localización como población marginal y miserable, no sólo en las 
grandes ciudades sino ya en las propias aldeas o poblados rurales, no 
pudiendo ser absorbido por una industria devastada, constituyendo así 
un nuevo núcleo de desplazados y hambrientos en la masa de 
desocupados que pueblan la Argentina y que se observan en la mayoría 
de las ciudades y pueblos del país y en particular en la distribución 
de los planes Jefes y Jefas de Hogar. 
 
Los autores señalan un hecho estructural de la técnica de la Siembra 
Directa como causante de esta tragedia social (que algunos llaman 
progreso -o más cínicamentecomo "costos del progreso" y que los 
técnicos del BM, del FMI o de la Escuela de Chicago denominan "tasa 
de sufrimiento del ajuste estructural". 
La desaparición de labores y preparación del suelo durante todo el 
año que la nueva técnica trae aparejada se observa en que el Tiempo 
Operativo de la Labranza Tradicional erade 3 horas-hombre por 
hectárea, en la Siembra directa es de: 40 minutos-hombre por 
hectárea. Esta reducción implica la pérdida de 4 de cada 5 puestos de 
trabajo en la agricultura bajo el régimen de Soja RR-SD-Glifosato 
(Botta y Selis, 2003). 
 
 
De alguna manera la siembra directa repite la misma tasa de desempleo 
que ocurriera con la aparición de la robotización y la automatización 
a partir de los `80, también allí la tasa de desempleo era de 4 cada 
5 puestos de trabajo, lo cual generó la grave crisis social que aún 
aqueja a 2/3 partes de la humanidad provocando cifras de hambre, 
desnutrición y mortandad que habían sido superados luego de la 
Segunda Guerra Mundial. 
 
Esta situación ha sido reconocida por el subsecretario de política 
Agropecuaria de la nación, Claudio Sabsay quien aceptó en un 
reportaje que "por cada 500 has que se incorporan a la superficie 
sembrada con soja se agrega sólo un empleado" (De La torre, 2004). 
 
En un sentido este salto tecnológico puede compararse al enorme 
desarrollo producido por la ciencia y la técnica entre 1945 y 1975. 
Período donde la revolución científico-técnica actual comenzó su 
expansión. Sin embargo este período, "los 30 dorados", tiene los 
índices sociales más altos y benéficos de la historia conocida de la 
humanidad, ya que la los índices del hambre, de empleo, de mortandad, 
de desarrollo social, de distribución del ingreso, de longevidad, de 
salud, de educación de desaparición de enfermedades endémicas, etc., 
son los mejores de la historia. 
 
Es decir que en este caso el enorme salto tecnológico producido entre 
el mencionado período, no produjo desempleo sino todo lo contrario, 
es decir pleno empleo. ¿Por qué? 
 
Porque es en ese período cuando la jornada de trabajo soporta la 
mayor reducción de la historia: en 1939 cuando comienza la II Guerra 
Mundial la jornada de trabajo legal era cercana a las 12 horas 
diarias; a partir de 1945 cuando el nazismo fue derrotado y la 
bandera del Ejército Rojo flameó sobre el Reichstag, la jornada 
laboral legal disminuyó a 8 horas diarias, produciendo la mayor tasa 
de empleo y bienestar social de la historia conocida del capitalismo, 
dando origen a la etapa conocida como Estado de Bienestar. Es decir 
que la historia muestra que el avance técnico -en el sentido que la 
Siembra directa pueda serlo- no tiene porqué generar desempleo si se 
incluye el aumento del bienestar de la población como la primera 
condición económica a cumplir. Esto implica considerar en el 
planeamiento económico la introducción de mejoras en el proceso 
productivo, la distribución de los beneficios que la mejora introduce 
en el proceso del trabajo, incluyendo por supuesto la distribución 
del trabajo generado entre la población, a través de la reducción de 
la jornada de trabajo o la distribución de la tierra. 
 
Coincidentes con las cifras precedentes, los autores Botta y Selis 
señalan que los principales sectores sociales perjudicados por este 
proceso son el proletariado rural y los pequeños y medianos 
productores que tienden a desaparecer cediendo su tierra a los pools 
de siembra o a propietarios mayores. 
 
Advierten a su vez que la situación es de tal gravedad que el INTA 
Marcos Juárez -el mayor difusor de la Siembra directa- ha advertido 
recientemente que no son viables las producciones rurales menores a 
190 hectáreas (Botta y Selis, 2003). En Pergamino, Martínez y 
Dougnac, trabajando con los datos de los Censos Nacionales 
Agropecuarios de 1988 y 1999 muestran que la situación de 
concentración de la tierra que produce el sistema de Siembra directa- 
sojaRR-glifosato es de tal magnitud que la expulsión o disminución de 
productores sólo cesa cuando la extensión de los predios llega a las 
500 has (Botta y Selis, 2003). Esta situación nos remite a la grave 
concentración de la tierra a que hiciéramos referencia al principio y 
resumiremos en que 6900 propietarios son dueños del 49.6% de la 
superficie cultivable de la nación y si hasta los `80 la superficie 
promedio pampeana orillaba las 252 Has (el promedio nacional subía a 
421 Has), en la actualidad la misma ha crecido a las 538 Has. Aspecto 
que ilustra desde el panorama agropecuario a la política de 
revanchismo social y distribución regresiva de la Renta Nacional a la 
que hiciéramos referencia. 
 
Algunos efectos del monocultivo de soja RR sobre la salud de la 
población  
 
Si bien tiene también relación con los aspectos ecológicos, no 
podemos dejar de ubicar entre los efectos sociales de la expansión 
del monocultivo de soja RR la grave contaminación que está 
produciendo el excesivo uso de plaguicidas en dicho sistema y los 
efectos sobre la salud de la población que se manifiestan en 
alergias, cáncer y enfermedades autoinmunes, como ya se han reportado 
en Barrio Ituzaingó Anexo en Córdoba donde se han hallado restos de 
plaguicidas vinculados al monocultivo de soja RR -Endosulfán, 
Paraquat, Diquat- en tanques de agua y en las calles de tierra, 
habiéndose registrado ya más de 130 casos de cáncer y enfermedades 
similares en la población lindera a las fumigaciones. Casos similares 
se han reportado en Loma Sené, en Formosa, Pueblo Italiano, Río 
Ceballos, Saldán, Alto Alberdi, Jesús María y Colonia Caroya todos en 
Córdoba. 
 
 
En el mismo sentido es necesario señalar los efectos nocivos que 
puede arrojar el consumo de soja forrajera transgénica para la 
alimentación de la población carenciada, cuestión señalada como 
deseable por los grandes productores de soja, quienes en un gesto 
demagógico e irresponsable, ofrecieron regalar soja RR a los 
comedores populares, para mitigar el hambre de los millones de pobres 
que el propio monocultivo de soja está expandiendo por la nación. 
 
En su momento luego de felicitarlos el gobierno de Duhalde debió 
emitir un comunicado a través de la Secretaría de Salud de la Nación 
prohibiendo el uso de soja en la alimentación de niños menores de 
cinco años y para mujeres embarazadas, advirtiendo sobre los peligros 
de su uso masivo en la alimentación, ya que la soja forrajera 
transgénica no es apta para consumo humano. Por supuesto dicha 
comunicación fue apenas difundida cubriendo las espaldas del gobierno 
de entonces, que no quería malquistarse con el pool sojero el cual 
según señalan algunos "aporta 2700 millones de dólares para los 
planes sociales". Planes sociales que -justo es decirlo- son 
necesarios por el hambre y la desocupación que el propio modelo de 
exportación de commodities genera. 
 
Sin embargo dicho comunicado reconoció lo que va siendo un secreto a 
voces y es que la soja tanto transgénica como la común, no es apta 
para consumo humano en forma directa, pues puede afectar la salud en 
casos de ingestas abundantes y frecuentes como la pretendida para los 
comedores de los pobres: dos raciones diarias de soja como único 
alimento.  
 
En las poblaciones de Oriente de donde la soja es originaria, la 
misma no es consumida en forma directa, ni en forma frecuente como 
grano -sí como brotes de soja- sino que es fermentada y transformada 
en subproductos, siendo consumida pocas veces al año, ya que el 
principal destino del grano de soja en Oriente es la cría de cerdos, 
destino al cual sirve también el grueso de nuestra producción de 
soja.  
 
Entre otros aspectos de riesgo la soja posee un alto contenido de 
fitoestrógenos (isoflavonas), que si bien pueden ser beneficiosas 
para las mujeres de edad avanzada, pues disminuyen las posibilidades 
de cáncer y atenúan los efectos de la menopausia, no lo es para las 
mujeres jóvenes o para las niñas, ya que sus efectos son equivalentes 
al consumo de dos pastillas anticonceptivas diarias, lo que produce 
serias alteraciones en el desarrollo de la sexualidad de los jóvenes 
alimentados con `soja solidaria' adelantando el inicio de la 
menstruación y la diferenciación sexual en las niñas y alentando 
rasgos feminoides secundarios en algunos varones. Arriesgando la 
capacidad reproductiva de la población en el futuro. 
 
Algunos informes señalan que la soja afecta los metabolismos del 
Calcio y de la vitamina D, produciendo raquitismo en niños 
alimentados por ella, caída de dientes y pérdida de esmalte dental, 
así como osteoporosis en adultos. También produce deficiencia de Zinc 
(Boy, 2003). Investigadores de la Facultad de Odontología de la UBA 
informaron efectos producidos sobre niños con altos consumos de los 
jugos realizados en base a la llamada "leche de soja" que producían 
pérdida de piezas dentales, de esmalte y disminución de densidad 
dental vinculado a efectos sobre el metabolismo del Calcio (Sánchez y 
Fernández, 2002).  
 
Está claro que estos efectos de la soja como alimentos se ven 
agravados por el carácter transgénico de la soja producida en 
Argentina. Dado que al introducir material genético extraño a una 
especie no sólo se está modificando una característica deseada, como 
es en este caso la resistencia al herbicida glifosato, sino que se 
está alterando otro tipo de rasgos aún desconocidos que requieren 
largos ciclos de investigación y análisis, tiempos no coincidentes 
con el rápido deseo de ganancia o beneficio de las empresas privadas 
multinacionales, que producen y son dueñas de estas variedades 
transgénicas. Sí puede señalarse que la transgenia afectará de alguna 
manera la síntesis y química de las proteínas de los materiales GM y 
por ende afectará la salud de los consumidores en el presente o en el 
futuro. Principalmente en los aspectos vinculados con las afecciones 
producidas alrededor de la química de las proteínas: cáncer, 
alergias, enfermedades autoinmunes y algunos otros efectos que aun 
desconocemos. El Profesor de la UNAM Gian Carlo Delgado Ramos (2003) 
ha reportado numerosos casos de alergias y afecciones diversas al 
sistema inmunológico; informó que una soja RR de Pioneer provocó 27 
muertes y afectó de diversas maneras a 1500 personas en los EE.UU., 
debiendo ser retirada de la venta. Hay experiencias con papa GM que 
altera el sistema inmunológico en ratones y les retarda el 
crecimiento. También reportó que las toxinas Bt en sus formas 
Israelensis y kunstaky producen toxicidad en células humanas y citó 
un trabajo de Tabayali y Selis que encontraron que dichas toxinas 
producen irritación de piel, infecciones y debilitamiento del sistema 
inmunológico en humanos, en función de la cantidad consumida. 
 
La transgenia en sí es todo un problema, tal vez el mayor a largo 
plazo dado que la contaminación genética sobre el ecosistema es 
irreversible produciendo alteraciones endémicas. Al respecto ya se 
descubrió en México -centro de origen del Maíz- contaminación 
genética endémica irreversible de los maíces originales, denunciado 
en un estudio de la UNAM, el Instituto Politécnico y la Universidad 
de Berkeley, quienes descubrieron como contaminantes a las toxinas 
del maíz BT procedente de varias de las empresas que lo producen: De 
Aventis, Monsanto y Novartis, así como la proteína CP4-EPSPS 
resistente a Roud-up de Monsanto (Delgado Ramos, 2003). 
 
Si bien nos referiremos en particular, es de destacar para concluir 
que el investigador de la Agencia de Colaboración Técnica de Japón 
(JICA). K. Kobayashi, reportó que zonas de China sometidas al 
monocultivo de soja han resultado afectadas por una desertificación 
casi irrecuperable: "Hace cuatro años, visité los campos de cultivo 
de soja en el noreste de China. Recuerdo haberme horrorizado de las 
extensas tierras áridas, donde se veía claramente la desertización, 
como resultado del deterioro del suelo a causa del monocultivo. Esta 
situación obligó a China a tratar el tema a nivel nacional, y 
desarrollar un programa para frenar la expansión de los daños 
causados por el monocultivo de la soja" (Kobayashi, 2003). 
 
Si uniéramos algunos de estos problemas señalados -la desertificación 
del suelo, los efectos sobre la salud reproductiva y sobre la salud 
en general- podríamos preguntarnos qué política de largo plazo 
persiguen los promotores del modelo soja RR respecto de la población 
de nuestro país y otros pueblos del Tercer Mundo. 
 
En resúmen queremos señalar que las consecuencias sociales vinculadas 
a la expansión del monocultivo de soja RR con su sistema tecnológico 
asociado, está produciendo: una fuerte concentración de la tierra, 
una gran disminución del número de producciones agrarias, un aumento 
desmedido del desempleo rural, una mayor precarización laboral entre 
los trabajadores, un gran aumento de la miseria y la marginalidad 
social aun en las pequeñas ciudades rurales del interior. Una marcada 
expulsión de trabajadores rurales y de pequeños y medianos 
productores, el desarrollo de una agricultura sin agricultores, la 
apropiación por las compañías multinacionales de semillas y 
agroquímicos de la propiedad de la simiente, quitando un derecho 
ancestral al agricultor como lo es ser el dueño de la simiente que 
produce y siembra y graves amenazas para la salud de la población. En 
conclusión la propagación del monocultivo de soja transgénica 
forrajera, está expandiendo el hambre generalizado en la población y 
la pérdida de la soberanía alimentaria de la misma. 
 
Por último quiero advertir de la gravedad del problema que 
enfrentamos con la expansión descontrolada del modelo soja RR-Siembra 
Directa-Glifosato, que no sólo propaga un modelo agrario sin 
agricultores sino también una agricultura sin suelo vivo, por lo cual 
hacemos nuestras las palabras del economista agrario norteamericano 
Charles Benbrook, quien nos advierte: "la historia enseña que una 
excesiva insistencia en una única estrategia de control de malezas o 
de insectos fracasará en el largo plazo, en el aspecto de las 
respuestas ecológica y genética.(..) La Argentina enfrenta graves 
problemas agronómicos para los cuales no tiene ni los recursos ni los 
expertos para resolverlos. El país ha adoptado la tecnología de los 
OGM más rápidamente y más radicalmente que ningún otro país en el 
mundo. No tomó las debidas precauciones de manejo de la resistencia y 
de protección de la fertilidad de sus suelos. Basada en el extendido 
uso de la tecnología RR no creo que su agricultura sea sustentable 
por más que un par de años"(11) (Charles Benbrook citado por Sue 
Brandford, 2004) www.EcoPortal.net 
 
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de Santiago del Estero-7-6- 2004 
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(8) Juan José Hernández Arregui. `La Formación de la Conciencia 
Nacional'.1973 (9) IDEP, cifras de distribución del ingreso en la 
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(10) Julio Neffa CEIL-CONYCET- conferencia en 04-2000. Conferencia en 
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(11) Sue Brandford -New Scientist. Argentina: Cosecha Amarga-17-04-04. 
(12) Clarín Rural 12-03. 
(13) Alcira Argumedo Los Silencios y Las Voces en América Latina- 
Ediciones Colihue 1996. 
(14) Karl Marx, Obras Escogidas- Editorial Cartago Tomo X. 1974. 
(15) G. Botta y D. Selis- Diagnóstico sobre el impacto producido por 
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Recopilación. 2003 
(16) Raúl De La torre, reportaje a Caludio Sabsay, Cash, Página 12 - 
21-3-04 
(17) Adolfo Boy, mitos y verdades sobre la soja. Comunicación 2003 
(18) Gabriel Sánchez y Virginia Fernández de Preliasco, Cátedra de 
Odontología Integral Niños, Fac. Odontología UBA. Reportes varios en 
Revista Asoc. Argent. de Odont. para Niños Volº 31, Nº 1/4- 3-6-02. 
(19) Kiroku Kobayashi. Convenio JICA-INTA. Proyecto de Cooperación 
Técnica: El control Biológico de las Enfermedades de las plantas para 
el desarrollo de una agricultura sustentable. Comunicación 2003. 
20.- Gian Carlo Delgado Ramos UNAM -Autor de La Amenaza Biológica- 
Daños producidos por Transgénicos. Enfoques Alternativos 12-03 
21.- María Seoane- Todo o Nada- Ediciones Planeta- 1997 
22.- Martin Andersen - Dossier Secreto- Planeta 2000 
23.- Clarín, 8-1991 
 
 
SD: Siembra Directa 
GM: material genéticamente modificado 
OGM: Organismo genéticamente modificado 
JNG: Junta Nacional de Granos 
JNC: Junta Nacional de Carnes 
INV: Instituto Nacional de Vitivinicultura 
INA: Instituto Nacional del Algodón 
 
* Ingeniero Agrónomo -Genetista- Ex docente de la UBA. 
 
 
 
    http://es.groups.yahoo.com/group/Protejamoslaamazonia/ 
 
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