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Autora: Crina Frincu-Mallos Publicado em
23/06/2008
La Dra. Ioná
Zalcman Zimberg, PhD student, del departamento de
psicobiología de la Federal University of Sao Paulo, Brasil,
ha dirigido un estudio que demuestra que el consumo de
calorías, y especialmente el consumo de tentempiés nocturnos,
influye negativamente en los patrones de sueño de los adultos
sanos, y que ha presentado en SLEEP 2008: 22nd Annual Meeting
of the Associated Professional Sleep Societies, celebrado en
junio de 2008 en Baltimore, Maryland.
La investigadora
concluye que “se hallaron correlaciones positivas y
estadísticamente significativas entre el consumo total de
energía, el consumo nocturno de energía y los despertares
durante el sueño. De modo similar, el consumo total de energía
y el consumo de tentempiés nocturnos estaban correlacionados
de forma significativa con el índice apnea-hipopnea
[IAH]”.
Tomando esto en
conjunto con anteriores investigaciones que demostraban que la
distribución circadiana del consumo de alimentos era capaz de
alterar los patrones endocrinos y metabólicos durante el
sueño, los investigadores señalan que “el consumo de calorías
puede aumentar la fragmentación del sueño en individuos sanos,
lo que podría exacerbar los efectos de la falta de sueño sobre
el equilibrio nutricional y metabólico”.
La
alimentación influye en el sueño
La Dra. Zalcman
respondió en una entrevista concedida a Medscape Psychiatry
que “hemos tratado de objetivar cómo influye la alimentación
en el sueño”. Los investigadores seleccionaron a 52 individuos
sanos con edades comprendidas entre los 20 y los 45 años. Los
pacientes debían completar un esquema de 3 comidas diarias y
someterse a una polisomnografía. La Dra. Zalcman explicó que
el estudio polisomnográfico se realizaba para determinar los
patrones de sueño en este grupo de adultos sanos, siguiendo
los criterios de puntuación estándar internacionales de
Rechtschaffen y Kales.
Los resultados del
estudio indican que el consumo total de energía se
correlaciona significativamente con la fragmentación del sueño
(r=0,29; p<0,05) y con el IAH (r=0,40; p<0,05). Se
descubrió una tendencia similar entre el consumo de tentempiés
nocturnos y patrones de sueño, con una correlación
estadísticamente significativa con los despertares durante el
sueño (r=0,69; p<0,05) y con la puntuación en el IAH
(r=0,65; p<0,05).
La Dra. Zalcman
señaló que “cuando comes más, sobre todo por la noche, vas a
presentar más fragmentación del sueño y una puntuación más
elevada en el índice de apnea-hipopnea”.
¿Restauración del ritmo?
El Dr. Saul A.
Rothenberg, PhD, psicólogo del Centro de Trastornos del Sueño
del North Shore-Long Island Jewish Health System, en New Hyde
Park (Nueva York), miembro del American Board of Sleep
Medicine (enfermedades respiratorias, cuidados intensivos y
trastornos del sueño), y participante en la citada reunión,
comentó en una entrevista a Medscape Psychiatry que “solo
recientemente se ha comenzado a investigar de forma rigurosa y
científica el asunto de si la alimentación puede modular el
sueño y los ciclos circadianos”.
“Por eso, estudios
como éste son tan importantes”, añadió el Dr. Rothenberg.
“Pueden existir discrepancias con la metodología de la
investigación, pero la idea de que existe otro mecanismo para
fijar o restaurar los ritmos circadianos [relacionado con] la
disponibilidad o ausencia de alimento, es un tema muy
importante que amplía enormemente nuestro conocimiento sobre
la regulación de los ciclos circadianos”.
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