La experiencia con lo sagrado que tuvo el pueblo de Israel, nos muestra a un
Dios que se identificó siempre con la causa de un pueblo libre, próspero y en
paz, cuyo hilo conductor debía ser la justicia y el derecho, en alianza con Él.
No hizo alianza con el poderoso imperio egipcio sino que escuchó el clamor de
los esclavos y los condujo a la libertad, simbolizada en la figura de la tierra
prometida, una tierra que mana leche y miel. La tierra para el pueblo es algo muy
sagrado porque le pertenece a Dios; por tal motivo no se puede convertir en un
instrumento para dominar y someter a otros. Debe ser para habitarla, cuidarla y
cultivarla comunitariamente de manera que los frutos se recojan y sean
compartirlos con los demás para nadie pase necesidades.
Esta utopía se vivió en el pueblo de Israel durante el tiempo de los jueces,
hasta que, por una parte éstos últimos se corrompieron y por otra, algunas
personas empezaron a acumular tierras y a despojar a sus vecinos de las suyas
para pastar sus ganados. Entonces se impuso la monarquía y la lucha por el poder;
se debilitaron internamente y fueron presa fácil de las invasiones, las
deportaciones y las colonizaciones.
El sacerdote, es decir, el que ofrece el sacrificio, es un personaje central
en la estructura organizativa de cualquier religión. Todo el pueblo de Israel
debía ser sacerdotal, es decir, todos, cada uno de los miembros del pueblo
ofrecían sus vidas como sacrificio a Dios; su manera de vivir en justicia,
misericordia y santidad debía ser el principal sacrificio a Yahvé. Pero ese
pueblo que quiso ser reino de sacerdotes, nación santa y rebaño de Dios, en el
tiempo de Jesús estaba sumido en una profunda crisis en todo sentido.
El evangelio nos representa la situación del pueblo: extenuado y abandonado,
como ovejas que no tienen pastor. El empobrecimiento, la esclavitud, el
sometimiento y la persecución a muerte a todo tipo de resistencia o inconformismo
eran el pan de cada día.
Los líderes sociales, religiosos, políticos, ideológicos, intelectuales, etc.,
es decir los pastores de que debían conducir al rebaño por buenos pastos, en su
gran mayoría estaban amañados con el poder romano que les permitía tener ciertos
privilegios, sin importar la suerte de pueblo. Lo que abundaban eran los falsos
pastores que se comportaban como tiranos con sus mismos hermanos. Lo mismo
sucedió en los campos de concentración nazi, donde los judíos que el ejército
nombraba como capataces, eran más tiranos con sus paisanos que los mismos
nazistas. Lo mismo sucede en muchos de nuestros países donde muchos connacionales
hacen alianzas con extranjeros para tumbar el país. Basta dar una mirada a muchos
contratos en los que nuestros pueblos han terminado perdiendo y pagando los malos
negocios hechos por “nuestros líderes”, faltos pastores que mantienen su status a
expensas de la miseria de muchos, de todo el pueblo, especialmente de muchos
hermanos nuestros que viven cansados y agobiados, como ovejas sin pastor.
Jesús de Nazareth que perteneció al pueblo-pueblo, que experimentó la dura
realidad y vivió en carne propia lo que significó pasar aprietos y humillaciones,
no fue ajeno al dolor de la gente. Toda su vida fue movida por la compasión es
decir, por el dolor más profundo de su ser ante el dolor el dolor del otro.
Él no le jugó al paradigma del hombre próspero, exitoso y feliz, cuyo dios
confort no le permite sentir con el que sufre; ni fue un oportunista que
aprovechara el dolor de la gente para ganar popularidad prometiendo soluciones
mágicas. Su amor por la humanidad no fue un amor romántico sino un amor compasivo
que lo llevó a reaccionar ante la humanidad caída que sufría y penaba el duro
caminar hacia un rumbo desconocido.
Aunque conocía y sufría por dicha realidad espinosa, Jesús no fue un profeta
de la desgracia o un ave de mal agüero que anunciara la calamidad, la catástrofe
o el castigo de Dios por los pecados de la humanidad. Esa realidad dura que
producía dolor, la vio como una finca con abundante cosecha, pero con pocos
obreros comprometidos con la recolección. Como un buen judío con una religiosidad
profunda, Jesús entendió que el dueño de la tierra, de la vida, la mies era Dios,
así que había que pedir al dueño de la mies que enviara obreros a su mies.
Jesús no se sintió dueño de la mies, se sintió obrero, y llamó a doce
discípulos para ser también obreros como él, e invitó a orar a Dios, el dueño de
la mies, para que enviara más obreros a recogerla.
Doce es un número simbólico que representa la restauración del pueblo, el
proyecto utópico de las 12 tribus de Israel. Jesús retoma y continúa el proyecto
salvífico de Dios con el pueblo esclavizado en Egipto, al que condujo, como las
águilas levanta a sus pichones (Ex 19,2-6ª), a la tierra prometida. A
esos discípulos los envía (apóstol significa enviado), para curar y restaurar la
salud física, psicológica y espiritual, para devolver la esperanza y las ganas de
vivir a un pueblo sumido en la desesperanza.
El reduccionismo ritualista en el que muchas veces hemos caído los cristianos,
nos ha llevado a limitar esta invitación de Jesús a orar por la vocaciones
sacerdotes y misioneras para que prediquen y celebren misa. ¿Pensamos nosotros
que ser obreros de la mies es tarea sólo de los curas y de las monjas, o,
aceptamos la invitación de ser obreros de la mies?
Hoy, como ayer, hay personas que sólo buscan ser prósperos y exitosos para
tener una gran capacidad de consumo, según lo exigen los paradigmas actuales. Hoy
reina, como dice Jon Sobrino, “el individualismo como
forma suprema de ser, y el éxito como verificación última del sentido de la vida,
mientras la fraternidad, la compasión y el servicio son vistos como productos
culturales secundarios, tolerados, pero no promovidos”. ¿Busco solamente
alcanzar un éxito individual o me comprometo como discípulo a continuar con el
proyecto salvífico de Jesús, a darles la mano a aquellas personas que viven como
ovejas sin pastor, sin amor propio, sin sus derechos y sin un rumbo para sus
vidas?
Jesús llamó a los quiso y no precisamente a los más preparados, capaces,
audaces e inteligentes. A Simón, que en hebreo significa “el que escucha a
Dios”, de sobrenombre Pedro, es decir, piedra, por la terquedad en sus asuntos y
en sus ansias por un mesianismo triunfalista que lo sacara de pobre. A Andrés,
hermano de Simón y pescador como el anterior. A los hermanos Santiago y Juan,
hijos del viejo Zebedeo, denominados “boanerges”, es decir hijos del trueno, por
la forma violenta como reaccionaban muchas veces. (Cuando un pueblo de samaritano
no quisieron recibir a Jesús porque iba de paso para Jerusalén, estos persojes le
sugirieron a Jesús pedir que cayeran rayos del cielo para destruir este pueblo
(Lc 9,51-55) )
Mateo era recaudador de impuestos, es decir, colaboracionista con el poder
romano. Como veíamos hace ocho días, odiado y despreciado por todos, y
considerado social y religiosamente al mismo nivel que los ladrones, los
pecadores, los leprosos y las prostitutas. De Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás,
Santiago Alfeo, Tadeo, y Simón el fanático, sabemos casi nada. Judas, el último
de la lista es muy famoso por haber sido el traidor.
Hoy, como ayer, Jesús nos sigue invitando a ser obreros de la mies, hay mucho
por hacer, que nadie se quede por fuera, todos somos convocados, con los
distintos carismas, en distintas áreas, pero en últimas, todos para ser obreros
de la mies del Señor. ¿Quién da un paso al frente?
Nota: menos mal que Jesús aclaró: “lo que recibieron gratis denlo
gratis”. Que no resulte ahora algún vivaracho patentando el evangelio y adueñándose
de él. No lo digo por hablar, les muestro algunos ejemplos:
Genetic Technologies Ltd., de Australia, patentó nada menos que el ADN no
codificado de todos los seres vivos, incluyendo los humanos.
La empresa holandesa Soil & Crop Improvement, negoció una propiedad conjunta
de teff (milenaria gramínea parecida al trigo) con el gobierno de Etiopía y la
registró como propiedad intelectual suya.
Monsanto consiguió patentar en Europa una variedad de trigo tradicional de la
India. La inconcebible patente, contra la que luchan varias entidades, reconoce a
Monsanto derechos de autor sobre la harina, la masa y hasta las galletas
fabricadas con este peculiar y arcaico trigo.
Yang Menjung, industrial chino, registró como invento suyo un viejo producto
reducido a partículas diminutas. El avivato ha patentado 466 hierbas o mezclas de
la medicina tradicional de su país mediante el simple expediente de
pulverizarlas.
El gobierno de Estados Unidos, promueve la explotación comercial de la
biodiversidad aún en parques naturales y liderara la concesión de patentes de
seres vivos.
Y por último: El Instituto Mexicano de Propiedad Industrial, permitió que la
Virgen de Guadalupe se convirtiera en marca registrada. Durante diez años, las
imágenes de la patrona de México son derecho exclusivo de una compañía china.
(tomado de Daniel Samper, en El Tiempo, Junio 30 de 2004)
OJO: “lo que recibieron gratis denlo gratis”.
Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com
Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm
Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos
de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno. Sólo
tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.
www.scalando.com
La experiencia con lo sagrado que tuvo el pueblo de Israel, nos muestra a un
Dios que se identificó siempre con la causa de un pueblo libre, próspero y en
paz, cuyo hilo conductor debía ser la justicia y el derecho, en alianza con Él.
No hizo alianza con el poderoso imperio egipcio sino que escuchó el clamor de
los esclavos y los condujo a la libertad, simbolizada en la figura de la tierra
prometida, una tierra que mana leche y miel. La tierra para el pueblo es algo muy
sagrado porque le pertenece a Dios; por tal motivo no se puede convertir en un
instrumento para dominar y someter a otros. Debe ser para habitarla, cuidarla y
cultivarla comunitariamente de manera que los frutos se recojan y sean
compartirlos con los demás para nadie pase necesidades.
Esta utopía se vivió en el pueblo de Israel durante el tiempo de los jueces,
hasta que, por una parte éstos últimos se corrompieron y por otra, algunas
personas empezaron a acumular tierras y a despojar a sus vecinos de las suyas
para pastar sus ganados. Entonces se impuso la monarquía y la lucha por el poder;
se debilitaron internamente y fueron presa fácil de las invasiones, las
deportaciones y las colonizaciones.
El sacerdote, es decir, el que ofrece el sacrificio, es un personaje central
en la estructura organizativa de cualquier religión. Todo el pueblo de Israel
debía ser sacerdotal, es decir, todos, cada uno de los miembros del pueblo
ofrecían sus vidas como sacrificio a Dios; su manera de vivir en justicia,
misericordia y santidad debía ser el principal sacrificio a Yahvé. Pero ese
pueblo que quiso ser reino de sacerdotes, nación santa y rebaño de Dios, en el
tiempo de Jesús estaba sumido en una profunda crisis en todo sentido.
El evangelio nos representa la situación del pueblo: extenuado y abandonado,
como ovejas que no tienen pastor. El empobrecimiento, la esclavitud, el
sometimiento y la persecución a muerte a todo tipo de resistencia o inconformismo
eran el pan de cada día.
Los líderes sociales, religiosos, políticos, ideológicos, intelectuales, etc.,
es decir los pastores de que debían conducir al rebaño por buenos pastos, en su
gran mayoría estaban amañados con el poder romano que les permitía tener ciertos
privilegios, sin importar la suerte de pueblo. Lo que abundaban eran los falsos
pastores que se comportaban como tiranos con sus mismos hermanos. Lo mismo
sucedió en los campos de concentración nazi, donde los judíos que el ejército
nombraba como capataces, eran más tiranos con sus paisanos que los mismos
nazistas. Lo mismo sucede en muchos de nuestros países donde muchos connacionales
hacen alianzas con extranjeros para tumbar el país. Basta dar una mirada a muchos
contratos en los que nuestros pueblos han terminado perdiendo y pagando los malos
negocios hechos por “nuestros líderes”, faltos pastores que mantienen su status a
expensas de la miseria de muchos, de todo el pueblo, especialmente de muchos
hermanos nuestros que viven cansados y agobiados, como ovejas sin pastor.
Jesús de Nazareth que perteneció al pueblo-pueblo, que experimentó la dura
realidad y vivió en carne propia lo que significó pasar aprietos y humillaciones,
no fue ajeno al dolor de la gente. Toda su vida fue movida por la compasión es
decir, por el dolor más profundo de su ser ante el dolor el dolor del otro.
Él no le jugó al paradigma del hombre próspero, exitoso y feliz, cuyo dios
confort no le permite sentir con el que sufre; ni fue un oportunista que
aprovechara el dolor de la gente para ganar popularidad prometiendo soluciones
mágicas. Su amor por la humanidad no fue un amor romántico sino un amor compasivo
que lo llevó a reaccionar ante la humanidad caída que sufría y penaba el duro
caminar hacia un rumbo desconocido.
Aunque conocía y sufría por dicha realidad espinosa, Jesús no fue un profeta
de la desgracia o un ave de mal agüero que anunciara la calamidad, la catástrofe
o el castigo de Dios por los pecados de la humanidad. Esa realidad dura que
producía dolor, la vio como una finca con abundante cosecha, pero con pocos
obreros comprometidos con la recolección. Como un buen judío con una religiosidad
profunda, Jesús entendió que el dueño de la tierra, de la vida, la mies era Dios,
así que había que pedir al dueño de la mies que enviara obreros a su mies.
Jesús no se sintió dueño de la mies, se sintió obrero, y llamó a doce
discípulos para ser también obreros como él, e invitó a orar a Dios, el dueño de
la mies, para que enviara más obreros a recogerla.
Doce es un número simbólico que representa la restauración del pueblo, el
proyecto utópico de las 12 tribus de Israel. Jesús retoma y continúa el proyecto
salvífico de Dios con el pueblo esclavizado en Egipto, al que condujo, como las
águilas levanta a sus pichones (Ex 19,2-6ª), a la tierra prometida. A
esos discípulos los envía (apóstol significa enviado), para curar y restaurar la
salud física, psicológica y espiritual, para devolver la esperanza y las ganas de
vivir a un pueblo sumido en la desesperanza.
El reduccionismo ritualista en el que muchas veces hemos caído los cristianos,
nos ha llevado a limitar esta invitación de Jesús a orar por la vocaciones
sacerdotes y misioneras para que prediquen y celebren misa. ¿Pensamos nosotros
que ser obreros de la mies es tarea sólo de los curas y de las monjas, o,
aceptamos la invitación de ser obreros de la mies?
Hoy, como ayer, hay personas que sólo buscan ser prósperos y exitosos para
tener una gran capacidad de consumo, según lo exigen los paradigmas actuales. Hoy
reina, como dice Jon Sobrino, “el individualismo como
forma suprema de ser, y el éxito como verificación última del sentido de la vida,
mientras la fraternidad, la compasión y el servicio son vistos como productos
culturales secundarios, tolerados, pero no promovidos”. ¿Busco solamente
alcanzar un éxito individual o me comprometo como discípulo a continuar con el
proyecto salvífico de Jesús, a darles la mano a aquellas personas que viven como
ovejas sin pastor, sin amor propio, sin sus derechos y sin un rumbo para sus
vidas?
Jesús llamó a los quiso y no precisamente a los más preparados, capaces,
audaces e inteligentes. A Simón, que en hebreo significa “el que escucha a
Dios”, de sobrenombre Pedro, es decir, piedra, por la terquedad en sus asuntos y
en sus ansias por un mesianismo triunfalista que lo sacara de pobre. A Andrés,
hermano de Simón y pescador como el anterior. A los hermanos Santiago y Juan,
hijos del viejo Zebedeo, denominados “boanerges”, es decir hijos del trueno, por
la forma violenta como reaccionaban muchas veces. (Cuando un pueblo de samaritano
no quisieron recibir a Jesús porque iba de paso para Jerusalén, estos persojes le
sugirieron a Jesús pedir que cayeran rayos del cielo para destruir este pueblo
(Lc 9,51-55) )
Mateo era recaudador de impuestos, es decir, colaboracionista con el poder
romano. Como veíamos hace ocho días, odiado y despreciado por todos, y
considerado social y religiosamente al mismo nivel que los ladrones, los
pecadores, los leprosos y las prostitutas. De Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás,
Santiago Alfeo, Tadeo, y Simón el fanático, sabemos casi nada. Judas, el último
de la lista es muy famoso por haber sido el traidor.
Hoy, como ayer, Jesús nos sigue invitando a ser obreros de la mies, hay mucho
por hacer, que nadie se quede por fuera, todos somos convocados, con los
distintos carismas, en distintas áreas, pero en últimas, todos para ser obreros
de la mies del Señor. ¿Quién da un paso al frente?
Nota: menos mal que Jesús aclaró: “lo que recibieron gratis denlo
gratis”. Que no resulte ahora algún vivaracho patentando el evangelio y adueñándose
de él. No lo digo por hablar, les muestro algunos ejemplos:
Genetic Technologies Ltd., de Australia, patentó nada menos que el ADN no
codificado de todos los seres vivos, incluyendo los humanos.
La empresa holandesa Soil & Crop Improvement, negoció una propiedad conjunta
de teff (milenaria gramínea parecida al trigo) con el gobierno de Etiopía y la
registró como propiedad intelectual suya.
Monsanto consiguió patentar en Europa una variedad de trigo tradicional de la
India. La inconcebible patente, contra la que luchan varias entidades, reconoce a
Monsanto derechos de autor sobre la harina, la masa y hasta las galletas
fabricadas con este peculiar y arcaico trigo.
Yang Menjung, industrial chino, registró como invento suyo un viejo producto
reducido a partículas diminutas. El avivato ha patentado 466 hierbas o mezclas de
la medicina tradicional de su país mediante el simple expediente de
pulverizarlas.
El gobierno de Estados Unidos, promueve la explotación comercial de la
biodiversidad aún en parques naturales y liderara la concesión de patentes de
seres vivos.
Y por último: El Instituto Mexicano de Propiedad Industrial, permitió que la
Virgen de Guadalupe se convirtiera en marca registrada. Durante diez años, las
imágenes de la patrona de México son derecho exclusivo de una compañía china.
(tomado de Daniel Samper, en El Tiempo, Junio 30 de 2004)
OJO: “lo que recibieron gratis denlo gratis”.
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