QUINTO DOMINGO DE PASCUA - Ciclo B
La savia de la vid
10 de mayo del 2009
Monición de entrada:
Las fuentes de la palabra en este domingo nos hablan de comunión de vida con
Cristo y con los hermanos mediante la fe y el amor. Cristo es la Vid, es decir
el tronco, y nosotros las ramas. Unidos a Él por el Espíritu que nos dio,
produciremos fruto abundante si cumplimos el mandamiento de Dios: creer en Jesús
y amarnos unos a otros; como dio fruto el nuevo converso Pablo de Tarso una
vez injertado en la comunidad eclesial que animaba el Espíritu Santo. Unidos
con Cristo roguemos por una unión más profunda entre nosotros al empezar esta
Eucaristía. Pónganse de pie para recibir a los ministros de esta celebración
cantando con alegría.
Primera lectura: Hc 9, 26-31 (Les contó cómo había visto al Señor en el
camino)
En la primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, Lucas
nos relata que después de su conversión, San Pablo fue a Jerusalén para ponerse
en contacto con esa comunidad, Pablo es hermano en la fe y en el apostolado;
Bernabé sirve de intermediario. Pablo entró en relación con los dirigentes de
la Iglesia madre. Ellos le dieron una misión apostólica: predicar la Buena
Nueva a los paganos. Presten atención.
Segunda lectura: I Jn 3, 18-24 (Éste es su mandamiento: que creamos y nos
amemos)
Esta lectura es continuación de la primera carta de Juan, en ella el Apóstol
insiste en que construyamos la Iglesia con obras y no solamente con palabras.
La fe en Jesucristo y el amor fraterno es el gran criterio para saber si
estamos en comunión con Dios. Escuchen atentos este mensaje.
Tercera lectura: Jn 15, 1-8 (El que permanece en mí, ése da fruto
abundante)
En el Evangelio de hoy se afirma en parábola la necesidad de permanecer unido
a Jesús para dar fruto abundante: ¿Cómo permanecer en Cristo para dar fruto?
Cumpliendo los mandamientos de Jesús, especialmente el del amor fraterno. De
pie para entonar con mucha alegría el Aleluya.
Oración universal
1. Para que la Iglesia viva con plenitud el gozo pascual y lo
extienda con su testimonio a todos los seres humanos. Roguemos al Señor.
2. Para que el Papa, los obispos, los sacerdotes, los religiosos y
las religiosas tengan el Espíritu de Cristo y sepan transmitir con fidelidad el
mensaje renovador de su muerte y resurrección. Roguemos al Señor.
3. Para que los pobres, los enfermos y cuantos sufren encuentren en
nosotros la fortaleza que necesitan. Roguemos al Señor.
4. Para que todos los hombres y mujeres perciban los frutos del gozo
y la paz que Cristo nos comunicó por su resurrección. Roguemos al Señor.
5. Para que los aquí reunidos experimentemos en nuestras vidas la
fuerza de Cristo resucitado y llevemos, por el amor y el perdón, su alegre
noticia al mundo que nos rodea. Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993,
p. 287)
Te alabamos y te bendecimos, Dios de nuestros padres, porque
nuestra tierra ha dado su fruto y la mejor de las cosechas;
pues Cristo, tu Hijo, no sólo es la vid de la que somos parte,
sino que además su sangre es el vino nuevo de la pascua florida.
Somos tu viña, Señor, el pueblo que tú amas entrañablemente.
Gracias a Jesús podemos tener tu viña divina en nosotros
y producir fruto abundante, si permanecemos unidos a él.
Para eso, purifícanos a fondo con la poda de tu espíritu.
Dios Padre de bondad, concédenos creer y amar:
creer firmemente en ti y en tu Hijo y envidado, Jesucristo,
y amarte sin medida, amando a nuestros hermanos los hombres.
Amén.
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tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

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