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 | | Asunto: | Scalando Homilia para el IV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo C | | Fecha: | 28 de Enero, 2010 16:48:48 (+0100) | | Autor: | Scalando <dvasquezmorales @.....es>
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EN CAMINO
Tiempo Ordinario, ciclo “C”
IV Domingo
Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com
- 1ra lect.: Jr 1, 4-5.17-19
- Sal 70
- 2da lect.: 1Cor 12,31 - 13,13
- Evangelio: Lc 4,21-30
La supremacía del verdadero Amor
El cántico del amor lo ubicamos dentro de la disertación sobre la situación de
la Iglesia de Cortino, su
problemática interna y los carismas dentro de ella.
En el capítulo 11, Pablo hace un fuerte llamado de atención por las
eucaristías mal celebradas, no tanto porque no cumplieran las normas litúrgicas,
que en aquella época no existían, sino porque se quedaban en ritos vacíos que no
transformaban la vida personal y comunitaria de los participantes: “Mientras
unos pasan hambre, otros se emborrachan” (1Cor 11,21). Luego invita a celebrar
dignamente la eucaristía, compartiendo en igualdad y fraternidad.
En el capítulo 12 (texto que reflexionamos hace 15 días) está la discusión
acerca de la diversidad de carismas: profecía, predicación, servicio, etc. Pablo
invita a poner todos los carismas al servicio de la comunidad, para formar el
cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y vivir en armonía.
En cuanto al capítulo 13, vemos claramente que fue elaborado por un Pablo
maduro y lleno de Dios, quien, después de haber vivido mucho, descubrió lo
fundamental en la vida: el amor. Los antiguos identifica tres tipos de amor: Eros, Filía y Ágape. Aquí se habla no tanto del eros, que es un amor
más pasional y de atracción, ni del filía que es el amor de familia, sino del
amor ágape que es más fraternal, donativo y universal.
Primero menciona unos carismas que no son nada si falta el amor. Profecía,
predicación, servicio, conocimiento, etc., adquieren sentido en la medida en que
se hacen con amor y lo pierden si carecen de éste. Vale la pena que hoy
analicemos si hacemos las cosas con amor. Si nuestro trabajo, nuestro servicio y
nuestras relaciones interpersonales en general, están hechas con amor o hacemos
las cosas por costumbre o porque nos toca.
Luego enumera quince características del amor cristiano, siete planteadas de
forma positiva y ocho de forma negativa. Podríamos analizar cada característica y
compararla con nuestra manera de amar. Porque cuando hablamos de la supremacía
del amor, casi todos estamos de acuerdo en lo fundamental que es el amor para
realizar plenamente nuestra vida y ser felices. Pero a la hora de amar, muchas
veces confundimos amor con aquello que realmente no lo es. Hoy la palabra amor
está tan desprestigiada como la palabra democracia. Con la excusa del amor se
engaña, se manipula, se malcrían hijos, se arruinan vidas.
Cada característica mencionada por Pablo, podemos convertirla en pregunta. Por
ejemplo: El amor no es envidioso. ¿Hemos sentido envidia hacia las personas que
decimos amar? El amor no hace alardes ni se envanece. ¿Decimos amar a alguien
más por su carro y sus bolsillos que por su humanidad? ¿Nos hemos creído
superiores a las personas que amamos o hemos tratado de llamar su atención con
alguna extravagancia farandulera? El amor no actúa con bajeza. ¿Hemos actuado
con bajeza, con mentiras, con engaños, con malos deseos, con las personas que
decimos amar? Podemos hacer lo mismo con las demás características: no busca su
propio interés, no se irrita, no es rencoroso, no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad. Todo lo soporta, todo lo sufre; cree sin límites,
espera sin límites.
Por si acaso, quiero aclarar que cuando Pablo habla del amor que todo lo
soporta y todo lo sufre, no tiene en absoluto nada que ver con soportar a un
ogro que maltrata y hace sufrir a la persona que dice amar. “Por qué te quiero
te aporrio”, repiten algunos despistados. ¡No señor! Porque que te quiero te
respeto, te apoyo, te acompaño, te trato bien. Eso de maltratar a las personas
que decimos amar es un grave desorden psiquiátrico que necesita urgentemente un
tratamiento.
Cuando se habla de soportar y sufrir, se refiere a las pruebas que tiene la
vida, a las dificultades por las que pueden pasar las personas. Si realmente hay
amor tenemos que estar en los momentos alegres y también en los difíciles. Cuando
hay dinero hay muchos amigos. ¡Pero falsos amigos! La verdadera amistad soporta
la prueba.
Finalmente, se reafirma la eternidad del amor. ¡Todo pasará! Empezando por las
cosas superfluas: el lujo, la ostentación, los honores. Pasarán aún los carismas
valiosos: la profecía, la sabiduría, el conocimiento. Hasta la fe y la esperanza,
cuando estemos frente a Dios, no serán necesarias. Quedará únicamente el amor.
El verdadero profeta y el demagogo milagrero
Ante la inestabilidad política de los emperadores romanos más corruptos, sus
asesores aconsejaron la política del “pan y circo” (comida y diversión), para
tener contenta a la plebe. Con algo de pan y mucho circo, mucha distracción y
espectáculo, cuanto más alienante y degradante mejor; el pueblo se mantenía
tranquilo y los “nobles” podían seguir con su lujo insultante, mientras los
esclavos, quienes no tenían derechos, llevaban la peor parte. Como servidores,
como gladiadores, como guerreros o sencillamente, como carne para las fieras, con
el fin de divertir a los ciudadanos romanos.
Esa política logró calmar en parte los ánimos del pueblo romano, pero después
se convirtió en un arma en contra de ellos mismos, pues el pueblo lo único que
quería era pan y circo. El imperio se debilitó y se hizo presa fácil de los
pueblos vecinos, que en repetidas ocasiones lo invadieron. “Nuestros vicios son
la mejor arma de los bárbaros”, dijo después un ilustre asesor.
Un pueblo analfabeto o mediocremente formado, no se interesa más que por el
pan y el circo. Le da pereza analizar las propuestas serias y comprometerse con
procesos integrales, y es amante de líderes mediáticos, populistas y demagogos.
Cualquier parecido con nuestra realidad latinoamericana, no es pura coincidencia.
A nuestros pueblos también les gusta la política del “pan y circo”. Claro
que a nosotros en vez de pan nos dan pata… ¡Pero eso sí!, ¡circo, mucho circo!
Campeonatos de fútbol o de otro “deporte” durante todo el año. Fiestas y reinados
de lo que usted quiera.
Los noticieros de televisión ahora están llenos de colas y bolas (farándula y
deportes). No pueden faltar unas presentadoras tan lindas como huecas a quienes
se les llena la boca de babas cuando dicen que son “periodistas de la farándula.”
Para completar, algunas iglesias han caído en la tentación del espectáculo
milagrero y del cura o pastor farandulero. ¡Mejor dicho! ¡Que
viva el circo, la mediocridad y el engaño!
Hoy continuamos con el texto evangélico de hace ocho días, en el cual Jesús
presenta su proyecto de vida a sus paisanos en la sinagoga de Nazareth. Cuando
terminó la lectura programática del profeta Isaías y dijo que esa lectura se
cumplía (en él), todos aprobaban y se admiraban de las palabras que salían de
sus labios.
Sus paisanos esperaban algún signo milagroso, que demostrara gran poder para
darle su apoyo. Pero se encontraron con un hombre que no gustaba del espectáculo
milagrero. Con un profeta cuyo proyecto pedía compromiso, trabajo y esfuerzo por
parte de todos. Ellos querían un milagro, Jesús les pidió trabajar con él. Ellos
querían las cosas rápidas, su propuesta necesitaba la paciencia del labrador que
hace su trabajo y espera que el tiempo haga crecer y producir la semilla. Lástima
que ese tipo de propuestas no sean, por lo general, bien recibidas.
Los verdaderos profetas son muchas veces despreciados. Porque el verdadero
profeta no se deja acaparar ni presionar para satisfacer a un auditorio
interesado sólo en el espectáculo o en intereses individuales, aunque sean los de
su propia familia o pueblo. ¡Y Jesús no cedió! Se mantuvo siempre fiel a sus
convicciones; prefirió el desprecio de la gente, a engañarla con algún “signo
milagroso”. Fue entonces cuando lo vieron con otros ojos y pasó a ser el pobre
vecino, el hijo de José, que todos conocían y no era mayor cosa, pues era como
ellos.
Una mezcla de baja autoestima, envidia, ignorancia y pesimismo colectivos,
trajo como resultado un veneno mortal que por poco mata a Jesús antes de cumplir
su misión en este mundo. Muchas veces los evangelios lo presentan en
confrontación con las autoridades. En este texto el enfrentamiento fue con el
pueblo, con la gente que lo vio crecer. Con los pobres que no comprendieron su
propuesta y menospreciaron sus propios brazos para trabajar y cambiar el rumbo de
la historia. Tuvieron miedo al cambio y prefirieron lo malo conocido que bueno
por conocer.
Cuando un orador alaba un país o un territorio por sus múltiples virtudes,
por su gente y por los paisajes ensoñadores en donde viven; por su gloriosa
historia, sus héroes y sus valientes luchadores, se gana los aplausos del
respetable público y posiblemente su apoyo. Pero cuando un orador se atreve a
hacer una crítica a su auditorio, cuando hace memoria de sus errores en el pasado
y del poco aprecio por los profetas, entonces con mucha frecuencia el orador es
rechiflado.
A todos nos gusta que nos alaben y nos molesta que nos critiquen. Pero es
necesario recibir con humildad tanto las alabanzas por nuestros aciertos, como
las críticas por nuestros desaciertos. Es necesario reconocer el trabajo de la
gente, valorarlo y estimularlo, y hacer una crítica seria y constructiva, cuando
sea necesario, aunque no nos miren bien.
Nadie es profeta en su tierra, les dijo Jesús, y les recordó las historias de
Elías y Eliseo, profetas despreciados en su tierra que ejercieron su ministerio
con los extranjeros.
El pueblo no aguantó la crítica. Prefirieron arremeter contra aquel que
amorosamente la hacía buscando el bienestar de todos, que cambiar sus mediocres e
inestables conductas. La cosa se fue al extremo. Unos minutos antes mostraban su
admiración y aprobación por lo que decía, ávidos de milagros y signos prodigiosos
que solucionaran sus problemas, por arte de magia. Luego, llenos de rabia y de
frustración, quisieron matarlo. Al final de su vida, los mismos que gritaron, “viva el rey de los judíos”, unos días después gritaron: “¡crucifícale, crucifícale!”. Pero esta vez, Jesús se abrió camino
y se alejó, para anunciar su evangelio en otra parte, pues el profeta es libre y
no se debe a la presión de la gente sino a la Palabra de Dios y a su fuerza
liberadora.
Mirémonos a nosotros mismos como pueblo. ¿Nos molesta la crítica? ¿Qué
líderes nos gustan? ¿Qué esperamos de Jesús? ¿Será que con nuestra manera de ser
hemos hecho alejar a Jesús? o, ¿realmente lo acogemos con gozo en nuestro corazón
y estamos dispuestos a trabajar con él?
Oración
Padre Dios, origen y meta de nuestra vida, fuente de alegría, de amor y de
salvación. Te damos gracias por todos los dones que cada día recibimos de ti a
manos llenas. Así como ayer llamaste a Jeremías y lo enviaste a profetizar en el
tiempo del Rey Josías, hoy nos sentimos llamados y enviados por ti a trabajar en
nuestro mundo concreto, en el hoy de nuestra historia. Ayúdanos a tomar
conciencia de nuestro propio contexto vital, para describir cuál es nuestra la
misión como seguidores de tu Hijo Jesús.
Gracias padre bueno por este maravilloso llamado y por las fuerzas que nos
das para cumplir bien la misión que nos das. Ayúdanos sobre todo a amar como tú
nos amas, a hacerlo todo con amor sincero, a crear en nuestras familias y
comunidades un ambiente comunión, de fraternidad, de amistad y de solidaridad.
Ayúdanos a superar el egoísmo, odio, la avaricia, los miedos y todo aquello que
nos impide amar. Haz de nosotros personas comprometidas con tu causa, valientes
anunciadores de la Buena Nueva de la Salvación, profetas que denuncian y
anuncian conducidos por la fuerza de tu Espíritu.
Padre bueno, que también en nosotros se realicen tus maravillas. Ayúdanos a
experimentar que hoy también se cumple en nosotros esta escritura. Que también
nosotros nos comprometemos, como Jesús, en continuar tu obra salvadora.
Padre amoroso, en el continuo trasegar de nuestra vida, con la firme compañía
de Jesús y la fuerza del Espíritu Santo, nos disponemos a seguir fielmente la
ruta trazada de la salvación, porque contigo nos encaminamos irreversiblemente a
la plenitud de nuestra vida en el amor. Amén.
Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com
Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos
de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno. Sólo
tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.
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