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De: Presidencia de la CLAR
Para: Las/os Presidentas/es de las Conferencias Nacionales y todas/os
las/os Religiosas/os de América Latina y El Caribe
Hermanas y Hermanos:
Les compartimos una lectura de la actual problemática de Haití, no técnica
sino solidaria, hecha con los lentes del Horizonte Inspirador que aprobó la
última Asamblea General de la CLAR para el trienio 2009-2012, con el deseo de
sugerir perspectivas a la respuesta que se ha suscitado en el mundo y en la
Iglesia.
1. La magnitud de la catástrofe se ha ido precisando con datos
relativamente cercanos a la realidad: 150.000 muertos, 200.000 heridos, un millón
de haitianos sin hogar, tres millones de damnificados, además de la capital
muchos pueblos y 5 ciudades afectadas hasta un 90% (Leogan, Petir Goave,
Gressier, Carrefour, Jacmel); más de 100 representantes de la Iglesia se han ido
a “la misión del cielo”, comenzando por el Arzobispo, Mons. Joseph Serge-Miot, y
la Dra. Zilda Arns Neumann, entre sacerdotes, religiosas/os, laicas/os
comprometidas/os, seminaristas; los solos salesianos perdieron, sepultados bajo
los escombros del Colegio Don Bosco, por lo menos a 200 de sus alumnos.
2. Poco a poco se ha ido pasando del caos generalizado a caminos de
recuperación: el refuncionamiento del aeropuerto y del puerto marítimo de Puerto
Príncipe; la reapertura de los bancos, los supermercados, las estaciones de
servicio; la redistribución del gas…Por otra parte, este terremoto que “sacudió
al mundo entero” ha generado una reacción extraordinaria con voluntarios, grandes
sumas de dinero, miles y miles de toneladas de alimentos, agua, vestido,
medicina… y la conciencia generalizada de que hay que reconstruir a la nación. Ya
se calcula que la superación de la crisis y la recuperación del país necesitan
entre 5 y 10 años. En este contexto cabe una pregunta trascendental, ¿hasta
cuándo va a durar esta globalización de la solidaridad?, que se justifica en la
fugacidad de otras reacciones, en parecidas circunstancias e incluso en la misma
isla y en la deuda social que tiene el mundo entero con este pueblo.
3. Cualquier tipo de respuesta ha de presuponer que el cataclismo de Haití
había comenzado mucho antes, aún más, ha caracterizado toda su historia, en una
situación alimentada por la pobreza, la injusticia, la corrupción, la explotación
y la inestabilidad política: el casi 80% de sus 9 millones de habitantes vivía en
absoluta pobreza, con sólo 2 dólares diarios para el sustento, todavía más, hasta
el 56% con sólo 1 dólar; debía importar más del 50% de sus productos
alimenticios, hasta ¾ partes de la población no disfrutaba de agua potable,
contaba con un promedio de vida de 52 años promedio pues solo el 33.33% tenía
acceso al sistema de salud, el nivel de analfabetismo se acercaba al 50%, la tasa
del desempleo había llegado al 70% de la fuerza laboral; mientras que la
población negra, 95%, seguía despeñándose hacia el empobrecimiento, sólo el 1% de
mulatos francófonos y caucásicos, 5%, era el dueño de más de la mitad de las
riquezas. No obstante el honor histórico de haber sido la segunda nación del
continente en declarar su independencia, 1804, es hoy la más pobre, la más
afectada por el VIH/ Sida, con la mortalidad infantil más alta, la más elevada
tasa de peligro en los alumbramientos y quizás la más deforestada: sólo el 1.7%
de los bosques sobrevive. Este medio ambiente degradado y su ubicación en zonas
tropicales la hacen presa fácil de los desastres naturales: éstos dejaron entre
2001 y 2007 más de 18.000 muertos, 132.000 haitianos sin vivienda y 6.4 millones
afectados; el sólo huracán del 2008, que duró 3 semanas, dejó 800 muertos, 700
desaparecidos, cerca de 1 millón de damnificados, 165.000 familias sin casas y la
pérdida del 60% de las cosechas. La deuda externa había ascendido a 1.200
millones de dólares. No obstante, en 2008 la inflación disminuyó de un 40 a un
10% y el PIB aumentó en un 4%, cifras que también borró el sismo.
4. Pero la verdadera hecatombe se ha dado en su túnel político: dos
ocupaciones norteamericanas (1915-1934, 1994-1995), dos dictaduras
Duvalier(1957-1971, 1971-1986), dos golpes y gobiernos militares (1986-1990,
2004-2005), dos abortos democráticos del sacerdote Jean Bertrand Aristide
(1990-1994, 2000-2004), dos elecciones del actual presidente, René García Préval
(1995, 2006). Este carrusel ha sido caldo de cultivo para la dominación
extranjera, la violencia, la pasividad ciudadana y hasta el narcotráfico. Sombrío
panorama que de alguna manera ha afectado a la República Dominicana, a donde en
años recientes llegaron más de un millón de haitianos indocumentados. Este pueblo
corajudo, solidario, generoso, inteligente, alegre tiene un proverbio que pinta
la actual situación: “deye monn gen monn”, montañas más allá de las montañas!
5. El Secretario General de la ONU y el Papa Benedicto XVI han insistido en
“una solución duradera”, y en “una respuesta solidaria e institucional”,
posibilitando que el acontecimiento de Haití se convierta en una gracia de Dios,
en un kairós ¿Cómo lograrlo en “este país de cultura rica, economía pobre y
política frágil”?
- Con un sentido de pertenencia al mundo en que vivimos y a la fe que
profesamos, porque la sostenibilidad de la respuesta depende de la vinculación a
las instituciones a las que estamos ligados, para asegurar que ellas sean canales
efectivos de solidaridad y que ésta beneficie efectivamente a los pobres.
- Con la categoría salvífica, decantada por la CLAR durante los últimos
trienios, de lo “inter”, es decir, la inter-relacionalidad, para asegurar la
presencia de las diversas fuerzas y sus propias posibilidades de acción. La
inter-disciplinariedad y la inter-responsabilidad de los gobiernos que tendrán
que preocuparse por la recopilación y la honesta administración de los recursos
económicos, y de la Iglesia que deberá dedicarse a la recuperación del tejido
social que colapsó hace 15 días; la inter-culturalidad afanosa de los pueblos
que acuden, pero respetuosa de la raza haitiana, incluso en relación con el
vudú, que la caracteriza y que no siempre riñe con la propuesta evangélica; la
inter-congregacionalidad de la Vida Consagrada, para compartir recursos sobre
todo humanos, institucionales y carismáticos, a favor de una presencia que ya es
histórica pero que ahora se debe abrir a nuevos horizontes.
- Con el mismo recorrido del Maestro desde su encuentro con la
siro-fenicia hasta su transfiguración, porque proporciona un punto de partida en
esta situación límite, y un punto de llegada en la pascua como entrega de la vida
para ganarla. En este contexto la escucha se convierte en reacción a la Palabra,
el discernimiento en respuesta a este signo de los tiempos, la compasión en
caridad afectiva y efectiva, la revitalización en formación a todos los niveles y
la transfiguración en un ideal, anticipo del “ya pero todavía no” de nuestro
proyecto salvífico.
- Con planes de acción que integren recursos humanos, apoyos
financieros, soluciones creativas, protagonismo de los haitianos, formación de
comunidades, escucha de la Palabra de Dios… y que garanticen el rompimiento del
círculo de la miseria por medio de la alimentación, la educación, la salud, el
trabajo…
El compromiso con Haití debe abrirse hacia un nuevo amanecer nacional y
eclesial, pero sin dejar de dar respuesta a sus actuales clamores, “con el afán
de quien tiene que ir a apagar un incendio”. Las/os religiosas de América Latina
y El Caribe están dando una respuesta ejemplar, las conferencias nacionales han
creado sus propios mecanismos de apoyo, la CONDOR se ha constituido en un puente
directo de inmediata canalización, la CHR se va recuperando y la CLAR se mantiene
dispuesta a animar y a apoyar esta compasiva cercanía. Cae de su peso el espacio
que tendremos que darle en la ya cercana Junta Directiva de marzo.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Patrona de Haití, fortalezca a ese pueblo
y a la Vida Consagrada de esa Iglesia, e ilumine y sostenga nuestra respuesta.
Presidencia de la CLAR
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